martes

Zodíaco

"Pareciera que Piscis acepta la desgracia como si hubieran nacido predestinados a ella, es más, no la rechazan, le dan como una especie de "bienvenida". Tan cambiantes como las mareas del océano, así son las motivaciones de Piscis, tan imposibles de comprender. Piscis tiene la gran sensibilidad de captar todas esas corrientes subterráneas que se esconden tras la máscara del comportamiento humano común. Piscis es la romántica incurable del zodiaco  Muchos se defienden y tratan de esconder esta tendencia natural, pero usted nació y morirá romántica. Y por romance no toma lo que se dice "aventuras pasajeras". Usted anhela la magia, y se aburre más rápido que cualquier otro signo. Tiene aguante, pero no paciencia. Si algo le interesa puede pasarlo muy mal pero acaba consiguiéndolo, aunque pierda los nervios. A pesar de ser frío en ocasiones y tener un carácter que asusta a cualquiera, en el fondo y con quien quiere es puro amor. En ocasiones, le encantaría ser más estable, más tranquilo, pero no, tiene temperamento fuerte y no puede callarse con nadie. Es el signo que mejor comprende a los demás o al menos el que se pone en la situación del otro más fácilmente. Espera lo mismo. Difícil de descubrir."

Son las 4 de la mañana y ya no sé como hacer para entenderme, ¿se nota?

lunes

Colorinda

Me enamoré de esa sutileza con que acomodaba su cabello, tomándolo entre los finos dedos y enroscándolo toscamente en toda la mano. Al alzarse la luna, desempolvaba una sonrisa que había estado oculta todo el día y me la dedicaba junto a una mirada de sus ojos color miel. Se acercaba salticando como una niña y se colgaba de mis brazos que se volvían endebles al tacto. Me pasaba una mano por el cuello haciéndome estremecer, y con dulzura mojaba mis labios con un beso cálido y transparente. Sincronizaba su risa a mi respirar porque decía que mis pulmones se inflaban de manera graciosa. Caminaban sus dedos por mi pecho, semejando gotas de agua recorriéndome en un día de calor. Asperjaba al ambiente con su color y su aroma, por eso siempre la comparé con una flor. Y eternamente creeré que eso es. Comenzó siendo un capullo vulnerable moviéndose en el viento de mi otoño. La sacudía como a una pluma y ella se dejaba manejar, esperando florecer en mi. Entonces el tiempo se encargó de traer la primavera a nuestras vidas y conocí todos sus pétalos, pigmentados de tintes brillantes  que relucían como ella. Pero también, como todas las flores, las épocas pasaron y naturalmente se marchitó. Sus palabras comenzaron a hacerse más lentas y breves. Sus suspiros, en cambio, largos y pronunciados. Cortó su precioso cabello y dejó de moverlo con soltura como solía hacer. Cambió sus saltos por un arrastre inerte de los pies y reemplazó mi cuello, al que tanto gustaba de acariciar, por un cigarro barato que parecía consumirla más a ella de lo que ella consumía de él. La flaca enflaqueció todavía más. Todos sus huesos se acentuaron y parecían querer escapar de su cuerpo, cada vez más pequeño y asustadizo. Sus finos dedos ahora simulaban cabos mal atados. Me pregunté en reiteradas oportunidades si mi invierno no sería muy cruel para tan indefensa flor. Mi magnífica rosa no era ya si no una desteñida magnolia pudriéndose en el jardín del ensueño. Echándome la culpa de todo, desganada y putrefacta, la flor se me fue. Fue absordiba por el pasto de otros jardines en donde quizás sabrían cuidar de ella mejor que yo. Recuerdo el último roce de su boca contra la mía. Su entonces blanquecino hocico se acercó temeroso y brutal a la vez, arrastrándome con furia y vehemencia a la pasión de un último beso que deje una huella imborrable en mi. Y debo decir que lo consiguió; recuperó momentáneamente todos sus matices sólo para asegurarse la vida en mi recuerdo, pintarrajeando mi alma con sus colores, los que aún no me consigo quitar.

sábado

Viernes 3 a.m (parafraseando)



    Pasa lento y suspicaz por delante de mis narices. Calmo como suele ser, se tambalea al compás de una música inaudible que vibra en sus oídos. Yo me quedo admirando su impertinencia, esa que siempre me sacude con la ira de un rock pesado bailando sobre mi piel. Me acerco lo suficiente para ver sus facciones y sus ojos me ignoran dulcemente. Con recelo camina de un lado a otro, manteniendo esa despreocupación innata. Pasea y lo siento no notarme, porque un frío me hiela la sangre como tantas veces antes lo hizo.
    La temperatura indecisa aplaca el oxígeno que podría respirar. Se entrecorta la respiración y las pupilas se dilatan. Abro los ojos, cierro los ojos, caigo y los vuelvo a abrir. Cierro los ojos, te miro y caigo profundo en la distancia. Me alejo y admiro tu ausencia insolente. Tanta gente en derredor y ni una cara familiar. Extrañeza y simpatía simultáneas. Corriendo me buscas, trastabillando. Y entonces abro los ojos otra vez.
    La inmensidad se propaga frente a mi y no atino si no a dar manotazos de ahogada, sordos y estufactos, buscando salvarme del vacío inminente que se alza majestuoso por encima de la realidad escasa y abrumadora. Una vida que no me deja ver, y entonces cierro los ojos y vuelo alto por las cumbres de una piel rasa, exquisita, colmada de altibajos en los que juego como una niña que conoce al mundo por primera vez, apretando los párpados fuerte.
    Lo veo arrugar la frente y sonreír, y una mueca piadosa se escurre entre sus zapatos elegantes y su traje mal planchado. Acomodo una corbata invisible mientras la mano más robusta del planeta se ciñe contra mi cintura y los escalofríos me circundan. El aire se tiñe de un rosa furioso e irritante que colorea todo lo gris.
    La mira con ternura, la mira y yo los veo. Juguetea contra la matiz pálida, corriendo como yo también corría. Una pista mucho más interesante por transitar los espera mientras mis caminos se han achacado por la corrosión de las manos traslúcidas que me recorrieron. Empolvaron todos mis senderos, y yo los miro. El cielo es naranja ahora que ya no estoy bajo el. La luna se encarama sobre las aguas negras y el ruido del silencio aturde más de lo imaginado. Pero ya no estoy bajo el. Los admiro desde lo imposible, envidiando la simpleza de una risa sincronizada, de un cruce de miradas perdidas que ahora se encuentran una a la otra, esquivándose con vergüenza. Unos brazos que me sueltan para tomar a alguien más, mientras el cielo azafranado se camufla en el mañana, y yo no estoy en el. 

miércoles

Notar

Quiero caer tan profundo dentro de mi misma que mis huesos colisionen y se quiebren del golpe contra el fondo. Quiero estar en aquel lugar de mi que necesito alcanzar para dejar de quererte y empezar a quererme, para que entonces vos me quieras y el ciclo se repita. Porque solo habrás de quererme en esa breve transición, cuando a vos ya no te quiero y aún tampoco a mi. Ha de ser un arduo proceso por unos pocos instantes de aprehensión, pero la mente ya no distingue qué vale la pena y qué no, por eso anhelo así que ocurra. Caerme, para que me notes en el piso y poder rechazarte cuando te acerques a ayudarme, mientras me desempolvo las rodillas y consigo darme cuenta de que pude ponerme en pie sola. No le temo al dolor de chocar contra la superficie firme al final de la caída, porque sé que es el precio que tengo que pagar por eso que necesito conseguir antes de darme a mi misma todo el cariño que desperdicio en los demás. Yo te quiero, vos te querés. Yo no me quiero, vos no me querés. Algo tiene que cambiar.

¿Hasta dónde tengo que llegar para que se dé ese punto de inflexión insosteniblemente necesario?

¿Hasta dónde llegaré?

martes

Antídoto

¿Qué es la felicidad? Es una nube negra que se poza sobre mi cabeza y no me deja ver. Por ese mismo motivo me la paso ahuyentándola torpemente con las manos. No es para mi, ciertamente. Esclaviza a las emociones y las vuelve sumisas a algo indescifrable, por eso no la quiero en mi vida. La felicidad es mala, turba a la razón y nos desorienta. Yo me encargo dedicadamente de alejarla de mi lo más que pueda cuando se presenta (no la felicidad en sí, si no una breve y jovial alegría color amarillo fuerte). La sonrisa en el rostro ya cuenta los minutos para desvanecerse, la metodología para conseguir ese objetivo nunca falla. Tardé en descubrir que forma era la más eficiente para librarme de ese calvario pero agradezco poder decir que hoy en día tengo un método muy efectivo con poco margen de error. Hasta ahora ninguna 'felicidad' ha podido más que él. Muchos, en tanto, me han dicho que la felicidad es buena, pero bastaron sus intentos en explicarme este concepto al notar mi cara de incomprensión, ¿qué mundo es aquel en el cual la felicidad hace bien y la gente se permite disfrutarla? Los compadezco. Sonreír entumece a los cachetes, pensar en alguien abate a la mente, y no quiero ni imaginar el gasto físico que implica ser feliz todo el tiempo. Yo no me permito ser así. Estar sencillamente postrada es mucho más fácil y reconfortante.
Reconozco cierto orgullo narcisista de mi parte al demostrar la utilidad de mi método para desvanecer la felicidad, pero es que al sentir a mi corazón inflarse de emoción y jolgorio y consecuentemente desvanecerse en el olvido, la negatividad y el dolor nuevamente me es inevitable sentir un profundo afecto por este, el mismo que yo inventé y que me aplico a diario. Bendito antídoto contra lo desconocido, no he sabido más de aquellos quienes decían ser felices y temo por su destino. Se ha vuelto parte de mi día a día, ser mi propia heroína, salvándome de ser feliz.

jueves

Sinceridad, nada literario.


