lunes

Y lo que aburre hace mal.

Hubo miel, limón y sal. Dulzura, bondad, confusión, impás, dolor, agobio, rencor. Momentos tiernamente interminables. Y yo deseaba que terminen. Quería volver a sentir mi aire puro, pero el vicio me circundaba y hasta el día de hoy no me abandona. Y digo quería, porque ya me acostumbré a mi realidad entumecedora. Me acostumbre a las ausencias, incluso me acostumbré a las prescencias. Me resigné a adoptar esa forma de ver la vida que todo lo acepta como viene y nada te retruca. Yo, la pequeñita embustera a la que nada le viene bien.
Es como si mi vida tuviera persianas y cada tanto yo las entreabriera y mirara al mundo a través de esa rendija, pero súbitamente alguien se acercara y las cerrara pellizcándome los dedos. Así repetitivamente, cada vez que mi necia persona intenta entender la realidad que hay afuera.
De golpe siento, otra vez. Revivo todo absolutamente todo aquello que me hizo tan
Señor, cómo te quise. Quise como nadie quiere, te di lo que nadie (te) da.
Señor, cómo te odié. Caprichosa imparable malcriada, te odié. La manzana en el árbol muy alta como para ser alcanzada. Y una verdad abasallante que me vendo y me compro yo misma. Y la duda de una respuesta a la pregunta que nunca se hizo.Tengo todo para contestarte, dispará.
Caminan con el arma ellos, solemnes e inconclusos, siguen siendo sombras entre las sombras que me oscurecieron. Caminan y se alejan, no me sorprende, se alejan. Los miro, los analizo, los entiendo, los dudo. Y se alejan. Hablo, converso conmigo misma. Converso conmigo misma porque yo necesito esas respuestas que ellos nunca me dieron, antes de irse. Antes de volver.
Yo tiendo a aferrarme a ilusiones cuando la vida me muestra un perfil que no elijo. Es que, vamos, de entre todas las caras que tiene a mi siempre elige darme la espalda. Y yo ya expliqué que soy todo aquello que no me gusta ser. (¿Expliqué?). Entonces, no me quiero, no te quiero, a vos tampoco, a vos menos, y vuelvo a no quererme a mi. Todo me sale mal porque todo siempre me ha salido mal y el día que erré el camino lo suficiente como para meterme en esta rotonda de malestares ya me lo lamenté bastante. Aún no sé cuándo fue, pero me lamenté por las dudas. Las muchas muchísimas dudas que tengo.
Odio no tener respuestas, no me importa (tanto) que me vengan contestaciones adversas, verdades dolorosas y esas demás aberraciones que lo suelen dejar a uno como desecho de bestias antiguas por el piso arrastrándose, clamando eutanasia. No, no me importa, pero que vengan, que venga algo. No me dejes acá esperándote sola. Dejame, no me importa, pero dejame con tus verdades o tus mentiras.
No entendés, nadie entiende, que no es amor, no es vida, no es cariño, envidia ni odio. Es que ustedes, traicioneros ustedes me despojan de todas mis armas y se van. No sé cómo hacen ni donde aprendieron a hacerlo, asumo que vinieron fallados de fábrica. La cuestión es que quiero que me cacheteen y salgan corriendo, así entiendo algo, porque responderme a mi misma, por más que esas respuestas me encajen perfecto, aunque sea por un rato, hasta que otra me encaja mejor, ya es aburrido. Y lo aburrido es



Aburrido.

sábado


No puedo seguir hundida en la banalidad, negando que vos, Flor de mi vida, te estás marchitando. Me rehúso a la inconsistencia que te acoge hace ya tanto. No quiero verlo, y cuando por un desliz del destino esa verdad se choca contra mi, entonces lloro.
Un olor sube por la escalera impregnándose en las paredes y en mi. Veo que todo se vuelve el túnel oscuro del que me has hablado en numerosas conversaciones. Nadie sabe lo que pasa. Yo estaba tan segura y tratando de regarte, plantita, me ahogué. No te seques, marchita flor mía, tu belleza debe de embellecer mi hogar. ¿Por qué tus petálos descoloridos no quieren dejarse teñir de los tonos más vivos y frescos para alegrarme el alma? ¿Por qué tus hojas se han dejado plagar así? ¿Es que acaso fui yo la que desatendió tu cuidado? Mis porqués ya no te convencen. Te hablo y te hablo, hermosa, pero ya no oyes (y por consecuente, ya no eres) Reviví, despertá, resurguí, te ofrezco toda mi agua, tenés toda la tierra nutrida que quieras, el mundo en un inmenso jardín en donde podés dejarte crecer a rienda suelta y florecer espléndida. Yo tengo fe en que podrías, pero vos no querés verlo. Querés rendirte por culpa de los osados insectos que han carcomido tus hojas tímidas. No te dejes morir, florcita, que yo te quiero. Quiero que brilles para mi, que ilumines estas paredes, que decores este cuarto tan triste, que te vuelvas miles y alegres todo lo que toques. Quiero que brilles para vos, querida, que te dejes florecer al fin.

