martes

Zodíaco

"Pareciera que Piscis acepta la desgracia como si hubieran nacido predestinados a ella, es más, no la rechazan, le dan como una especie de "bienvenida". Tan cambiantes como las mareas del océano, así son las motivaciones de Piscis, tan imposibles de comprender. Piscis tiene la gran sensibilidad de captar todas esas corrientes subterráneas que se esconden tras la máscara del comportamiento humano común. Piscis es la romántica incurable del zodiaco  Muchos se defienden y tratan de esconder esta tendencia natural, pero usted nació y morirá romántica. Y por romance no toma lo que se dice "aventuras pasajeras". Usted anhela la magia, y se aburre más rápido que cualquier otro signo. Tiene aguante, pero no paciencia. Si algo le interesa puede pasarlo muy mal pero acaba consiguiéndolo, aunque pierda los nervios. A pesar de ser frío en ocasiones y tener un carácter que asusta a cualquiera, en el fondo y con quien quiere es puro amor. En ocasiones, le encantaría ser más estable, más tranquilo, pero no, tiene temperamento fuerte y no puede callarse con nadie. Es el signo que mejor comprende a los demás o al menos el que se pone en la situación del otro más fácilmente. Espera lo mismo. Difícil de descubrir."

Son las 4 de la mañana y ya no sé como hacer para entenderme, ¿se nota?

lunes

Colorinda

Me enamoré de esa sutileza con que acomodaba su cabello, tomándolo entre los finos dedos y enroscándolo toscamente en toda la mano. Al alzarse la luna, desempolvaba una sonrisa que había estado oculta todo el día y me la dedicaba junto a una mirada de sus ojos color miel. Se acercaba salticando como una niña y se colgaba de mis brazos que se volvían endebles al tacto. Me pasaba una mano por el cuello haciéndome estremecer, y con dulzura mojaba mis labios con un beso cálido y transparente. Sincronizaba su risa a mi respirar porque decía que mis pulmones se inflaban de manera graciosa. Caminaban sus dedos por mi pecho, semejando gotas de agua recorriéndome en un día de calor. Asperjaba al ambiente con su color y su aroma, por eso siempre la comparé con una flor. Y eternamente creeré que eso es. Comenzó siendo un capullo vulnerable moviéndose en el viento de mi otoño. La sacudía como a una pluma y ella se dejaba manejar, esperando florecer en mi. Entonces el tiempo se encargó de traer la primavera a nuestras vidas y conocí todos sus pétalos, pigmentados de tintes brillantes  que relucían como ella. Pero también, como todas las flores, las épocas pasaron y naturalmente se marchitó. Sus palabras comenzaron a hacerse más lentas y breves. Sus suspiros, en cambio, largos y pronunciados. Cortó su precioso cabello y dejó de moverlo con soltura como solía hacer. Cambió sus saltos por un arrastre inerte de los pies y reemplazó mi cuello, al que tanto gustaba de acariciar, por un cigarro barato que parecía consumirla más a ella de lo que ella consumía de él. La flaca enflaqueció todavía más. Todos sus huesos se acentuaron y parecían querer escapar de su cuerpo, cada vez más pequeño y asustadizo. Sus finos dedos ahora simulaban cabos mal atados. Me pregunté en reiteradas oportunidades si mi invierno no sería muy cruel para tan indefensa flor. Mi magnífica rosa no era ya si no una desteñida magnolia pudriéndose en el jardín del ensueño. Echándome la culpa de todo, desganada y putrefacta, la flor se me fue. Fue absordiba por el pasto de otros jardines en donde quizás sabrían cuidar de ella mejor que yo. Recuerdo el último roce de su boca contra la mía. Su entonces blanquecino hocico se acercó temeroso y brutal a la vez, arrastrándome con furia y vehemencia a la pasión de un último beso que deje una huella imborrable en mi. Y debo decir que lo consiguió; recuperó momentáneamente todos sus matices sólo para asegurarse la vida en mi recuerdo, pintarrajeando mi alma con sus colores, los que aún no me consigo quitar.

sábado

Viernes 3 a.m (parafraseando)