A vos no te molesta no escuchar, y yo no tengo derecho a enojarme al respecto. Históricamente fui una persona cerrada, siempre lo busqué. Supongo que de tanto decir "no pasa nada" la gente se termina cansando de preguntar, pero confieso que la costumbre a que siempre insistan un poco más me desconcertó en tu caso. Admito que siempre me negué tercamente a contar cualquier problema que me acongojase, pero también paralelamente me invadía una desilusión infantil al notar el desinterés en los mismos. Un sentir tan ambiguo y contradictorio que incluso a mi me molesta ser así, ¿qué puedo reclamar? Si yo me lo busqué. Es lógico que no todos somos iguales y que no puedo pretender que todos sean como yo, por irónico que eso suene, pero siendo franca no esperaba que una reacción (o la falta de la misma) me generara tanto. 
Me encuentro permanentemente expectante a una pregunta crucial que desate la catarata de palabras que quiero decir hace mucho, pero aquella no se presenta y de hacerlo estoy segura que la esquivaría con sutileza, como suelo hacer. Entonces, ¿de qué me quejo? ¿por qué me quejo?

Anhelado vacío

Qué vacío más peculiar. Es un vacío que llena. Llena incansablemente al organismo. Lo llena incluso tanto, que la saciedad perturba de una manera espectacular. Todo aquello que obstaculiza al impetuoso vacío acongoja a los sentidos. Dicen que cuando una persona está vacía se siente mal, se ve decaída, incluso se deprime o se violenta  Eso mismo me ocurre a mi cuando me siento llena, estar completa me enoja, me desalienta, me pone en un estadio de hiperactividad tal que todo a mi alrededor se vuelve negativo, y todas mis acciones se realizan con un solo fin. Aveces, lo admito, el vacío me duele, pero es un dolor tan pleno y puro que hasta lastimándome este vacío me ayuda. El estómago se retuerce, la garganta se cierra, los huesos se achican y la piel se agranda; los ojos se humedecen, los músculos pican, la ira sobra. Todo es parte de lo mismo, todo es consecuencia de un llenado incongruente que desencaja en el vacío tan satisfactor. La necesidad de llenarse porque sí carcome a la conciencia por períodos de tiempo que se hacen infinitos.
No, no me gusta estar vacía en cualquier sentido. Lo estoy en muchos, sin embargo. Lo lamentable de la historia es que exactamente aquel vacío que me llena, que me completa y me baña en plenitud, aquel es el que más me cuesta conseguir.

lunes

La resistencia (indecisión)

No quiero ceder ante las miserias de una sociedad gastada que busca que todos seamos iguales, haciendo las mismas estupideces y matándonos de las mismas formas. Pero soy débil y en este punto hasta dudo de mi capacidad de mantener las promesas que me hago a mi misma, que a fin de cuentas son las únicas que importan. Empezás de a poco, vas dejándote ganar por la presión de las miles de caras que te miran aclamando más. Una vez no hace nada. Dos tampoco. Cinco, seis, diez, veinte. Más de lo mismo. Me están ganando y cuando me dé cuenta ya va a ser tarde. Es que aveces es todo gris y solitario, y entonces ahí uno busca una luz, una salida, cualquiera, la primera que aparezca, no importa a donde dé. Es como cuando corrés muchísimo; llega un punto en que, por mayor necesidad que tengas de seguir corriendo, vas a parar, no importa donde. Y así me encuentro yo, terminando en lugares inhóspitos por la simple necesidad de salir de la oscuridad en la que estoy sumida. Dicen que empieza uno buscando control sobre algo, y al no encontrarlo en el entorno cercano termina conformándose con cualquier cosa que pueda controlar. Cualquier cosa. De golpe, casi sin notarlo, estás haciendo equilibrio en una cuerda floja llena de altibajos turbulentos. No sé donde estoy, pero algo me dice que siga para adelante. Un día por ahí pensas una cosa y al siguiente afirmas exactamente lo contrario. Es así de cambiante todo. El cerebro ya no entiende ni qué órdenes mandarle al organismo y se crea un estado de pausa impactante. Pausa tal que lleva al cuerpo a no sentir, lo que agrava todo. Tocar, tratar de sentir, de sentirse. Correr, parar, mirar, seguir, desfallecer. Bajar, mirar, oler, probar, subir, bajar, tratar de sentir otra vez, en vano. Una seguidilla de acciones bobas e incomprensibles que dejan al ser en una nada espeluznante. Se vive como si no se viviera, en automático. Estoy pero no estoy, hablo pero no me oyen - y francamente ni sé que palabras pronuncio-, hago todo sin querer hacer nada, o queriendo, ¿tal vez? Ya no lo sé.
¿Dónde estoy? ¿qué es esto? ¿ahora qué hago? ¿sigo, paro? No lo sé. Un sin fin de preguntas sin respuesta que atomizan las ideas que florecen tímidamente en una cabeza acomplejada de por sí. Quiero esto, pero ¿tendré el coraje de hacer lo haga falta para conseguirlo? Probablemente no. Empiezo la carrera y me detengo justo a mitad de camino, indecisa entre volver a la meta o animarme a terminar la competencia. Misma distancia, sí, pero el camino hacia la meta ya lo conozco, quién sabe que me depara el trecho restante.
No quiero ceder, pero sé que voy a terminar cediendo. (Porque es ceder o perder).

Sueño de una noche de...¿primavera?

Despertó sobresaltada. El calor sofocante invadía sus aposentos. Las gotas de sudor recorrían su cuerpo. La realidad se le había presentado en un sueño, tan bello como perturbador. Con las pupilas dilatadas en la oscuridad y los músculos sufriendo leves espasmos, se incorporó. La madrugada no impediría que anote aquellas ideas que ahora circundaban su mente. Necesitaba plasmar lo soñado antes de olvidarlo, pues podría serle útil cuando en días posteriores necesitase entender sus pensamientos, otra vez.
En su sueño todo era real, la dicha abundaba y las sonrisas invadían los rostros de quien sea que se cruzara. Descubría el mundo que estaba ahí afuera esperándola. Descifraba los enigmas del día a día, sola y acompañada. Sentía la vida por primera vez.
Ya despierta, sin embargo, todo contrastaba de una manera angustiante. La felicidad no existía en este mundo paralelo que transcurría. La confusión reinaba su mente y su alma. No lograba comprender ni un solo ámbito de su vida. Se sentía sola y eso la inquietaba como nunca lo había hecho, ¿cómo era posible que hoy le molestase esa soledad auto infligida que durante tanto tiempo había buscado? Se redefinía de una manera innovadora, pero eso no necesariamente la contentaba. Cualquiera podría verse envuelto en una plenitud rozagante al descubrir una nueva sensación, una nueva necesidad así. Mas ella estaba turbada como nunca antes; rompía todos sus esquemas, todas sus creencias. Se desconocía por completo. Las consecuencias de aquel simple sueño primaveral eran atemorizantes y prometían ser duraderas.
Agobiada y confundida, allí, en el calor de su cuarto, deseó nunca más volver a soñar.

martes

Relieve

Una combinación errónea, ciertamente. Sobra esto, sobra aquello, falta esto y lo otro. Todos los factores llevaron a lo mismo. Qué pasó. Ya pasó. Ha de volver a pasar, tal vez. Un masoquismo incongruente fue la gota que rebalsó al vaso, desatando la catarata sin fin de acciones. Los ojos vivían bloqueados y las lagrimas enjauladas quién sabe donde. Saciedad y vacío simultáneos. El verse tanto lleva a no verse más. La fuerza había estado contenida por meses y se soltó con una furia incontrolable. Una colisión de situaciones que desencadenaron en la catástrofe. Meses después había vuelto a lo mismo, de una nueva forma que reflejaba el caos actual. Entremezclando ideas, conceptos, trastornos y circunstancias la nueva imagen concluía en un rosado relieve rasposo que estremecía a los sentidos (una vez más). Puntiagudas figuras sobresalían del maniquí. A donde viera veía defectos y similitudes espeluznantes. Fue tal vez la pelicula, fueron tal vez las fotos, la música o su propio reflejo lo que llevaron al comienzo. Al comienzo de una nueva etapa de tortura. La cuenta volvió a cero. El comienzo del fin.