jueves

Confesiones de verano

   Sentada queriendo escribir estas líneas, siento una mano tersa que juega entre mi pelo. Acostada llorando las penas ahogadas, huelo un perfume cargado de sensaciones. Oyendo las palabras ajenas, escucho los elogios más entorpecidos. Escribiéndole a quien siento que no debería, busco en mi memoria los recuerdos tapados por el tiempo que no deja de pasar confirmando todos mis miedos.
   Escurro una vez más esa lágrima idiota que se escapa sin mi consentimiento y recaigo en lo absurdo del acto de llorar. Veo también todas las debilidades humanas plasmadas en mi y me asqueo. Voy arrepintiéndome letra tras letra que va saliendo de mis dedos. Ésta no es la que quiero ser. Y las metáforas murieron junto a tantas otras cosas que intenté revivir y no pude. Contraigo la cara gesticulando torpemente, mostrando todas esas facciones horripilantes que deja ver al ser humano esplendorosamente vulnerable. Busco inefablemente el vestigio de lo poco que me conformaba pero no lo encuentro. Creo que te lo llevaste vos, o vos, hace mucho ya. Rehuso cada nota que retumba en mi cabeza por el miedo a dónde pueda transportarme esa música, como sólo la música sabe transportarnos a los recuerdos más recónditos que hemos buscado tapar con las banalidades del día a día y un sinfín de mediocridades que no nos terminan de agradar. Es entonces cuando giro la cabeza y te veo. En todos lados te veo, te busco, te encuentro. Cambio incansablemente de parecer y una vez más no hay palabras complejas en las cuales plasmar lo que siento. Envidio a aquellos autores que saben enroscarnos en sus frases haciendo que nos perdamos hasta encontrarnos de verdad. Yo no puedo, no soy así, y si lo era, repito, se fue con vos y me enoja. Vos, que no sabés ni quién sos ni quién quiero que seas, podés ser todo lo que quieras. Si estás en todos lados y generás todo esto, entonces querido mío, el mundo es tuyo. Vuelvo a escurrir una lágrima, pobre boba, quién sabe porqué. La inexpresable saturación alcanzada ya sabe de ser mejor que lo que yo he sabido nunca. No puedo ni siquiera devolverle la fe al destino, que a mi para qué me sirve. 
   Extraño todo eso que nunca viví. Extraño, entonces, una fantasía que me mantenía expectante y traía consigo un suspicaz entusiasmo de saber si con el día que llegaba, llegaría también aquello que andaba buscando sin animarme a admitirlo. El absurdo se entiende al saber que con el tiempo la espera se consumía y se reemplazaba por la desilusión y entonces me enojo. Quiero saber perder, resignarme, respirar hondo y dejar que sea (o que no sea) pero no puedo y es entonces cuando lloro, consumida por la impotencia de aún no poder entender que quizás deba acostumbrarme a que alguien pueda más que yo.
Hombre, ¿quien eres? ¿acaso puedo llamarte hombre? Un pedazo de fragilidad. El niño demasiado alto. Una aglomeración de miedos e inseguridades, una piel adornada de besos, adornada también de un sentimiento desestabilizador; y entonces creo que ese será el último contacto, me derrumbo.
Eso me pasa cada vez que me alejo luego de haber estado tan cerca. Tengo miedo, te tengo miedo, me tengo miedo. Aquel temor tan característico mío ahora te vuelve mi espejo y me veo en vos, viéndote en mi. Tu piel no me quiere soltar, ¿o yo no sabré soltarla a ella? Sentime, por favor. Sentime, amor, porque me desplomo ¿Qué clase de persona hace eso? No te entiendo, no comprendo. Esa vacuidad tan inexacta. Me abrazas como si no quisieras soltarme nunca. Pero cuando te vas jamás vi que voltearas a mirarme. ¡Qué pocas ganas de sentir! ¡Qué imprecisión tan precisa! Estás confusamente organizado y aveces dudo que te entiendas hasta que siento que te entendés sin mi y mi claridad se oscurece. Busco una luz que me alumbre y tu llama no sabe de arder si no cuando ella quiere. Pues será, ¡hombre!, que no te quiero a vos sino a tu simple idea. Será pues que te habré idealizado tanto en la forma de sentir que espero de vos algo que nunca sucederá. Vos no sos, entonces, eso que creí que eras. Sos una simple ilusión de lo que quería que fueras. Y entonces ahora sos y no quiero ver. Me vendo los ojos y sufro, y lloro y luego te echo la culpa.



Créditos compartidos con la Ardilla hace mucho muchísimo tiempo atrás.

martes

De la casa, con olor a té

Una angustiosa decepción ha inundado los pasillos de mi casa una vez más. Por más mudanzas que he hecho no conseguí nunca escapar de esta sensación de antipatía infeliz que suele recorrerme de pies a cabeza cada vez que un animoso viento se filtra por las ventanas y rendijas y plaga totalmente mi territorio. Numerosos especialistas han buscado, infinidad de veces, la solución para parar los torbellinos que rondan mi patio. El clima se vuelve caótico en el ecuador de mi hogar, nadie me supo explicar por qué. No está de más comentar que tiempos atrás el sol reverberaba en el cielo y mis antepasados eran ciertamente felices entre estas paredes, pero ha de ser necesario que se convierta en mi posesión para que el descontrol que traía conmigo se transpole a este desesperante clima que hoy me agobia.

El sol se escondió. El viento me duele. El frío me atrapa y las sombras me esconden. Ya no tengo lugar. Ya no hay paz.

Desatormentémonos.


Ya no huele a té...
Solloza el gris,
la soledad cuelga de tí
pesa tu piel,
llevas el tul azul y la tristeza en tí.



jueves

Por las noches el error


Dicen que el polvo inundaba el aire aquella noche de tal forma que respirar se volvía un suplicio y la tos atoraba las gargantas. Dicen que una luz blanca resplandecía por todos lados. Dicen que afuera hacía un frío que quemaba pero nadie se daba cuenta. Dicen que caí, doy fe de que así fue. Trastabillé entre mis errores, tantos, tan seguidos y tan graves. Digo yo que me dejaron caer y equivocarme. Culpo escandalosamente a los demás, me desligo de mis responsabilidades. De parte de ellas, al menos. Me presento aquí como una niña confundida y desorientada, y presento a los demás como los abusadores de mi inocencia. Los abusadores de mi consciencia. Dicen que cuando uno comete un error algo le pica en la nuca, y otra cosa le oprime los pulmones. Ya no sé porqué siento esos síntomas, nunca lo pude entender. Es casi injusto, es injusto. Mas me ahogan las dolencias. Victimas victimarias. Vencedores vencidos. Creo que estoy jugando el mismo juego, y después ya no entiendo más nada, y después confío, y después dudo. Dicen que me abracé a la calma de algo que nunca había existido. Dicen que disfruté momentos de mentira. Dicen que fue mi culpa. Digo que tienen razón. (Luego, en un ataque de narcisismo o cordura tal vez, digo que es culpa del resto y creo tener razón la mayor parte del tiempo. Dicen que tengo razón).  El futuro y el pasado se me cierran a los costados y el presente se destruye. No hay certezas, no hay realidad, no hay tiempo. No hay aire esta noche tampoco. Como aquella.

https://www.youtube.com/watch?v=vKJmXl8VN0Y

lunes

Don Juan y su bella dama.