    Pasa lento y suspicaz por delante de mis narices. Calmo como suele ser, se tambalea al compás de una música inaudible que vibra en sus oídos. Yo me quedo admirando su impertinencia, esa que siempre me sacude con la ira de un rock pesado bailando sobre mi piel. Me acerco lo suficiente para ver sus facciones y sus ojos me ignoran dulcemente. Con recelo camina de un lado a otro, manteniendo esa despreocupación innata. Pasea y lo siento no notarme, porque un frío me hiela la sangre como tantas veces antes lo hizo.
    La temperatura indecisa aplaca el oxígeno que podría respirar. Se entrecorta la respiración y las pupilas se dilatan. Abro los ojos, cierro los ojos, caigo y los vuelvo a abrir. Cierro los ojos, te miro y caigo profundo en la distancia. Me alejo y admiro tu ausencia insolente. Tanta gente en derredor y ni una cara familiar. Extrañeza y simpatía simultáneas. Corriendo me buscas, trastabillando. Y entonces abro los ojos otra vez.
    La inmensidad se propaga frente a mi y no atino si no a dar manotazos de ahogada, sordos y estufactos, buscando salvarme del vacío inminente que se alza majestuoso por encima de la realidad escasa y abrumadora. Una vida que no me deja ver, y entonces cierro los ojos y vuelo alto por las cumbres de una piel rasa, exquisita, colmada de altibajos en los que juego como una niña que conoce al mundo por primera vez, apretando los párpados fuerte.
    Lo veo arrugar la frente y sonreír, y una mueca piadosa se escurre entre sus zapatos elegantes y su traje mal planchado. Acomodo una corbata invisible mientras la mano más robusta del planeta se ciñe contra mi cintura y los escalofríos me circundan. El aire se tiñe de un rosa furioso e irritante que colorea todo lo gris.
    La mira con ternura, la mira y yo los veo. Juguetea contra la matiz pálida, corriendo como yo también corría. Una pista mucho más interesante por transitar los espera mientras mis caminos se han achacado por la corrosión de las manos traslúcidas que me recorrieron. Empolvaron todos mis senderos, y yo los miro. El cielo es naranja ahora que ya no estoy bajo el. La luna se encarama sobre las aguas negras y el ruido del silencio aturde más de lo imaginado. Pero ya no estoy bajo el. Los admiro desde lo imposible, envidiando la simpleza de una risa sincronizada, de un cruce de miradas perdidas que ahora se encuentran una a la otra, esquivándose con vergüenza. Unos brazos que me sueltan para tomar a alguien más, mientras el cielo azafranado se camufla en el mañana, y yo no estoy en el. 

miércoles

Notar

Quiero caer tan profundo dentro de mi misma que mis huesos colisionen y se quiebren del golpe contra el fondo. Quiero estar en aquel lugar de mi que necesito alcanzar para dejar de quererte y empezar a quererme, para que entonces vos me quieras y el ciclo se repita. Porque solo habrás de quererme en esa breve transición, cuando a vos ya no te quiero y aún tampoco a mi. Ha de ser un arduo proceso por unos pocos instantes de aprehensión, pero la mente ya no distingue qué vale la pena y qué no, por eso anhelo así que ocurra. Caerme, para que me notes en el piso y poder rechazarte cuando te acerques a ayudarme, mientras me desempolvo las rodillas y consigo darme cuenta de que pude ponerme en pie sola. No le temo al dolor de chocar contra la superficie firme al final de la caída, porque sé que es el precio que tengo que pagar por eso que necesito conseguir antes de darme a mi misma todo el cariño que desperdicio en los demás. Yo te quiero, vos te querés. Yo no me quiero, vos no me querés. Algo tiene que cambiar.

¿Hasta dónde tengo que llegar para que se dé ese punto de inflexión insosteniblemente necesario?

¿Hasta dónde llegaré?

martes

Antídoto

¿Qué es la felicidad? Es una nube negra que se poza sobre mi cabeza y no me deja ver. Por ese mismo motivo me la paso ahuyentándola torpemente con las manos. No es para mi, ciertamente. Esclaviza a las emociones y las vuelve sumisas a algo indescifrable, por eso no la quiero en mi vida. La felicidad es mala, turba a la razón y nos desorienta. Yo me encargo dedicadamente de alejarla de mi lo más que pueda cuando se presenta (no la felicidad en sí, si no una breve y jovial alegría color amarillo fuerte). La sonrisa en el rostro ya cuenta los minutos para desvanecerse, la metodología para conseguir ese objetivo nunca falla. Tardé en descubrir que forma era la más eficiente para librarme de ese calvario pero agradezco poder decir que hoy en día tengo un método muy efectivo con poco margen de error. Hasta ahora ninguna 'felicidad' ha podido más que él. Muchos, en tanto, me han dicho que la felicidad es buena, pero bastaron sus intentos en explicarme este concepto al notar mi cara de incomprensión, ¿qué mundo es aquel en el cual la felicidad hace bien y la gente se permite disfrutarla? Los compadezco. Sonreír entumece a los cachetes, pensar en alguien abate a la mente, y no quiero ni imaginar el gasto físico que implica ser feliz todo el tiempo. Yo no me permito ser así. Estar sencillamente postrada es mucho más fácil y reconfortante.
Reconozco cierto orgullo narcisista de mi parte al demostrar la utilidad de mi método para desvanecer la felicidad, pero es que al sentir a mi corazón inflarse de emoción y jolgorio y consecuentemente desvanecerse en el olvido, la negatividad y el dolor nuevamente me es inevitable sentir un profundo afecto por este, el mismo que yo inventé y que me aplico a diario. Bendito antídoto contra lo desconocido, no he sabido más de aquellos quienes decían ser felices y temo por su destino. Se ha vuelto parte de mi día a día, ser mi propia heroína, salvándome de ser feliz.

jueves

Sinceridad, nada literario.