domingo

Estado


Calor incesante que recorre el cuerpo, acompañado por un desgano impetuoso que invade al ser en su totalidad. La temperatura sube cada segundo, se siente en el pecho, en el rostro, en los brazos. La insoportable sensación inmoviliza al organismo a cada instante. Se bosqueja un gesto que se disipa inmediatamente acorralado por la oscuridad que surge de adentro. Pequeños momentos de júbilo que se opacan a sí mismos porque se sienten desencajar con el ánimo general. Es creerse desmerecedor del bienestar y hacer todo lo que está al alcance para cambiarlo, porque de todas formas algo habría de salir mal y se retornaría a la circunstancia inicial, entonces, ¿para qué?
Apatía, calor, parsimonia. Golpe de alegría y de vuelta al estado original.

sábado

Sinceridad

Mismos lugares, mismos caminos. Tan cerca y tan lejos. Una voz susurrando casi al oído, pero hablándole a otra persona. Sentimientos que eran nuestros y hoy le corresponden a alguien más. Un abrazo que no suena igual, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Una cadena de recuerdos estalló y me desordenó el interior de una manera pocas veces antes vista. Yo ya no sé si es la resignación que estoy buscando la que me lleva a sentirme así, pero las cosas colisionan y yo estoy en el medio de ellas. Al presentarse simultáneamente esta serie de factores me siento confundida, dispersa, buscando una salida que no me sirve ni me conviene, pero que es la única factible. En realidad no lo es, pero así lo veo yo. No, no es la salida, aunque me esté presionando infinitamente para que lo sea, no lo es. Pero creo que estoy cayendo tarde a estas conclusiones, la voz que sonó, la luz que iluminó, los caminos, las fotos, todo me trajo a lo mismo y ahora ya no sé ni que sentir.

jueves

Títulos


Palabras que salieron de una boca extraña y ajena, se clavaron agobiando a las ganas de respirar. Forzando las manos trató de liberar al pecho que se sentía preso de una emoción fugaz y nociva pero no lo consiguió. Una leve brisa entró por el amplio ventanal entreabierto. La luz de la sala, opaca y tenue, apenas le dejó distinguir los lomos de los empolvados libros que se acomodaban en el estante. Mientras las voces lo seguían rodeando, el ya no estaba. Sus oídos oían pero su mente divagaba por los títulos que leía. Cien años de soledad, Cuentos para Verónica, Bestiario, y más. Él se distraía pensando en el contenido de dichos libros, cuál sería su trama, cuántos personajes habría, cómo se relacionarían, pero las palabras no se cansaban y seguían volando y llenando el ambiente. ¿Me estás escuchando? Podría decirse que se colmó, alcanzó un punto de saturación tal que el dolor pudo más. Las lágrimas cesaron y su mente encontró una única escapatoria a tantos ataques: irse. Físicamente estaba, veía, escuchaba, pero algo adentro suyo había cambiado, la resignación había llegado a medidas inimaginables, no encontraba ya forma de soportar el sufrimiento. Había sido abandonado, olvidado, maltratado, denigrado, intencional o no intencionalmente le habían dicho cosas que lo habían destruido internamente y ya no podía más, por eso había decidido recurrir a la única escapatoria factible. Ahora, en lugar de seguir llorando y sufriendo como hasta segundos atrás, estaba navegando en las páginas de un libro que nunca había siquiera tocado; charlaba con personajes fascinantes que lo colmaban de alegría y jolgorio. Sus manos que hace instantes estaban oprimiendo al pecho, tratando de calmar el ardor que lo recorría, ahora se encontraban felices estrechando manos nuevas, conociendo las sensaciones que mundos irreales le ofrecían. 
 Viajó así por los 7 mares y dejó a su alma sonreír un rato, como hacía mucho no hacía. La realidad le perturbaba. Necesitaba un escondite de la misma y teniendo una imaginación tal, ¿por qué no aprovecharla?

martes

Sólo el viento

Yo estoy lejos del sol, pero me quemo igual. No encuentro explicaciones. Por primera vez, tampoco las estoy buscando tanto. Las cosas son así hoy y serán así mañana, y lo sé, es una característica que ya asumí. El ardor convive conmigo, amenazando con su presencia a cada palabra. Pero es una amenaza que se cumple y creo que eso sí me perturba. Se cumple y se sostiene. Es una situación nueva que me descoloca, yo nunca me sentí así. El ardor está hoy y ya me tiene acostumbrada, pero nunca estuvo, nunca ardí como hoy lo hago. No tiene explicación aparente, simplemente quema. La mano fría trata de neutralizar al calor pero no lo consigue, el choque de temperaturas estremece. He tratado de deslindar el camino ya recorrido e incluso analizar cada situación que desencadena al ardor, pero sigue sonandome absurda la idea. Tiemblo en este preciso momento a causa del frío que tan cálida me mantiene. Compleja paradoja la que me distrae de las verdaderas causas. Algo turbó la estabilidad que siempre necesité, una pequeña piedrita bastó para demoler al gigante monumento edificado sobre escombros vibrantes y todo se vino abajo. Yo me encuentro tratando de reacomodar nuevamente los restos de la estructura demolida cuidandome a la vez del sol que me perturba con sus rayos acrecentando al dolor. Con brío emprendo el camino nuevamente hasta que aquel se anima a patear audazmente todo mi convencimiento dejándome en la nada, ardiendo, una vez más.

sábado

¿Etapa?

Qué absurda necesidad tienen todos de rotular lo que nos pasa. Parecen no resignarse a que pase y listo.  Sí, hoy hiciste esto, sí, hoy dejaste de hacer aquello, ¿y? ¿a alguien realmente le interesa? Es un gasto innecesario de energía el tratar de sumergirse en una vida a la que no se pretender entender. Con preguntas burdas y consejos baratos no se soluciona nada. La presión no cede. Las voces no se callan. La disconformidad no se va. Todo sigue igual pero a nadie le importa, porque todos se encuentran más preocupados por indagar o atosigar con comentarios vanos que por fijarse la realidad del asunto, ¿qué te pasa? ¿cómo estás? ¿por qué estás así?, pero no, siempre va a ser más fácil prejuzgar o encasillar cada cosa que sucede en la vida de los demás porque desde afuera todo se ve simple. Y ahí es cuando, desde esa percepción errónea que tenemos, tengamos o no intención real por ayudar, sencillamente empeoramos las cosas. Sin saber es mucho más probable hacer una acotación que hiera y así, tan inocentemente, agravar la situación que aún seguimos sin querer realmente entender.

miércoles

Tortura


Empezó como un leve tintineo. Lo escuchaba lejano, se perdía el sonido en el aire y al rato se calmaba. Pero luego fue empeorando, la sonoridad se fue convirtiendo progresivamente en un chirrido y luego en un crujido hasta convertirse en el desgarrador gruñido que es hoy. Se oye como el quejido de algún extraño ser que está sufriendo. Cada día empeora más, cada vez es más estrepitoso. Sin embargo, nadie excepto yo parece escucharlo. En los momentos en los que, cansados ya mis tímpanos de tal suplicio, presiono fuertemente mis oídos con la palma de mi mano y echo un vistazo al salón, nadie se ve siquiera alborotado. Al principio admiré la capacidad de quienes me rodeaban de ignorar la tortura auditiva, pero luego llegué a la conclusión de que nadie podía oirlo. Los envidio profundamente. 
Me sigo alterando, quizás un tanto avergonzada, cada vez que se presenta el cuasi ladrido que me estremece entera, mas he aprendido a controlar mis impulsos de salir corriendo, resignada a que no puedo huir de él, y mientras la gente no lo note, no ha de ser tan grave, ¿o sí? 

lunes

Seguir o parar

Complicado momento en el cual se nota hasta donde se llegó. Freno en seco, vuelta. Se mira el camino recorrido, quizás con sorpresa o con decepción, y se escoge entre seguir caminando o detenernos de una vez. Se analiza el cansancio, lo conseguido, lo que queda por conseguir, quién sigue aún caminando, quienes se detuvieron. La salida se ve lejana pero la meta aún más. Es una situación compuesta por cientos de factores que condicionarán nuestra acción: seguir o parar. Punto de inflexión. La decisión es nuestra y sea lo que sea que elijamos va a cambiar drásticamente lo antes conocido.
Ahora, ¿qué vas a hacer?