Acá te venís buscando, acá te encontrás, y acá te dejo. Llorando lágrimas que ni siquiera puedo llorar, prefiero abrazarme a la fuerza que consigo sacar de los escombros. No fuiste más que una introspección inducida, un paseo por mi interior, un descubrimiento, un cambio a costa de, y no gracias a. Fuiste un recuerdo, tal vez dos. Fuiste increíblemente peor que mejor. Fuiste, y pasaste sin dejar nada en mi; yo tampoco dejé nada en vos. Un desperdicio, dicho brutalmente. Una lección auto impartida. Quizás era necesario saber lo que se sentía, quizás era necesario remover esas cenizas de todo lo mío que se incendió años atrás. Quizás, es verdad, no es por vos. Fehacientemente no es por vos, si no por mi. El tiempo pasa y pasará, las cosas ya volvieron a la normalidad, a tu normalidad. Mi realidad quedó alterada, conmocionada, en revisión permanente. No escondiste sorpresas, algún que otro misterio que pude descifrar con desilusión. No había, realmente, tanta vuelta que darle. No tiene importancia, es verdad, no afecta si no a una persona dañada por la historia previa cuyos por menores, por negados o superados que hayan parecido, dejaron una marca imborrable que hoy se desborda. Podré quejarme, dolida y decepcionada, de los ritmos, de las velocidades, de las decisiones, de las intenciones, del gasto en vano. Me sobre doté de ingenuidad y buena voluntad sin que nadie me lo pidiera, ahora no cabe si no reconocer mi error. Un tremendo desengaño tras épocas del deseo de avistar esas señales que no se veían. Un vaivén que yo sé no pudiste manejar, pero qué necesidad de mentir cuando te gritaban verdades. Supiste ser la negación y la utopía, tu propio anhelo quimérico que, por poco probable que se hacía en vos, ni supe ver que no me involucraba y que nunca lo había hecho.  Me dejé enredar por la confusión ajena, contrarrestando el hecho de que empezaba a desmarañar mis nudos tan ceñidos. Desplazada, me cuesta entender qué diferencia me aquejó. Pero no hay respuesta que darle, fui diferente y alcanzó. Ya no puedo negar ese trato, ya no puedo negar las ganas y la falta de ellas. Ya no tengo reclamos que hacer; nunca tuve reclamos que hacer. Y ya no puedo más, todo se desplomó, tanto tiempo acumulado, malgastado, tanta fe en nadie. La realidad me golpeó y me gritó todo lo que ya sabía pero no quería escuchar. Y no es por vos, es por todos. Tu relevancia es ínfima, sos uno de los tantos, sólo que fuiste el detonante de todo aquello que me negaba. Hoy, un nudo en el estómago, un latido fuera de lugar, una relajación involuntaria de cada músculo, un oído de más, un ardor, un dolor. Y hoy, espero, acá te quedás, mientras yo me reconstruyo como tantas veces antes.

miércoles

-Tengo tanta hambre.
-Sí, yo también.
Ambos saben que mienten, la complicidad está implícita en esa duda que por temor a volverse certeza, se refleja en lo que creen más socialmente adecuado.
Unas pocas frases desacertadas e incómodas merodean a las preguntas que no se animan a ser, porque ellos no las dejan. Comparten tanto, saben tan poco. Rumores nada más, palabras desoídas que se fueron acompañadas por muchos "pobre, qué lástima, no se lo merece" y volvieron en forma de la cordialidad más o menos fingida que los acompaña hoy en su presente. Ambos saben tanto más de lo que dicen, de ellos y de los demás. Pero qué harán, confiarle sus secretos a un extraño definitivamente no. Parecen tan iguales por momentos, y de hecho la vida los llevó por un camino perturbadoramente similar. Casi despierta compasión la forma en que ambos han sabido tropezar con la misma piedra y caer sin apoyar ninguna mano. Hoy uno se alza victorioso mientras el otro aún recorre ese sendero, deseoso de preguntarle a su par la forma de salir adelante. "Y decime, vos que ya lo viviste, ¿cómo se hace?" pero no se lo puede permitir, no puede romper esa complicidad pactada sin previo aviso que los lleva a manejarse con total soltura escondiendo eso que conocen desconociendo, su error en común.

lunes

Ciclos

La humanidad astuta siempre ha sabido catalogar a esto que nos acontece día tras día como un ciclo. Yo aquí, apabullado desde el fulgor de mis años, sé confirmar que sí. Ahora también, con cierta timidez, me atrevo a asegurarles a ustedes, frescos y despojados jóvenes, que es un ciclo mucho más corto que el que todos afirman. Un año, tal vez dos como mucho y sí la suerte está de tu lado, y la historia se repite. Cualquier historia, todas las historias. Se repiten como un eterno círculo hecho de una línea de cobre muy, extremada y delicadamente fina, la cual es recorrida vez tras vez por nosotros, los ingenuos humanos que nos creemos partícipes de un camino nuevo. Es que cegados desde lo absurdo de la cotidianidad no notamos que eso que hoy vivimos no es más que la película ya emitida de lo que ayer sentimos, y entonces nos quedamos perplejos actuando, repitiendo inconscientemente las líneas de un guion que (¿nosotros, la vida?) ya se escribió hace mucho. Nos manejamos conforme a un manual analítico que nos indica paso por paso qué sentir, cómo reaccionar, cuántas lágrimas derramar y cuándo hacerlo. Tiene incluso apuntado un párrafo especial con acotaciones tales como "¿cómo abrir la boca para pronunciar los monólogos más sentidos?", "¿cuántos suspiros soltar en el momento menos indicado?", "¿con qué velocidad quitar los ojos de aquel cuya mirada tanto nos intimida?" y es así y todo como nosotros, los poco sagaces, aún osamos ilusionarnos, sorprendernos, incluso hasta decepcionarnos o enojarnos con aquello que, si hubiésemos sabido leer el libreto, habríamos visto venir. Porque la vida es un ciclo ínfimo que se repite, al cual nosotros nos encanta, por más que duela, ver transcurrir.