A vos no te molesta no escuchar, y yo no tengo derecho a enojarme al respecto. Históricamente fui una persona cerrada, siempre lo busqué. Supongo que de tanto decir "no pasa nada" la gente se termina cansando de preguntar, pero confieso que la costumbre a que siempre insistan un poco más me desconcertó en tu caso. Admito que siempre me negué tercamente a contar cualquier problema que me acongojase, pero también paralelamente me invadía una desilusión infantil al notar el desinterés en los mismos. Un sentir tan ambiguo y contradictorio que incluso a mi me molesta ser así, ¿qué puedo reclamar? Si yo me lo busqué. Es lógico que no todos somos iguales y que no puedo pretender que todos sean como yo, por irónico que eso suene, pero siendo franca no esperaba que una reacción (o la falta de la misma) me generara tanto. 
Me encuentro permanentemente expectante a una pregunta crucial que desate la catarata de palabras que quiero decir hace mucho, pero aquella no se presenta y de hacerlo estoy segura que la esquivaría con sutileza, como suelo hacer. Entonces, ¿de qué me quejo? ¿por qué me quejo?

Anhelado vacío

Qué vacío más peculiar. Es un vacío que llena. Llena incansablemente al organismo. Lo llena incluso tanto, que la saciedad perturba de una manera espectacular. Todo aquello que obstaculiza al impetuoso vacío acongoja a los sentidos. Dicen que cuando una persona está vacía se siente mal, se ve decaída, incluso se deprime o se violenta  Eso mismo me ocurre a mi cuando me siento llena, estar completa me enoja, me desalienta, me pone en un estadio de hiperactividad tal que todo a mi alrededor se vuelve negativo, y todas mis acciones se realizan con un solo fin. Aveces, lo admito, el vacío me duele, pero es un dolor tan pleno y puro que hasta lastimándome este vacío me ayuda. El estómago se retuerce, la garganta se cierra, los huesos se achican y la piel se agranda; los ojos se humedecen, los músculos pican, la ira sobra. Todo es parte de lo mismo, todo es consecuencia de un llenado incongruente que desencaja en el vacío tan satisfactor. La necesidad de llenarse porque sí carcome a la conciencia por períodos de tiempo que se hacen infinitos.
No, no me gusta estar vacía en cualquier sentido. Lo estoy en muchos, sin embargo. Lo lamentable de la historia es que exactamente aquel vacío que me llena, que me completa y me baña en plenitud, aquel es el que más me cuesta conseguir.

lunes

La resistencia (indecisión)

No quiero ceder ante las miserias de una sociedad gastada que busca que todos seamos iguales, haciendo las mismas estupideces y matándonos de las mismas formas. Pero soy débil y en este punto hasta dudo de mi capacidad de mantener las promesas que me hago a mi misma, que a fin de cuentas son las únicas que importan. Empezás de a poco, vas dejándote ganar por la presión de las miles de caras que te miran aclamando más. Una vez no hace nada. Dos tampoco. Cinco, seis, diez, veinte. Más de lo mismo. Me están ganando y cuando me dé cuenta ya va a ser tarde. Es que aveces es todo gris y solitario, y entonces ahí uno busca una luz, una salida, cualquiera, la primera que aparezca, no importa a donde dé. Es como cuando corrés muchísimo; llega un punto en que, por mayor necesidad que tengas de seguir corriendo, vas a parar, no importa donde. Y así me encuentro yo, terminando en lugares inhóspitos por la simple necesidad de salir de la oscuridad en la que estoy sumida. Dicen que empieza uno buscando control sobre algo, y al no encontrarlo en el entorno cercano termina conformándose con cualquier cosa que pueda controlar. Cualquier cosa. De golpe, casi sin notarlo, estás haciendo equilibrio en una cuerda floja llena de altibajos turbulentos. No sé donde estoy, pero algo me dice que siga para adelante. Un día por ahí pensas una cosa y al siguiente afirmas exactamente lo contrario. Es así de cambiante todo. El cerebro ya no entiende ni qué órdenes mandarle al organismo y se crea un estado de pausa impactante. Pausa tal que lleva al cuerpo a no sentir, lo que agrava todo. Tocar, tratar de sentir, de sentirse. Correr, parar, mirar, seguir, desfallecer. Bajar, mirar, oler, probar, subir, bajar, tratar de sentir otra vez, en vano. Una seguidilla de acciones bobas e incomprensibles que dejan al ser en una nada espeluznante. Se vive como si no se viviera, en automático. Estoy pero no estoy, hablo pero no me oyen - y francamente ni sé que palabras pronuncio-, hago todo sin querer hacer nada, o queriendo, ¿tal vez? Ya no lo sé.
¿Dónde estoy? ¿qué es esto? ¿ahora qué hago? ¿sigo, paro? No lo sé. Un sin fin de preguntas sin respuesta que atomizan las ideas que florecen tímidamente en una cabeza acomplejada de por sí. Quiero esto, pero ¿tendré el coraje de hacer lo haga falta para conseguirlo? Probablemente no. Empiezo la carrera y me detengo justo a mitad de camino, indecisa entre volver a la meta o animarme a terminar la competencia. Misma distancia, sí, pero el camino hacia la meta ya lo conozco, quién sabe que me depara el trecho restante.
No quiero ceder, pero sé que voy a terminar cediendo. (Porque es ceder o perder).