jueves

Humo

La sentí con lentitud, hace mucho no la abrazaba. Su cuerpo era diferente ahora. Pareciera no tener huesos dentro sino una pasta endeble que se amoldaba a mis brazos. Todo su ser se acomodaba a mi forma. Se desplomó sutilmente en mi. Era frágil y maleable. Creí que podía llegar a escurrirseme y romperse en mil pedazos si tan solo aflojaba levemente la presión, pero también pensé que de abrazarla muy fuerte habría de estallar o quebrarse y temí. Entonces respiré hondo y la sentí respirar. Cientos de esos huesos de plastilina se me incrustaron en el antebrazo con que la rodeaba y me estremecí por un segundo, pero no podía mostrarme débil ante ella. Me recompuse y continué la acción, sosteniéndola con firmeza, haciéndole sentir la contención que creía necesitar. Supuse que todo habría de salir bien, aún cuando su estructura seguía variando, blanda y delicada como era, pero repentinamente me sentí desvanecer en el aire. Me volví una mezcla gaseosa de moléculas negras y dispersas, me evaporé en forma del humo más espeso y traicionero que jamás podría haber imaginado. Fluí desde mi lugar hacia cada rincón del ambiente, y mientras el viento me echaba del cuarto por la ventana entreabierta, la vi desmoronarse abruptamente contra el suelo, rompiéndose así sus millones de huesos tiernos y dejándome sin saber el final de la historia que había comenzado un abrazo atrás.

miércoles

Parece un hombre feliz, sonríe, se entusiasma, propone, hace, pero en realidad solo anhela volar lejos. Sus ojos exigen al azul de un mar calmo y sus pies una arena suave y tibia bajo ellos. Es un sueño por cumplir el de vivir en la simplicidad de un pueblo colmado por el aire fresco con olor a más allá. Él lo deseó incontables veces, quizás hasta dudó llevar a cabo ese sueño que tanto le sosegaba al alma, pero el destino no lo dejó, y ahora así se encuentra, sonriendo con el cuerpo pero con la mente nadando entre las aguas de quién sabe donde, buscando cumplir su sueño lejos de este espantoso conglomerado de personas confundidas.

martes

Diario de Felipe día 2

Es como... cómo una puntada pero no. Es como una presión descabelladamete fuerte en el pecho. Me imposibilita respirar, incluso. Es en extremo exagerado; si supieras, Querido Diario, lo absurdo de las causas de esta presión, sé que te enojarías mucho conmigo. Aveces pienso que no nací para vivir en esta sociedad tan interconectada, todos saben todo de todos y yo mismo sé muchas cosas que preferiría desconocer. Yo, por menos que quiera, formo parte de esta red intrínseca de comunicación y eso me está jugando en contra. Veo cosas que no quiero ver, leo de más, me afecta de más. Pero sigo. Eso es lo que tiene este sistema, que por el simple hecho de poder saber más de los otros, uno lo hace, a pesar de todo -quiera o no, le incumba o no, sufra o no...- y acá me tenés, viejo amigo, buscando la forma de liberar a mi pecho sin alejarme de las causas. 
 No sabés como me duele esto, en serio no podés siquiera suponerlo. Me destruye, es algo que me carcome desde adentro, como si todo mi costillar colapsara por sobre los órganos y estos reventasen. Me duele y no encuentro ayuda. Me duele tanto saber, me duele haber descubierto aquellos ínfimos detalles que ahora me están haciendo explotar, pero no querer dejar de hacerlo.
Me duele, amigo, pero disfruto el dolor sin más. Lo disfruto y lo he de seguir buscando, al parecer.
Quizás no vuelva a escribirte, Diario, porque puede que este sufrimiento me consuma. 

Sin embargo no olvides que fue lo que yo busqué a la hora de acordarte de esta triste alma que padeció intencionalmente el dolor.

viernes

Carta a Federico


Es sorprendente la ceguera de las personas ante la conformidad. Saben, porque todos sabemos siempre, que está todo mal, pero mientras el malestar no se manifieste abiertamente se hacen (nos hacemos) los ciegos, los desentendidos.
  Se nota que no estás bien, pero ante la levedad de un "¿cómo va? -todo bien, ¿y vos?" cambian rápidamente el asunto evadiendo la preocupación que cada tanto mereces. Sabemos que te duele, vemos como estás, casi sollozando constantemente, con la mirada perdida en el infinito, sin moverte, sin hablar, consumido, desairado. Notamos que pretendes una suspicacia forzada cuando se te acercan demasiado. Te vemos sonreír y sabemos que es mentira, la felicidad cambia de definición con vos. Aveces me pregunto si soy el único que se da cuenta. Cuando me acerco y te golpeo el hombro ya no te siento, estás vacío, retumba mi mano sobre tu espalda.
  Me pregunto cómo te sentirás adentro tuyo, ¿estás muy solo ahí? Se ve como un espacio muy grande para alguien tan vulnerable. 
 Solías ser tan transparente, tan gentil, tan comprensivo, tan... Y hoy no sos nada, nada en absoluto. Sos un ente baladí que se mueve entre nosotros como si no estuviéramos, y nosotros le respondemos ignorándolo por igual. Una relación inexistente.
 Yo te extraño, no sé ellos, pero yo no me acostumbro a verte y que no me veas. Querido amigo, no es lo mismo reír sin tu risa. Hablar y saber que no estás escuchando se siente un despropósito. 
Hoy te escribo con mi mejor letra para que me leas, ya que hacerte escucharme me resulta imposible. Hoy yo abro los ojos, dejando atrás la ceguera, esa que los rodea a todos los que no te ven. Los abro buscando verte otra vez, cómo antes, cuando palmeando tu hombro mi mano se sentía contenida por ese algo que irradiabas, ese algo que hoy ya no está.
Hoy yo abro los ojos con la esperanza de que me veas mirarte y vuelvas a ser vos y a llenar ese vacío tan grande tuyo, Federico.

miércoles

A flor de piel

Días mueren cayendo del calendario que cuelga en el cuarto, camuflándose entre las paredes blanquecinas que relucen llantos condensados. El paso del tiempo le recuerda a épocas anteriores que lo colapsaron de dolor y aquellos días tan trágicos vuelven a su mente. Una lágrima se escurre por entre las pestañas, y resbalando por la piel llega hasta la espiralada oreja. Un año y algo más. Casualmente su memoria no falla y recuerda exactamente dónde estaba un año atrás. Quién hubiera dicho que, habiendo cambiado tanto, habría cambiado tan poco. Mata el tiempo comparando lo que era, lo que pasaba, y lo que es, lo que pasa. Y, a pesar de las inmensas diferencias, las similitudes salen a flote. Los sentimientos no cambian. Un año no basta si no hay una motivación real por cambiar. A él le cuesta entenderlo, mientras recostado en la cama limpia el llanto que chorrea cada vez peor. Pasea por sus recuerdos y se siente tan ajeno y a la vez tan partícipe; se relata para sí cada detalle, buscando inexorablemente entender cada situación vivida, sin embargo no le es del todo necesario porque al momento de oírse a sí mismo se encuentra con la sorpresa de que invocar a cada emoción sentida se vuelve más simple de lo esperado y de que aún tiene a flor de piel todo ese sentir. Es cuestión simplemente de socavar superficialmente en él para encontrar todo el caudal de sentimientos que exigen volver a reinar en el ser. Años pasan, años y más años, y no basta. No basta. Capas nuevas de piel tratan de ocultar todo lo que su alma puede rememorar, pero sigue estando allí, en su memoria, tan levemente oculto que demuestra las inmensas ganas de salir, en contraposición a lo poco que comunica. Mas no hay nada por hacer, ha de seguir recostado en su cama, limpiándose las lágrimas mientras los años sigan intentando tapar lo anterior, con la absurda esperanza de tal vez un día conseguirlo.
(Tal vez un día lo han de conseguir)

martes

El caminante


Quién sabe por qué pagos andará virando, caminando por caminos eternos que conoce tan bien, con su paso dubitativo y distendido, porque siempre camina paseando y el mentón le llega a la copa de los árboles más altos. Yo no sé donde está, puede que esté tan lejos como cerca, pero estoy segura que tanto su mente como la mía recuerdan con anhelo aquella conexión peculiar que nos caracterizaba. Existía un camino implícito entre ambos que nos guiaba estuviéramos donde estuviesemos, pero hoy no sé donde está y no hay guía que me lleve a su encuentro. Las cosas cambiaron tanto desde aquella época cuando era conmigo con quien caminaba y nuestros ojos no se cansaban de abrirse perplejamente ante cada belleza que el paisaje nos ofrecía. Hoy camina solo o en compañía de un tercero, agente extraño y fugaz, camina y reitero, yo no sé por donde. Simplemente me gustaría saber si su mentón seguirá volando alto ante la simplicidad de un caminar tan natural, tan llevadero como el de un niño que descubre al mundo por primera vez.