jueves

26/08/14

Ávido de una lectura encantadora, no se decidía por ningún libro de su biblioteca. Se paseaba durante horas por delante de ella, rascándose la cabeza con una mano y acariciando suavemente cada lomo despintado por los años con la otra. A veces, muy a veces, tomaba un libro, lo sacaba del molde entre todo el resto, donde estaba perfectamente acomodado, y lo analizaba. Jamás abría la tapa, siquiera se permitía leer el resumen maltrecho que muchos autores osaban poner en la contratapa de sus obras, jugando con la idea de arruinar todo el texto en nombre de generar una intriga que muchas veces era vacía. Simplemente se tomaba unos instantes para olerlos, acercando la punta de la nariz a la cuerina desgastada, al cartón deshecho, para acariciarlos, sentir con la mano la delicada textura de las telas rotosas y ásperas que incluso muchos libros ya habían perdido, para mirar, primero cerrando un ojo y luego quizás el otro, el destello tornasolado que el contorno de cada letra dorada, ocre, plateada, blanca, negra o colorida dejaba ver cuando se inclinaba el libro hacia el sol. Sólo eso le bastaba a él para decidir si el elegido circunstancialmente era o no el libro perfecto para despilfarrar horas y horas de lectura. Sabía excelentemente que no cualquiera podría ser su compañero durante las tardes de lluvia en las cuales el mundo parece apagado y viejo; que no cualquiera podría acostarse junto a él, hasta que de tanto esfuerzo los ojos simplemente se cierren cansados y la mente viaje al mundo a la imaginación en su máximo esplendor; que no cualquiera sabría impregnarse del olor a infusión hecha con delicadeza, ese olor a azúcar derretida y a grano, semilla o hierba despojado ya de sus cualidades. Sin embargo nunca había encontrado aquello que andaba buscando. El tiempo y las repetitivas caminatas por delante de la estantería atiborrada de lecturas posibles se habían llevado sus años. Habían pasado ya tantas tardes lluviosas, ya tantas veces se había ido a acostar sin sueño, ya había desperdiciado el calor, el sabor y el olor de tan numerosas y diversas bebidas, que casi ni distinguía el título, que tantísimas veces había leído, de cada libro al cual continuaba mirando día tras día. Perplejo y falto de sensatez seguía paseándose de acá para allá por la biblioteca, mirando pero sin ver, tocando pero sin sentir, olfateando pero no apreciando ningún aroma, buscando, qué buscando, vida tras vida.

miércoles

¿Cuánto más aguantará?

Cuántas cosas ve derrumbarse con la simple concepción de una idea. Una leve sugerencia que se plantó en el borde de su oído y se fue escurriendo hasta adentrarse por su cerebro en el medio de su mente y ahí se instaló. Mordió, gruñó y luchó con capa y espada para defender su lugar. Peleó arduamente contra los deseos más intrínsecos y produjo las lágrimas más sentidas. Habría de volverse una realidad en el corto plazo mas quién podría haber imaginado la cantidad de destrozos que le implicaban al indefenso ser. Sueños, ilusiones e incluso una realidad destartalada se destruyeron con el simple contacto con aquello que había empezado como una posibilidad y ahora era una inminente verdad. No había margen de error, ya ni siquiera había vuelta posible que darle, eso planteaba y así habría de ser tarde o temprano. El hecho de que fuera tarde más que temprano sólo indicaba el nivel de ingenuidad y hasta una reconocida estupidez por parte de la persona que no podía desprenderse de su cotidianidad tan desdibujada. Ya ni le costaba reconocer que eso que vivía en el medio de sus pensamientos era lo más conveniente pero sencillamente no era lo que quería. Está más que claro que quería lo peor, y lo sabía. Por qué, no es concebible entenderlo. Pero así es, era, es.
Comienza ahora el levantamiento, el débil sacando fuerzas de donde no le quedan para alzarse contra la realidad que viene directo a aplastar. Ha de luchar en soledad para defender eso que es de varios, mas una sola persona parece querer plantarse para pedir que se quede esa mentira que tan mal acostumbrados nos tiene a todos.

martes

V

Extrema injuria acometida contra mi orgullo. He visto desplomarse, deseoso de dolor, a todo mi ego. Intrépidos han huido los culpables, ya hace tanto. Los rebeldes que se han reunido a despilfarrar rencor contra los escombros, sin embargo, son numerosos. Mis defensas están bajas y ya no tengo protección. Expuesta y débil me encuentro, vulnerable, profanable. En tiempos azules supe ser el ejemplo de fortaleza y valentía llevando mi suficiencia como estandarte. Mas hoy me encuentro aquí tan destrozada en lo más bajo del terreno, siendo abatida constantemente por las luchas de aquellos que se mofan de la intención que, tímida y dubitativa, ha intentando alzarse contra ellos. También he visto a los examines resurgir de entre los restos de su integridad para atentar contra la voluntad ajena; duele decir que en esta ocasión fue la mía. Cuentan que solía yo ser aquel guerrero que desplegaba todas sus fuerzas contra los inválidos y hoy, amarga ironía, heme aquí destruída. Pero no he de estremecerme de animadversión por mis contrincantes pues sé que mi entendimiento desde aquí es más claro, y que ellos, quienes con tanto coraje hoy se encaraman en la lucha, mañana sabrán surcar el suelo con sus lágrimas de angustia y decepción buscando la compañía y la comprensión de quien, como yo, resurja de entre la tierra para allanar su desarmada petulancia.