Sueño de una noche de...¿primavera?

Despertó sobresaltada. El calor sofocante invadía sus aposentos. Las gotas de sudor recorrían su cuerpo. La realidad se le había presentado en un sueño, tan bello como perturbador. Con las pupilas dilatadas en la oscuridad y los músculos sufriendo leves espasmos, se incorporó. La madrugada no impediría que anote aquellas ideas que ahora circundaban su mente. Necesitaba plasmar lo soñado antes de olvidarlo, pues podría serle útil cuando en días posteriores necesitase entender sus pensamientos, otra vez.
En su sueño todo era real, la dicha abundaba y las sonrisas invadían los rostros de quien sea que se cruzara. Descubría el mundo que estaba ahí afuera esperándola. Descifraba los enigmas del día a día, sola y acompañada. Sentía la vida por primera vez.
Ya despierta, sin embargo, todo contrastaba de una manera angustiante. La felicidad no existía en este mundo paralelo que transcurría. La confusión reinaba su mente y su alma. No lograba comprender ni un solo ámbito de su vida. Se sentía sola y eso la inquietaba como nunca lo había hecho, ¿cómo era posible que hoy le molestase esa soledad auto infligida que durante tanto tiempo había buscado? Se redefinía de una manera innovadora, pero eso no necesariamente la contentaba. Cualquiera podría verse envuelto en una plenitud rozagante al descubrir una nueva sensación, una nueva necesidad así. Mas ella estaba turbada como nunca antes; rompía todos sus esquemas, todas sus creencias. Se desconocía por completo. Las consecuencias de aquel simple sueño primaveral eran atemorizantes y prometían ser duraderas.
Agobiada y confundida, allí, en el calor de su cuarto, deseó nunca más volver a soñar.

martes

Relieve

Una combinación errónea, ciertamente. Sobra esto, sobra aquello, falta esto y lo otro. Todos los factores llevaron a lo mismo. Qué pasó. Ya pasó. Ha de volver a pasar, tal vez. Un masoquismo incongruente fue la gota que rebalsó al vaso, desatando la catarata sin fin de acciones. Los ojos vivían bloqueados y las lagrimas enjauladas quién sabe donde. Saciedad y vacío simultáneos. El verse tanto lleva a no verse más. La fuerza había estado contenida por meses y se soltó con una furia incontrolable. Una colisión de situaciones que desencadenaron en la catástrofe. Meses después había vuelto a lo mismo, de una nueva forma que reflejaba el caos actual. Entremezclando ideas, conceptos, trastornos y circunstancias la nueva imagen concluía en un rosado relieve rasposo que estremecía a los sentidos (una vez más). Puntiagudas figuras sobresalían del maniquí. A donde viera veía defectos y similitudes espeluznantes. Fue tal vez la pelicula, fueron tal vez las fotos, la música o su propio reflejo lo que llevaron al comienzo. Al comienzo de una nueva etapa de tortura. La cuenta volvió a cero. El comienzo del fin.

domingo

Estado


Calor incesante que recorre el cuerpo, acompañado por un desgano impetuoso que invade al ser en su totalidad. La temperatura sube cada segundo, se siente en el pecho, en el rostro, en los brazos. La insoportable sensación inmoviliza al organismo a cada instante. Se bosqueja un gesto que se disipa inmediatamente acorralado por la oscuridad que surge de adentro. Pequeños momentos de júbilo que se opacan a sí mismos porque se sienten desencajar con el ánimo general. Es creerse desmerecedor del bienestar y hacer todo lo que está al alcance para cambiarlo, porque de todas formas algo habría de salir mal y se retornaría a la circunstancia inicial, entonces, ¿para qué?
Apatía, calor, parsimonia. Golpe de alegría y de vuelta al estado original.