Pero, querido mio, yo no sé donde está y su caminar, por mal que me pese, ya no me incumbe más.

jueves

(C)Analizando


Alguna vez habrán sentido una fuerte presión en el pecho. Como si tuvieras un ladrillo de 200 kilos oprimiéndote las clavículas y el tórax. Se te imposibilita respirar hondo sin que se te mojen los ojos. Exactamente así se siente la angustia. Puede ser acompañada también por un leve temblequeo que surge desde las muñecas hasta las extremidades de los dedos. El cuerpo baja varios grados la temperatura para acompañar al ánimo. Los ojos inquietos que miran sin ver.
 Otras veces tal vez sintieron brotar del interior de la garganta algo que se sentía como un fervoroso humo. Quizás no se detuvieron a analizarlo, pero surge en el estómago. Luego sube lentamente por el esófago. Finalmente, pasando primero por la faringe, lo sentimos en la boca desbaratando todo. Eso es el odio. Se acelera, junto con este sentimiento, la circulación de sangre y un poco también la respiración -en condiciones normales. Nos sentimos incómodos en todos lados. Queremos estar solos, pero sufrimos la soledad.
 El rencor, por su parte, surge mucho más paulatinamente. Es como un virus que se instaura en el sistema linfático y nos va recorriendo poco a poco, hasta llegar a cada extremo del ser y corrompernos por completo. Tendremos, durante la permanencia de este virus, múltiples golpes de euforia no necesariamente positivos para aquellos que nos rodean ya que probablemente se manifiesten de forma violenta.
 También está la ansiedad, la cual es mucho más identificable. Genera una hiperactividad efervescente que se transmite hasta los dedos de los pies, pasando por cada extremidad del cuerpo produciendo un típico bailoteo arrítmico en las mismas. La sangre se siente color amarillo intenso y en los oídos se escucha un permanente zumbido casi imperceptible ante el oyente inexperto.
 La felicidad -la felicidad de verdad, no esa humilde alegría que trata de inculcarnos un bienestar sin fundamentos aparentes- se caracteriza con unas cosquillas en cada rincón del cuerpo. Estas surgen desde el interior de cada órgano pero se sienten más intensamente en el vientre. Moviliza a los brazos, las piernas y los cachetes. Las cuerdas vocales también se predisponen a resonar lo más frecuentemente que puedan. El corazón rebosa de sangre y latidos y el cerebro se siente despierto y espléndido.
 Cuánto diagnóstico para algo tan cotidiano como sentir, ¿no?

miércoles

Ilusorias


"Las ilusorias son pequeñas flores color fucsia rabioso que se impregnan a las personas. No son venenosas. Una vez que se adhiere una, las demás parecen simplemente aparecer por arte de magia en torno al cuerpo. Advertencia: no se han reportado reapariciones de víctimas de las ilusorias. Tome precaución" 

 Alaína jamás había conocido la habilidad de sus piernas de moverse tan velozmente. Corría por el estrecho sendero de piedra rodeado de árboles tan altos que ya no se distinguía la copa de los mismos. De la certeza que la inundaba ya ni volteaba la cabeza. Las sentía aproximarse furiosas por sobre su camino. Había corrido tanto que ya no recordaba cuando había empezado la persecución. El corazón parecía salír del pecho, devorando a los pulmones. La respiración se había convertido en un jadeo violento. Presentía casi sobre su nuca a las florecitas volando relajadamente a merced de la atmósfera. Sabía que tan sólo una significaría su perdición, lo que la llevaba a energizar cada vez más la carrera. Atravesó pasadizos magníficos pero se encontraba demasiado sumida en la huida como para apreciar el paisaje. Desperdició a una flora impactante y a una combinación de colores tan armoniosa como celestial. Aveces casi se aseguraba de que se habían detenido, pero cuando estaba por frenar la marcha veía pasar flotando a través del aire, como violando a cualquier ley física, a una de ellas, tan intensa como las que probablemente la seguían. Cada tanto una de las más pequeñas y escurridizas traspasaba los mechones de pelo de Alaína que bailaban tras ella a causa del viento y la velocidad, asustándola al punto de imaginar la forma en la que estaba rozando su cuello y cómo consecuentemente se inmovilizarían primero sus brazos, luego su cabeza, y finalmente sus piernas, haciéndola caer sobre el empedrado (de hecho, Alaína no tenía forma de saber cuales eran realmente los efectos de las Ilusorias, pero entre paso y paso su mente se distraía imaginando a los mismos). 

 Había ya borrado cualquier recuerdo previo a la corrida; parecía haber empezado hacia tanto que se hacía difusa la distinción de tiempo y espacio. Solo una cosa estaba presente en la cabeza de Alaína y esa era que debía escapar, aunque no supiera a ciencia cierta ni qué la perseguía, porque para toda la sociedad atosigada por estas, las Ilusorias no eran más que una gran incógnita. A sus pies seguía el mismo camino, en su entorno se alzaban los mismos árboles y por detrás váyase a saber qué había. 

 Finalmente un rayo de sol alumbró el hasta entonces en penumbras sendero, que ahora resplandecía. Alaína se permitió sentir el viento por primera vez en el escape. La inmiscuida luz acabó por enrojecer sus mejillas y sintió, por fin, la calma. Sin motivo aparente, se vio ya libre de sus persecutoras y se echó sobre la verde hierba que ahora se veía en las orillas de la senda que transitaba. Desplomada sobre el pasto que le picaba en la espalda, comenzó a analizar sus alrededores notando que  ni una Ilusioria venía trás de ella. Respiró hondo y sonrió con plenitud. Miró al cielo azul, era la primera vez que alzaba la vista. Apreció los colores que la circundaban entre lágrimas de felicidad y risas. Extendió las manos sobre su cabeza sintiendo entre las flores y sus dedos al cabello que tan olvidado tenía. Lo sintió suave entre las manos hasta que algo áspero interrumpió el roce. Tomó cuidadosamente el mechón para analizarlo. Una ínfima florecilla color rosa fuerte se confundía entre el rojo de su cabello. La toco con delicadeza y durante unos instantes todo fue absurdo. Su sonrisa se desfiguró. Nunca tuvo la oportunidad de apreciar la copa de los árboles que tanto la habían acompañado en su recorrido, así como tampoco nunca nadie volvió a saber de ella y de su rojizo cabello que tanto gustaba de volar contra el viento.

domingo

Té para tres.


Yo de chiquita odiaba el té. Lo despreciaba, enserio. Era ver el agua color marrón transparente y sentir una repulsión y un rechazo inmenso. Hasta gusto diferente le sentía por el asco que me producía; si bien era dulzón a más no poder a mi me sabía amargo e insípido. Era ver a mamá acercarse con las tostadas y mi taza de jirafa con el saquito colgando y asumir inmediatamente que estaba todo mal. Porque siempre que en casa se tomaba té estaba todo mal. Faltaba plata, faltaban ánimos, algo faltaba y el té era la materialización de esa ausencia.
Actualmente el té se convirtió en uno de mis principales aliados. Me acompaña en las noches de estudio, en los malestares, en las depresiones, es como el comodín que siempre pero siempre mejora las cosas. Quizás es porque hoy, con 16 años, me dí cuenta que no eran tan graves esas "faltas" que tanto me acomplejaban a los 7, y busco en el té una máquina del tiempo para volver a eso, porque esas pequeñas ausencias eran mucho mejores que estos enormes derrumbes que hoy transito y sufro.
Todo se ve mucho mejor desde una perspectiva más distante. El té no es la excepción. Mi querido, querido amigo, el té.

martes

Insomnio, hoy.

Por un rato voy a ser yo, voy a hablar yo, me van a escuchar a mi.

Para que entren en clima (vale la pena escuchar cada verso):
http://www.youtube.com/watch?v=ligR5Rf2Q_M 



Hoy estoy acá, sentada, mirando a un monitor que no me sabe decir nada, que no sabe aclararme las ideas y menos sabe responder las miles de preguntas que le hago.

Hoy hace dos días que no duermo por las noches; éstas se volvieron enormes frazadas negras que me arropan en conjunto con los sonidos de la lluvia y el viento fuerte que me rondan los tímpanos (gracias lluvia, hablando de todo un poco, me sabés llenar más que el sol), me arropan pero nada más. Quieta y en calma, física al menos, me quedo por horas, aunque mi cabeza está girando y viajando tanto que ya le perdí el rastro. ¿Cómo empieza? Me acuesto, respiro hondo, me tapo, me doy vuelta para un lado, estoy incómoda, me doy vuelta para el otro. Pienso. Una idea surge de la nada y atrás de ella llega otra, y otra, y otra... Y cuando me quiero dar cuenta pasó una hora y una larguísima cadena de ideas está toda apelmazada en mi cabeza. Y yo me sigo dando vueltas, pensando que la incomodidad pasa por la cama o la postura. Abro los ojos, miro la pared, miro las luces de la calle, miro la cortina que se mueve, miro la pared de nuevo, cierro los ojos. Pienso en círculos un rato, ingenuamente pensando que me va a ayudar a dormir. Un circulo que de golpe y para variar lleva a una idea que lleva a otra y el ciclo se repite. Miro la hora y ya pasaron 2. Pienso, me enojo conmigo misma por no poder dejar de hacerlo, por ser adicta a pensar sólo y exclusivamente cuando menos tendría que hacerlo. Me acomodo, otra vez. Abro los ojos para cerciorarme que todo siga en su lugar y que la pared siga siendo blanca. Me levanto, vencida, y me acompaña todo el día la sensación de que alguien cambió mis ojos por dos piedras y me colgó dos gigantezcas bolsas negras debajo de los mismos.