sábado

Llorando tras la puerta

  Surgió efervescentemente de entre un pecho y otro. Comenzó a crecer a pasos agigantados, mordiendo la carne y la piel, llevándose todo puesto. De golpe asomó un calor incipiente, que como una llama que crece fue enardeciendo a los sentidos. Y yo sólo era de estar ahí, acostada mirando, pensando y respirando, buscando la forma de hacer todo eso a la vez, controlando que no se me escape el último suspiro que iba a llevarte tan lejos. Crecía pero creo que no lo viste ni sentiste crecer, ¿crecería sólo en mi, tal vez? Crecía y ¡cuánta confianza te agobia! por eso digo que te vas, y que cuando te vas, yo no quiero que vuelvas. Yo no quiero que vuelvas, porque cuando volvés todo hierve de nuevo y la desmesura de esto entre vos y yo ya se pierde mi vista, de tal magnitud. Hablo como si existiera, como si fuera casi un <algo> que tiene vida y siente, como siento yo, como dejás de sentir vos (¿me creerías si te dijera que antes de poner yo, puse vos? Iluso acto fallido, como si fueras capaz de sentir vos primero...o sentir y punto). Un día abrí los ojos y ahí estabas, pero parpadeé y ya te habías ido. Fantasma, sombra, ilusión, ¿qué sos? No te veo con los ojos, no te siente mi piel, mis oídos no te oyen, te aseguro que mi boca no te sabe y ojalá pudiera olerte. Pero puedo jurar que todos mis otros sentidos están hartos de vos, que vivís todo el tiempo acá, cuidando que esto que crece siga y siga creciendo.
  Cuánto brilla el sol ésta noche, tanto que me he de recostar sobre las nubes para que el viento lo tiente y consiga que saque de mí todo este calor que se generó tan de a poco y que hoy quema tan fuerte.
  Y he de seguir, tal vez, tendida sobre los restos de un aroma que ya no huelo, rendida al lado de un cuerpo frío que me incinera y me hace reír llorando. Expectante, como un niño a la hora de jugar, de que eso que mis sueños contemplan mi ser también lo viva. El goce desdibujado y reconstruido sobre las ruinas de un cariño opaco y una costumbre inexacta (¿acostumbrada a qué?) será mi compañero mientras tu vaivén tan característico invada mi vida. Hasta entonces he de seguir llorando tras la puerta, rogando porque ese adiós haya sido falso, porque eso que crece entre vos y yo, efectivamente exista, porque cuando acabás de irte, vuelvas, porque digas todo lo que espero quieras decir y no te animes, porque seas todo lo que deseo que seas, pero no sos.

domingo

Fantasía

¿Qué se siente que el sol llene tus poros todas las mañanas? Ya no lo recuerdo. 
¿Acaso sacia a tus pulmones el aire tan puro de allá arriba? Acá abajo apenas puedo respirar.
Mis ojos ya no ven entre toda esta oscuridad. El tacto se echó a perder y no reconozco lo que me rodea. Los sentidos atrofiados me convierten en algo inerte y sumido plenamente en la inmensidad. Y mientras tanto, la vida allá arriba sigue transcurriendo, tan feliz y rutinaria como siempre supo ser. Oigo risas que se difunden en el vacío, palabras cuyos significados ya olvidé. Pasos, movimiento, plenitud. Nadie se percata de mi existencia y no los juzgo, aveces hasta yo me olvido que existo estando acá. 
Ellos siguen viviendo tan alegres y confusos como siempre, mientras yo me mimetizo en la oscuridad.

miércoles

Almost ironic
ha, makes laugh between tears.

Oh honey, again, you're loosing you're own game. No, this plot won't twist.

You can't see right now, and I'm speechless watching you crashing wtih the real life. Yes, I've been through this before.
this is good, don't you think? You'll never know. I care, I don't care, I care. Never mind, I'm as deepest as I can be. 
I've even disappeared from your sight.



Was I ever in your sight?

Oscuridades de una mañana.

Qué sombras extrañas te andan persiguiendo. Casi corrés por la calle sintiéndote capaz de huir de ellas, pero las tenés pegadas en la espalda.
¿Es que no te das cuenta que así como nacieron, van a morir con vos? Aunque puede que mueras vos primero, ciertamente. Entonces desprendete, resignate, sometete. No sonrías muecas falsas; éstas sólo sabrán ser las palas que caben el pozo en el que entierres. Ya no importa, no es relevante. Te atormenta, te consume, sí. Qué más da, lo mismo de siempre. Sabés de ser quien arme el propio rompecabezas en que te convertiste. Sabés, también, de buscar entre los escombros las armas para destruirte, y efectivamente conseguís tu objetivo con una sagacidad envidiable. Contradictorio, tal vez. Y es que sos víctima y victimario. Entonces el resto debería ser sólo esa masa inerte con la que se rellenan los entornos... pero no. Al no ayudar damnifican. Tus lágrimas siguen cayendo, nadie se va a encargar de juntarlas. Nadie debería, tampoco, aunque ya vos no puedas. Hay que hacer algo, pero vos no podés y los demás no quieren. Corrés y corrés, y llorás, y te duele, te hiela, temblás, te desplomás. Mas no hay escapatoria, están pegadas a vos. Esas sombras, esos fantasmas, son tuyos. Hacelos tuyos, sentilos tuyos. Tuyos, de nadie más. Quizás entonces descubras lo fácil que era desligarte de ellos.

jueves

whenever I'm with you I feel

Oh darling,

So lonely.