Hoy quiero llorar, hoy necesito llorar, no sé porqué, por nada en particular (por todo en particular) pero sin embargo las caprichosas lágrimas cada vez se hacen desear más. ¡Las necesito! ¿dónde están? 

Hoy hablo, me paro y hablo finalmente, pero nadie me escucha. Mis palabras se hicieron esperar demasiado. Aún así, no hablo para todos, no hablo con todos. Callo el doble de lo que digo, pero por algo se empieza. 

Hoy me como ese papel que me pintaron un día; lo absorbo sabiendo que no soy yo, pero sabiendo, también, cuán bien me haría ser así. (Pero no lo soy, tristemente).

Hoy mi mente es un rompecabezas y perdí la mitad de las fichas. 

Hoy quiero y no puedo, para contrarrestar las veces que pude y no quise.

Hoy me trato de conocer y me termino desconociendo más. Y odiando un poco, de paso.

Hoy quiero expresarme y no me entienden, no me oyen, no me leen. Y me canso, me cierro, y me estoy acostumbrando de tanto ser así.

Hoy me juzgan, me excluyen, me reclaman. Ya no aguanto más, esta intolerancia se va expandiendo por todos los ámbitos de mi vida y con todos, indiferentemente.

Hoy me descargué (un poco, aunque sea), yo Melina, hace mucho no me descargaba.
Y ahora me voy, tan así de golpe como vine a escribir esto. 
Chau blog, hasta la próxima.

viernes

Diario de Felipe día 1


Querido Diario: 

Me están volviendo los síntomas, como los de hace un tiempo, ¿te acordás? 
Como ya sin hambre, se me cansa la mandíbula de tanto masticar, sonrío ya sin ganas, una débil mueca se esfuma por el horizonte de mi boca, escribo sin motivación, mis brazos prefieren la rigidez antes que el movimiento sobre el teclado. Mis ojos, que antes tanto gustaban de pasearse activamente, ahora no ven la hora de cerrarse, los agota el parpadeo y les pesan las ojeras por no dormir. Observo marcas traslúcidas al sol envejecer hasta desaparecer, reaparecer, y desaparecer de vuelta. Me refugio en lo conocido, aunque paradojicamente sea lo que más me lastime. Mal gasto tiempo que podría pasar encerrado saliendo, porque encerrado pasaría tiempo conmigo pero soy mi peor compañía y no me soporto. Pero tampoco los soporto. Todo me lastima, mi piel es de papel y se resquebraja, mis ojos son transparentes y arden con el día, mis huesos son de vidrio y se van rompiendo de a uno. Soy tan vulnerable, estoy tan expuesto. Me abro y me cierro como una flor, como una de esas que se abren y se cierran, no sé, se entiende. Me adjudican calificativos que no me corresponden, me quedan gigantes, me asustan, y se olvidan de lo que sí soy, me pregunto si se habrán dado cuenta.
 ¿Qué tengo en la cabeza? Siento como mil arañas entretejiendo constantemente una por sobre la otra. Necesito abrirme el cráneo con algo y matarlas a todas, no me importa si me quedo vacío, es preferible. 

lunes

Tomemos el camino fácil

He aquí algunas otros restos de cosas que escribí (simplemente me da paja volcarlos, estando ya publicados)

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/58572236138/expectantes

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/57572694913/orgullo

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/56192759873/contradicciones

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/53887891250/otra-vez

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/52958067221/toda-vida

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/52072647852/ida

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/59734705038/vaiven

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/54473454300/trillado

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/57994708200/valientes

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/56443646501/te-quiero

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/59023292450/hay-un-pozo-profundo-lo-miras-desde-arriba-no-se

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http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/69905153704/fantasia

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/73567050983/las-mejillas-se-contraen-involuntariamente-en-un

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/75663014970/sombras

http://bastaparami-bastaparatodos.tumblr.com/post/76579773687/confianza

Secuela #1


¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Qué tengo que hacer?

Confundida. Restregó sus ojos con fuerza, entrelazó los dedos con el cabello, sintiendo cada centímetro de cuero cabelludo en sus frías yemas. Se sostuvo la cabeza con las manos unos minutos. Las cervicales extendidas, los ojos siempre cerrados. Se masajeó la sien entusiastamente. Abrió los ojos con la esperanza de haber escapado de aquella realidad que la acogía. Las mariposas negras seguían revoloteando por el cuarto, cada vez más alteradas y violentas se chocaban contra paredes y muebles indiferentemente. Respiró hondo -Uno, dos, tres, cuatro. No están acá, no existen. Calculó las probabilidades de escabullirse por entre ellas y llegar hasta la puerta, pero el miedo fue mayor y no llevó a cabo su poco elaborado plan.  
57 mariposas, cincuenta y siete, traídas por alguien más (váyase a saber quien). Las iría matando una por una, al menos eso quería. Unas simples mariposas no podrían ocupar lo que era suyo. Entonces dejó su posición fetal, con las piernas entre los codos y las manos sosteniendo a la cabeza, y se paró con convencimiento. No tenía red para mariposas ni nada similar, pero no le importó, si tanto osaban invadirla habrían de merecer el destino que ella les tenía planeado. Tomó una vieja alcancía que se empolvaba sobre el librero y la tiró con fervor contra la pared sobre la cual se agolpaban más mariposas. El desgastado chanchito de porcelana explotó por el aire en mil pedazos dejando desprotegidos a varios billetes de la era anterior, pero ni una sola mariposa resultó herida. 

¡Agh!


Tomó una de sus sandalias del suelo (ella amaba andar descalza) y la alzó alta sobre el hombro. Calculó el golpe unos segundos y la estrelló contra la pared de su derecha. Otra vez, todas las mariposas ilesas. 

Descontrol, descolocamiento.

Abrió la ventana, esperanzada con que toda mariposa anhela volar lejos -eso querría yo, al menos. Fue difícil hacerse lugar para alcanzarla entre tantas; ya su cuarto simulaba una nube negra sin más. Sin embargo ni una mariposa se acercó a la misma, todas siguieron volando cada vez con más violencia, colisionando unas contra las otras, algunas hasta se estrellaron contra ella, golpeándole cabeza y cuerpo. Comenzó a apabullarse. Cada vez era peor, cada vez eran más, las ciencuenta y siete iniciales se habían duplicado, triplicado, o peor aún. Cada vez un negro más intenso. Poco a poco fue perdiendo la motivación que la llevaba a luchar contra ellas en reclamo de lo que, según entendía, le correspondía. Aceptó sumisamente que tal vez las mariposas estaban donde tenían que estar, que tal vez era ella la intrusa. 
Y así, paulatinamente, se dejó consumir por el negro, hasta convertirse en una mariposa más.

domingo

Tira y afloja


Soga larga pero fina. Esos seres en los extremos. Esos. Tiraba, tiraba, tiraba. Cada tanto, para disimular, aflojaba -que nadie se dé cuenta. Aflojó, se cansó, solo eso. Pero quiso seguir tirando. Preparó el brazo, la fuerza y la voluntad. Se alzó, magnifico. Se sintió participe de un juego de a dos. Un tire y afloje mutuo. Y tiró y tiró. El eso del otro lado notó que alguien más estaba ahora haciendo el trabajo, y ante el relajo, soltó. El eso de este lado tiró en vano antes de notar la fuerza contra la nada que estaba haciendo y luego la gravedad hizo lo suyo y se desplomó. Rotundo encuentro con el piso. La soga lo enredó, parecía tener vida propia. Se liberó con dificultad. Dudó unos instantes, pero quería seguir tirando. Tomó la soga confiando ciegamente en que aquel del otro lado también la estaba sosteniendo. Entonces, nuevamente listo para volver al juego que tanto lo (o los) atrapaba, extendió el brazo, tomó la soga con firmeza y una vez en cuclillas comenzó a tirar. Esta vez nadie soltó la soga, por la simple curiosidad del eso del otro lado, lo que lo llevaba a seguir tirando. Distintas motivaciones, al parecer. Pero ambos estaban en juego. Comenzó una sutil competencia por ver quién tiraba más fuerte. La soga oscilaba entre aquí y allá. Diversos tropezones, debido a las diferentes intensidades, pero ninguno terminó en caída. Sin embargo, débil y deshilachada, la soga no aguantó. Se cortó justo por el medio, como era de esperarse. Esos cayeron desconcertados. Golpeado y herido como estaba, el eso de este lado se paró buscando en el horizonte, al otro lado de la soga caída, a su compañero. Lo vio alejarse, dando ya por terminado el juego y sin el menor interés en la soga ni en el eso de acá. Por más que lo intentó el eso de este lado, ésta vez ninguna motivación era suficiente y por más que quiso, ninguno pudo seguir tirando.

 Cualquier soga se rompe si no se sabe tirar.

miércoles

Ensimismada


Abre las puertas, finalmente, dejando entrar a todo aquél que tanto asilo reclamó. Y se encuentra con un vacío absoluto; de repente todos los que insistían ya no están. Desconcertada, espera -'quizás sea cuestión de tiempo'. Y espera, con las puertas abiertas y el ambiente llenándose del aire frío de la calle. Se siente desprotegida, y lo está. Las puertas abiertas y la vulnerabilidad expuesta. Comienza a sentir temor, pero no quiere volver al hermetismo que tanto la caracterizó, y que tanto le criticaron. Entonces sigue esperando, ansiosa. No comprende lo absurdo que suena que cuando por fin cedió y permitió la entrada, aquellos que se oían tan expectantes por pasar se esfumaron.

Extraños entes se le acercan, repentinamente. La circundan a ella y a sus puertas. Parecen danzar ante aquella que se yergue cada vez más débilmente, la desprotección no es para cualquiera.

Cercanía, movimientos tribales, temor, debilidad.

Toda intención de conformar a los demás se ve opacada por un miedo arrasante. Las paredes se impregnan de esos inmiscuidos que la atemorizan con infamia. Se hace pequeña a medida que ellos crecen. Las puertas siguen abiertas de par en par y a través de ella no dejan de ingresar más y más seres, acompañados por el frío. Se consuela pensando que alguien no tardará en llegar a su rescate, pues sigue sosteniendo que todos aquellos que tan pendientes estaban de la abertura, no podrán andar muy lejos (¿no?-ingenua, crédula.

Pero, tarde que temprano, el avance se hace incontenible, y ella, que ya está reducida en una minúscula bola en la más remota esquina de la casa, se deja ganar, lamentándose el haber hecho caso a las súplicas, y prometiéndose que, de salir de esa, nunca más dejará entrar a nadie. 

jueves

Experimento


Sus gritos quieren salir pero se chocan con los labios. Aprieta los dientes como si no hubiera un mañana, muerde su propio brazo con tal de acallar esas ideas que exigen salir. Sabe que un feroz tumulto de verdades pueden salir disparadas en cualquier momento y  teme de lo que puedan causar. No quiere hacerse responsable, pero su alma ya no resiste más. Golpea la pared, una vez más. Sus puños ya están marcados, y los nudillos lastimados. Respira hondo tratando calmarse. Se para nuevamente, mira atónito el reflejo otra vez. Sigue sin saber qué responder. La decepción y el desconsuelo inundan el cuarto, tanto como a él.
Ondas negras, tumultos confusos. Ideas, pensamientos, recuerdos. Sentimientos; dolor, impotencia, confusión. Extrañar. No extrañar. Querer. No querer, ¡arriesgar! No. Debilidad, otra vez. Ardor, sufrimiento. Todo es oscuro acá, ¿y allá?
"¿Por qué? Por esto" Respuesta casi inmediata.
Las manos frías recorren la pierna por sobre el pantalón. Siente cada yema en el roce. Se aprieta los ojos fuertemente, restregándolos. Está cansado. Resopla. No hay nadie en la habitación pero se siente muy observado. 
Incansables ganas de tirar algo contra la pared y verlo destruirse en millones de partículas diminutas. Está quieto pero mareado, los ojos se bambolean. Lee algo, se mueve, el espejo lo mira. Se relojea en el mismo, vuelve a leer. Escribe un poco, se cansa. Quita minuciosamente cada imperfección de su ropa. Bebe un sorbo de café mientras calienta sus manos apretando la taza. El espejo continúa mirándolo como deseando que él voltee. Tararea una melodía, mira para los costados ansioso. Los pulmones se inflan y se pichan. Lo está llamando, -no lo escuches.
Viento afuera de la ventana. Árboles que se mueven al compás de la vida. Un aire a comida casera llega desde la escalera y se escabulle por la puerta entreabierta. Pero a él nada lo distrae porque sigue sin saber que responder.
¿Responder a qué? Nadie le preguntó nada. A él mismo tiene que responderse. 

Ella. Él. Eso tan suyo. 
-Esto tan mío-

Toca y suelta. Lo llama otra vez. Mira y vuelve, veloz. 

Toca -Mi culpa. Tú culpa- Suelta. Recuerdo. Mano suave, se mueve con delicadeza por sobre la piel que se eriza. La perdió, pero no a su memoria. -Tú culpa- Toca y suelta. No resiste y mira. Se detiene largo rato. Inquietud, desesperación. Se voltea, ¿y la solución? 
- Yo tan... y él tan. Ella tan.- El puño va contra la pared y vuelve. Lágrimas incontenibles. Toca y suelta. Golpea y se arrepiente. No, no se arrepiente. Golpea. Voltea, se para, se mira, toca y suelta, golpeado. Agarra fuerte. Valiente y cobarde.

-Mi culpa, tú culpa. Y hasta acá- Lágrima. Golpea fuerte. Agente extraño. Estruendo. Un grito que se aleja cada vez más, pasos veloces. Ahora nada. La nada misma, negro y profundo. Ya no hay recuerdos. Ya no toca, ya no suelta. Nunca más.

martes

Llamado de atención


¿Alguna vez se pusieron a pensar que significamos en la vida? ¿qué somos?
"Somos lo que hacemos" ¿y qué hacemos? Lo que somos se basa en como aprovechamos los momentos.
Entonces, sonará trillado, pero no somos nada. Somos micro puntitos en un basto universo colorido. En toda nuestra existencia, con suerte, llegaremos a conocer un millonésimo de lo que el mundo nos ofrece, y no nos molesta en lo más mínimo. Muchos ni siquiera se esfuerzan por conocer eso, se quedan entre 4 paredes el 90% de su vida y lo llaman vivir. Disculpen, pero eso a gatas se llama existir. Vivir es otra cosa, vivir es reírse, llorar, amar, sentir, sufrir, correr, gritar, jugar, abrazar muy muy fuerte, exponerse a los golpes que nos quiera dar el destino, dejarse caer despacio, acariciar, reclamar cariño, ir y volver cuantas veces se nos de la gana porque podemos, eso es  es vivir. Pero ¡cómo nos cuesta entenderlo! Pocos y valientes son aquellos que viven, los admiro profundamente. No le tienen miedo a sufrir, conocen la alegría tanto como el dolor, saben llorar y sonreír casi al mismo tiempo, porque así, sintiendo, la vida vale la pena. 
Entiendo, también, porque yo misma me he refugiado en esa postura, que tanto la abstención como la seguridad que esta misma genera puede hacer a la vida "más llevadera". Pero pierde todo significado, entonces. Para eso ni nacía, che. Si voy a tener que estar acá por unos cuantos años aunque sea tengo que probar lo más que pueda, ¿no?
Y sí, sería lógico. Ahora también es lógico que los temerosos como yo arruguemos justo antes de meter primera y acelerar. Vivir es arriesgarse constantemente; existir, con certeza, nos ahorra muchos más golpes que vivir. Qué paradójico. 

Ahora vuelvo a mi idea principal; ante este planteo, ¿qué van a hacer? ¿Existir o vivir?

sábado

Aturdida en el interior del ser


(Posición fetal. La potencial libertad de aquel que no se quiere dejar ser.)
¿Importa la fuerza con que recibas un golpe si al fin y al cabo hay alguien que te está golpeando?
La columna vertebral se marca como pocas veces antes. Ambiente opaco, de paredes negras y eco abrumador. Retumban pretenciosamente los gritos que una y otra vez salen de esa boca callada. Aturden por lo sentidos que son.
Rompe en llanto.
Furor. Aprieta los párpados intensamente. Golpes rotundos. Libera todos los sonidos que siempre deseó, fluye sinceramente desde las más recónditas esquinas del ser.
La mirada perdida en un horizonte inalcanzable. Limpia las lágrimas que caen por el rostro, en un silencio incorruptible.
El cuerpo sereno y manchado de energía, se eleva alto descreyendo cualquier ley de la física. Todos los movimientos son armoniosos y perfectos. Salen de un sólo interior miles de voces al unísono. Caos y serenidad simultáneos. Está siendo en su máxima expresión.
¿Qué lleva a la saturación tal de una mente?
Opuestos que conviven. Lo libre y lo sumiso se confunden. Es en los adentros la que grita y levita, y para afuera sólo deja ver un vergonzoso llanto. 
Temor a la opinión. Un auto control tan grande como absurdo. Mientras llora con timidez, se pregunta el porqué de tanto silencio, ¿quién la obliga a callarse? Pero la respuesta no es necesaria, simplemente seguirá callada porque alguien así lo determinó alguna vez.
Ese que debía estar y no estuvo. Ese que usó y descartó a una persona como al objeto más burdo. Ese que burló con descaro. Ese que juzgó sin derecho y censuró sin piedad. Ese es el que incita al silencio. 