Can you see? This is taking us down
We're running through this empty road with our eyes blinded, stumbling with a thousands stones
But you don't even wanna see it because

sweetheart

you got lost on your self. (And you think
you want me
getting lost with you)

martes

Altanero

No deja de asombrarme la inconsistencia feroz que nos aqueja hoy en día y desde tiempos inmemorables. ¿Es que debo ceder ante la banalidad de lo inexacto? Estupefacta me yergo actualmente y miro alto por sobre hombros ajenos encima de los cuales se posa esa disconformidad tan característica. Impresiona la claridad con la que se presentan los hechos y sin embargo lo turbado de las acciones a los que estos conllevan. Profano lo profundo de mi ego buscando soluciones complacientes ante la altanería de mis semejantes pero estas parecieran no existir... Agh, la resignación inmediata. 
El altruismo se queja, por contradictorio que parezca, y en una batalla con el egocentrismo incipiente, termino vuelta añicos.
 Qué irónico se ha vuelto este círculo vicioso del cual ya ni sé si busco (conseguiré) huir.

viernes

Voy escondiéndome tras mis pasos
emborrachándome del sol
que derrama su huella sobre mis poros.
Suspiro desde el recuerdo,
expectante de la utopía.
La vacuidad inexacta
del momento que no fue,
de aquella risa sorda,
de la caricia inerte
cuyo frío quema
cuyo aire agobia.
Respiro al sentimiento más puro
que se aventura allí, en mi pecho,
que se mofa de mi simpleza
exorbitante y compleja.
Y toda exhausta emoción,
calada ya en el olvido,
hoy se alza entre mis penumbras
desganada, quieta.
El calor ya no la calienta
el ardor ya no le quema.
La incipiente mentira
del truncado beso que no fue
se vuelve ya certeza
entre las quimeras del ensueño.
Y es la esencia de la ausencia
quien ilumina con hastío
la umbría de mi alma.

Pasaje literario

Te oscureces enroscado en esa aureola fantasmal que desde hoy te caracteriza. Mirás de lejos con aires ajenos y tus ojos pasan por arriba de todos nosotros. Aquel rostro ya no es si no sombras de lo que era y un escurridizo recuerdo se posa en la punta de tu esencia. De golpe se te escapa un suspiro y hasta una risa si el día está soleado; venís como si la vida fuera hermosa y te vas con ambas manos por detrás, sin poder aceptar la resignación de tener eso que tanto buscaste. El más victorioso perdedor que jamás haya competido. Unos pasos atrás dejaste a tu corazón acomodado sobre el banco. Entonces, mientras perdías lo poco de tus restos que todavía querías conservar en un abrazo, tus manos se mofaron de la inutilidad de tus actos que no expresaban más que lo realmente tu interior pedía a gritos. Gritos que entre otras cosas nunca oíste porque la sordera se amolda perfecto a personas así. 
Estás rodeado de espectros como vos, porque los haces de luz que te circundaban se perdieron uno a uno en tus penumbras. Sin embargo se te ve bien, aunque puede que ahora esté consiguiendo ver solamente aquello que siempre quisiste mostrar. Los colores se disipan cerca tuyo, y la alegría se vuelve falaz y pasajera. Pareciera que te encantase absorber a la gente en tu oscuridad cuando una mueca de simpatía se escapa de tu vivacidad cotidiana. 
Me pregunto si la parsimonia frenética que te acompaña será solo una manifestación del caos al que querés hacer pasar por orden, o si ingenuamente gasto mis ojos tratando de mirar más allá de una pared que nada tiene detrás.

martes

Pueblerinas- 15/7/13

Eternas calles rebosantes de luz son recorridas constantemente por centenares de personas en apuros. Entre toda esa ansiedad y ese sin fin de despropósitos, 6 muchachas matan el tiempo caminando, charlando, mirando. Se sienten pequeñitas entre las paredes de la gran ciudad. Pero recorren; recorren y ríen. Se olvidan por momentos de todo lo que las atormenta. Mientras hablan todas al mismo tiempo, se escuchan. Están fascinadas con los detalles. Encuentran calles que simulan pasadizos, espléndidos y llenos de color. Juegan como nenas, corren, tropiezan, ríen otra vez. La ciudad las rodea con sus paisajes, y el entusiasmo poco a poco se deja ver en sus ojos. Entre todos los que, cansados ya de la rutina, buscan incesantemente salir de ese laberinto, ellas alegres de estar donde están, sintiéndose extranjeras en su propia ciudad. Y así se distraen, unas a las otras. Así se hacen saber que están, y que van a seguir estando. Así se hacen querer, perdidas en la ciudad. 

domingo

Pero

PRIMERA PARTE.
Frío aplacador y viento. Estoy fría. Soy frío.

Se acerca y me toca. No siento nada. ¿Habré perdido la capacidad de sentir? No respondo. No quiero ver, por eso aprieto tanto los ojos. Un sentimiento me recuerda a otro, y así sucesivamente hasta que se desata la cadena de malestar de la que tanto huía.

¿Qué hago acá, donde no quiero estar? No le debo nada a nadie más que a mi pero...

¿Quién soy yo? Ser yo con los demás, ser yo para los demás o simplemente no ser yo.

Me quedo sin palabras, mis cuerdas vocales se secan y se acongojan. Me invade el desgano y la parsimonia de escuchar palabras que, repentinamente, no quiero oír. Camino, camino, camino, y llego al inframundo. El diablo me espera con las palmas abiertas para amansar a mi frío. 

SEGUNDA PARTE.
Una fuerte presión en el pecho sobrevalora a cualquier sentimiento. Me escondo y esquivo a toda realidad que se quiera hacer pasar por inminente. Huyo, siempre huyo, del calor que sonroja a las mejillas. Hago lo que no quiero y rehúso mis deseos, perdiendo el último rastro de espontaneidad que me quedaba.

Quiero pero...  

Me encuentro yaciendo alto estando aquí tan abajo. Se escapa una muestra de emoción que no sabe de ser. Más mentiras que bajan y bajan y bajan

y bajan

y se pierden.

TERCERA PARTE.
Mi temperatura desciende rotundamente entre tanto fuego. Me hielo. Tirito sin pensar, mi corazón galopa. Mis oídos se ciegan al entorno y sólo escucho una respiración agitada. 

Un reloj retumba, ¿o soy yo? ¿o sos vos?

Cierro los ojos, los abro, los cierro.

Giro y giro, oscilando entre el calor y el frío. Acá, conmigo. Cercanía y lejanía entre las llamas heladas.
Vuelvo a perder la apuesta contra mí misma y un extraño se me ríe en la cara mientras tantos otros me miran con recelo. Todos ellos son yo mientras se mofan a su manera de mi.