Habrá de llegar el día en que se inviertan los roles, y finalmente se eleve y aflore todo ese caudal de voz que encierra, pero no será hoy ni mañana. No es libre, y sufre por ello.

viernes

Terciopelo


Fue su fascinación. La miraba y se hundía en esos ojos color agua calma. Conocía detalladamente cada veta grisácea que se difuminaba en el azul. Sabía que cuando llovía se le volvían ligeramente más claros, y que la luz le hacía doler. En una oportunidad había contado sus pestañas, 186 pestañas negras y, extrañamente, 2 castañas. También sabía que tenía 15 lunares en la cara. Uno, el más notorio, en la comisura derecha de la boca. Pero su preferido era el de arriba del párpado; era pequeño y más claro que los otros, estaba un poco escondido tal vez, pero para él era aquel que más influenciaba en su bella mirada. También recordaba su sonrisa. Cuando sonreía, levantando primero la punta de la nariz y finalmente mostrando sus perfectamente alineados dientes, se iluminaba el mundo. Le gustaba la forma en que ella reía vergonzosamente, se acomodaba el mechón que siempre le caía sobre el lado izquierdo del rostro y luego levantaba la vista, cuando él le hacía un cumplido. Admiraba su piel, era tersa como la seda y fría y blanca como el marfil. Le gustaba rozarla con lentitud, sintiendo cada uno de sus poros. Notaba como ella se estremecía ante el contacto, lo que le hacía desear tocarla aún más. Lo hacía delicadamente. También disfrutaba de respirarla. Incorporaba su perfume como si fuera el oxígeno más elemental.
 Habían pasado juntos 3 meses. Aprovecharon cada hora, cada minuto. Se sintieron, se amaron. Hasta que un día, tan fugazmente como había llegado, ella se marchó de su vida. Puede que haya conseguido de él todo lo que quería. Se saturó de su aire, de sus caricias, cargó su maleta con el  amor y se fue, dejándolo solo. 
A él solo le quedó el anhelo de esa mirada azul y de esa perfecta piel, a la que todavía recuerda en detalle con solo cerrar los ojos.

miércoles

Exedente


Y paresé enfrente al espejo. Y respire. Más hondo, más. Meta panza, saque costillas. Y respire más hondo, ¡más! Tuerza la columna, incline los hombros. Miresé al espejo. Odiesé. Apretesé la panza. Juege con lo que sobra. Y respire más hondo, ¡más! Miresé de vuelta, ¿Cambió? ¿Cómo que no cambió? ¡Respire más hondo! Meta más panza, ¿Cómo que no puede? Saque pecho, encoja el estómago. Toquesé las costillas, ¿las siente? ¿cuánto? Sáquelas más. Gire para un costado, para el otro. ¡Meta más panza! ¡Respire más hondo! Doble las piernas para adentro. Ahora para afuera. El estómago, ¡no se olvide de encojer el estómago! Meta el pecho para adentro. Saque los hombros para afuera. Marque las clavículas. Ahora relajesé. ¿Cambió? ¿Cómo que no cambió? Meta panza otra vez. ¿Está respirando hondo? ¿Y el estómago? ¿Se ve? ¿Se gusta? ¿No se gusta? ¡Respire más hondo! Pongasé derecha. Ahora encorbesé. Sigue igual, ¿no?

Nos pasa. Me pasa. El ser que desde el espejo te mira te consume más que la sociedad en sí. ¿Qué vas a hacer con eso?

Borradores

Miles de cientos de oraciones que mueren en la papelera. Se me ríen por lo que no llegaron a ser. Cuentos, reflexiones, ensayos, poemas. Voces acalladas, al fin y al cabo. Mi voz acallada. ¿Por qué la callé? ¿Por qué me callé? Me intimidó lo que podían llegar a ser. Fueron, tal vez, justamente lo que tenían que ser. La cantidad perfecta de letras; de haber seguido se habría perdido el significado, se habría desvalorizado el sentido entero del escrito. Pero hoy los miro, incompletos como están, ¿qué les falta? Me pregunto si llegarán a ser lo que quiero algún día, si acabarán por ser monótonos y banales (al cabo de completarlos con letras que no les encajan) o si simplemente, como hasta ahora, morirán archivados.

martes

Veintitanto


Recurrí a lo que siempre recurro, esa metodología tan característica mía. Me di cuenta de que o soy muy predecible o realmente me conozco más de lo que creo (es irónico porque no recuerdo ni donde están mis lunares). Entonces me vi igual que siempre, buscando. Busqué hasta que encontré, porque yo hasta que no encuentro no paro. Pero no quería encontrar cualquier cosa, quería encontrar eso que sabía que me iba a destruir. Y lo hice. Y lo hizo. Y acá estoy, otra vez, es de noche y no me soporto. A nadie soporto. Me acongoja el mal humor. Siento cientos de cosas todas juntas y sacudiéndose adentro de mi cabeza. Che, me creía más inteligente. El que busca encuentra, dicen, y yo busqué y encontré (y sufrí). Me imaginé a ese cielo naranja. Esas calles tan hermosas y las caras rebosantes. Recordé, también. Cuando estoy así de susceptible a mi memoria se le da por funcionar mejor. 
¿Cómo cambian las cosas no?
Me sube, ahora mismo, un humo negro por el cuerpo. De a poquito me va manchando de su opacidad. Me dan escalofríos, pero no de los buenos que acostumbro sentir. No sé bien qué es esto que me está pasando, pero aprovecho a escribirlo a ver si mañana puedo entenderme mejor. Me duele. No mentira, ¿cómo me va a doler? Prefiero la negación y el auto convencimiento de que no me duele. Bueno, yo decía, como soy débil caí en la búsqueda masoquista. Sí, fue una búsqueda masoquista porque iba buscando eso. Vi como cada resplandor blanco me enceguecía un poquito más. Tuve pequeños momentos de regocijo, pero mayoritariamente los resultados de mi búsqueda fueron negativos, "mucho muy" negativos. No sé -ojala que sí, pero francamente lo dudo- si esto que encontré me vaya a servir para abrir los ojos y cerrar al corazón. Porque ahora como estoy lo único que quiero es más. Juro que me aprecio tan poco que si tuviera donde, seguiría buscando. La venda de mis ojos está ahí, por caerse, se tambalea un poco, baja y sube, se ríe de mi, pero al final se queda. Y yo sigo ciega. Mas no ciega, mejor dicho, veo todo pero no hago nada. Sé que tengo que correr lejos de esto pero sin embargo elijo quedarme. Sufro, me duele, me sube el humo negro, ¿y...? Nada. Me quedo acá, buscando más dolor.

Pero bueno, ahora los dejo, que me voy a seguir buscando.

lunes

Contaminación lumínica


Qué reconfortante es la oscuridad, ¿no se sienten más seguros, más confiados, más libres, cuando la luz no está presente? Es como estar en un vacío lleno; lleno de contornos, de figuras inentendibles, de siluetas que se camuflan entre las sombras. Uno siente que puede hacer (y ser) casi cualquier cosa, como si la oscuridad diera impunidad.
Y tal vez sea cierto, tal vez sí la da. Cuando no están los ojos para ayudarnos se tiene que aprender a mirar con otros sentidos, y ahí es cuando la cosa se vuelve linda. Se mira con las manos, con los oídos, con el alma. A oscuras, ya sea sólo o acompañado, uno descubre un lado de la vida que hasta entonces la luz tapó. No nos ciega una encandilante luminiscencia, finalmente podemos solamente ver lo que queremos y hacer solamente lo que sentimos. 
Los ojos en muchos casos solamente sirven para confundir. Ver puede doler. En tantos casos hemos visto cosas que nos destruyeron, piensen que si en esas oportunidades hubiesen estado a oscuras quizás se hubieran ahorrado muchos sufrimientos.

¡Ay bendita oscuridad! Me gusta sentirme abrazada por vos, me proteges. Estás siempre conmigo cuando te necesito, es sólo cuestión de apagar el interruptor.

Sos como una hermosa mentira que no miente, simplemente no cuenta, esconde tras las luces que se fueron lo que no queremos ver.