Y la huelga emocional se agota y todo vuelve a funcionar. Otra vez me muevo a la par de lo que vivo y el mundo se mueve conmigo. Parpadeo a la velocidad pensada; respiro y lato casi al mismo tiempo sin el frenesí ni la quietud anteriores. Vuelvo a ser.
Entonces es cuando el campo se amplía y ya no distingo horizontes. Toda la nubosidad que había se disipó pero desde esta meta no se distingue la llegada.
Yo no puedo comenzar una carrera así.

Hielo y ardo simutáneamente otra vez. Me golpean las ideas una vez más. El infierno se congela; ya tan sola.

Quiero ser para y por mi, pero.

viernes

Falaz

Buscamos desentendernos de las personas como si sus acciones no fueran martillos volando violentamente hacia nuestra cabeza. Sentimos al paso del tiempo doler bien adentro nuestro. Buscamos reemplazos y sustituciones para llenar nuestros vacíos con alguien más. Estamos tan inquietos en el medio de la ola que suponemos que la mano extraña podrá darnos la calma que necesitamos para vernos ya fuera del peligro del mar. Una suerte de salvavidas existencial que acaba por ahogarnos definitivamente. La mano no ayuda si no que empuja. Una risa y un suspiro que acaban en su ausencia. [Tengo esto y quiero esto otro, esto que me falta, que siempre me faltó; quiero tener esto y no puedo, no puedo porque soy incapaz, ser incapaz es algo malo, algo malo que sólo tengo yo, la única persona incapaz de tener eso que quiere y no puede.]  Y entonces la vida se achica y la razón se vuelve oscura. Algo oprime al pecho con fuerza [y debajo estoy yo queriendo lo que no necesito porque no puedo tenerlo. Buscando llenar casilleros al azar con complementos inútiles que parecen adecuarse a la vigilia eterna de esperar eso que creo que me falta porque todos los tienen y yo también lo quiero]. De golpe el caos se interioriza, ¿y qué me falta? ¿cuánto lo necesito? Querer no es necesitar y necesitar no es querer. El cable que me conectaba al resto se rompió mientras miles de cientos de cables más trazan el camino que me condena. Un día abriste los ojos reconociendo que todo había cambiado, y entonces no los cerraste nunca más. El desazón impetuoso atormenta a la masa de agua tan agitada. Córtame el cuello. Castíguenme como quieran. De repente la lluvia cae otra vez sobre las aguas. Cada gota se pierde y se mimetiza con el azul oprimido y el pequeño ser ahogado se zambulle en la profundidad de sí mismo buscando una sola certeza en tan exorbitante mar de dudas.

jueves

Algo escrito alguna vez

Uno que mira de reojo 
otro que aparte la vista
un abrazo de lejos
una caricia ausente
un desencuentro eterno
entre tu mente y mi mente.
Indecisión decidida
que se anima y no se anima
y te mira
y me mira,
respira y se altera
tal vez por demás
tal vez la vida entera.

Yo no sé de mañana
sólo sé que vos tampoco
pero el presente no existe
y el futuro se nos va de a poco.
Trastabillando en silencios,
se pronuncian más que nunca
las palabras que más duelen
aquellas que eco no tienen.
Respuestas que son preguntas
momentos que de deseos se hacen
y una punzante certeza;
tal vez la vida entera.

lunes

Realidad

*Todo es rosa: el futuro se alza por sobre la nariz irritada por el viento helado. Alegría, paz, calma, ilusión. Sonrisas en los rostros cercanos. Calidez. Comprensión. Comunicación. Seguridad, certezas. Te tengo, los tengo, me tienen.

*Todo es gris: confusión, dudas. Brazos que te sueltan, abrazos que te faltan. El frío golpea rotundamente a la debilidad del ser. El viento y la lluvia paralizan. Todo se torna inestable. Tambaleás.

*Todo es negro: agitación, maltrato, verdades, dolor. El frío, el viento, la lluvia, el sol; hieren y derrumban cualquier fortaleza falsamente construida. Palabras que salen y salen sin rumbo aparente pero llegando a destino. Se clavan como puñales. Cuatro paredes en soledad. Laberinto infinito de aislamiento y desamparo.

La vida como un dibujo en blanco se colorea, pintándose y despintándose de emociones y sensaciones que concluyen siempre en lo mismo. Casi cíclicamente se borra el rosa, para dar paso a un gris intermitente que no acaba si no en negro. Siempre negro. Cada vez más opaco, cada vez más corrosivo. Y nadie lo ve, nadie lo siente. Sólo aquel pobre infeliz dueño del dibujo desteñido por los años notará la ausencia y la presencia de las matices lastimosas, y mientras una mano intentará en vano borronear la negrura, la otra oscurecerá la ternura rosada con el renegrido valor de la realidad.

sábado

Escritura alternativa de un día lluvioso.

No puedo evitar esa sensación de vacío, esa impresión de estar tachando algo incompleto de una lista larguísima atiborrada de inconclusiones. Día tras día de lo mismo y lo mismo y lo mismo. No apuesto ni gano pero tampoco pierdo. Hago y deshago todo por la mitad, me vacío y me lleno siempre parcialmente. Gran parte de mi no existe hace mucho y ya no sabe de ser. El tiempo va pasando y yo sin hacer lo que quiero. Veo como las chances pasan fugaces delante de mis ojos y no las atrapo. Se me ríen por la incompetencia de dejar ir todo, de no pelear por nada, de optar por lo seguro, de ser así, de no dejar nunca una marca en nadie, de ser de aquellos cuya obra se olvida, si es que obran siquiera. Todos me olvidan, tarde o temprano. Mi cara se les borra, mi nombre se les confunde. Mis acciones no los marcan, mi ayuda no les ayuda, mis maldades no les lastiman.
Mientras mi vida no tiene la menor incidencia yo sigo así, por la mitad, faltándome algo que no sé por donde empezar a buscar, pensando que ya es tarde para completar lo vacío, para arreglar lo roto. Pensando y pensando, siempre. Quizás por demás. Seguramente por demás. Ciertamente por demás. Pensando en vez de vivir. Pensando en vez de atrapar esas oportunidades que día tras día me siguen sobrepasando.

Descargo emocional

Paréntesis: necesito un abrazo que no se termine nunca. Necesito compañía. Necesito saber que todavía hay esperanza de reconstruir todo lo roto. Necesito saber que este vacío se puede llenar con algo. Necesito quererme y sentirme querida. Necesito poder querer. Necesito una mirada. Necesito que me vean y vean lo que soy, y no lo que quieren ver. Necesito la verdad porque para mentirme me tengo a mi. Necesito que me escuchen. Necesito que les importe. Necesito dejar de llorar y llorar al mismo tiempo. Necesito que junten todas las lágrimas que desperdicio. Necesito dejar de ser simplemente polvo de lo que era. Necesito volver a ser algo. Necesito ayuda. Cierro paréntesis.

Mi libro favorito

Maite escribe en una hoja, yo la miro desde lejos. Escribe y sus ojos se mueven veloces siguiendo a su muñeca inspirada.
Maite me mira y sonríe. Deja toda su actividad un instante sólo para mirarme y sonreír. Sigue escribiendo.
Yo no sé que escribe, yo no puedo leerla. No deben confundirse, son dos cosas diferentes. Yo no sé qué está escribiendo; no sé que palabras atormentan su cabeza y escapan por su mano sobre el papel en blanco. Yo no puedo leerla, no puedo descifrar en esa sonrisa solitaria el porvenir de sus acciones, no podré, mañana cuando se vaya, haber previsto en lo más mínimo sus pensamientos y mi abandono porque, como dije, yo no puedo leerla.
Comparar a una persona con un libro es osado, y más aún tratándose de Maite. Ella está tan repleta de letras por todos lados que la literatura más compleja y extensa no se encuentra a su nivel. Pero, por otro lado, todos tienen una historia para contar, como los libros. Relatan o callan infinidad de hechos, según quien se atreva a involucrarse con ellos, como los libros.
Maite es un libro roto y destartalado, de esos libros antiguos que uno encuentra en la biblioteca de la abuela, cuya tapa se ha perdido vaya uno a saber cuando, cuyas páginas amarillentas ya casi no dejan dilucidar las letras (quizás envueltas en manchones de café o agua o hasta borroneadas por el tiempo mismo). Y heme aquí, desde mi sillón justo enfrente a su vida, tratando de leer casualmente un libro que lleva su nombre, ojeando con torpeza las páginas rotosas y no tentando al destino a que me quite mi libro en el preciso momento en que empiezo a abordar su lectura.
Maite se va. Termina su escrito, me mira con recelo y desenfado (ya sin rastros de aquella sonrisa minutos antes). Recoge uno por uno sus útiles, sus hojas, las escritas y las aún en blanco. Maite llora, yo no sé porqué. Maite dice que yo vivo en su cabeza, que no soy simplemente un libro a quien pueda leer. Que se irá antes de que yo, ávido de lectura, termine su historia antes que ella la mía. Que sus ideas la torturan y que yo no la entiendo. Que yo, estático desde mi sillón, contemplándola, jamás podré ser la inspiración que sus escritos necesitan, y que tampoco soy legible a sus ojos, que soy un libro cerrado y perdido, de esos que se olvidan en biblioteca ajena y de los cuales nunca se sabe el final.
Maite me escupe todas esas palabras que cortan con el silencio armonioso en el que nos encontrábamos y se va. Se va entre lágrimas y agonía. Se va dejándome solo el recuerdo de su sonrisa y un par de hojas en blanco, para que, según ella, pueda, escribiendo, llenar el vacío que deje su ausencia. Según yo, el vacío que deje mi libro favorito.

domingo

El mejor juego

Quiso arriesgarse a un juego desconocido. Desplegó el tablero con toda su majestuosidad, acomodando con paciencia cada pieza en su lugar. Se tomó su tiempo para examinar exhaustivamente a su contrincante. Revisó los detalles cotidianos; el leve temblequeo de las extremidades, la manía inquieta de acomodarse el pelo, como paseaba sus ojos rápidamente por toda la sala sin posarse en nada, la forma en que constantemente humedecía sus labios, cada gesto era fundamental para descifrar la calidad de jugador que sería su oponente. Las miradas se cruzaron de repente, inesperadas. Se analizaron mutuamente, se encontraron y desencontraron. Rivales, opuestos, ambos buscaban ganar, aún cuando la seguridad de uno se reflejaba en la duda y el miedo del otro. Confiado, tomó los pequeños cubos numerados entre sus manos. Los batió, los miró, los sintió con sus dedos, analizando cada hendidura que los puntitos negros hacían en el objeto blanco. Respiró profundo, la suerte estaría de su lado como siempre. Respiró nuevamente. Respiró una vez más. Respiró fuerte, llenó sus pulmones de oxígeno pero la sed de aire no cesaba. Respiró con la esperanza de que aquel respiro fuera el último. Respiró, cansado y jadeando, respiró. Respiró a los gritos, apretando los dados entre los dedos. Respiró obligando a sus pulmones a calmarse, siguiendo al latido galopante de su corazón. Respiró y todo se volvió oscuro, toda su determinación se desmoronó sobre el tablero. Su vigor se retrajo, todas sus certezas se volvían incógnitas. Miró a su competidor entre respiro y respiro. Aquel indefenso y dubitativo ser que antes tiritaba a la par de una palpitación repetitiva, ahora se alzaba creído y certero frente a las narices de él que, disminuido entre sus contradicciones, rindió sus fuerzas y arrojando los dados fuertemente contra la mesa se dejó vencer por el mejor jugador del mejor juego jamás jugado.

martes

Do not read.

Todos buscamos algo. Algunos buscan cosas más simples, más realistas. Otros persiguen ideales imposibles (y no caigan en la trivialidad del 'no hay nada imposible', ya estamos grandes para cuentos). Trato de encajar en la búsqueda de todos, trato de darles lo que necesitan, de estar siempre dispuesta, de prestarles atención, de ser aquella que los escucha cuando nadie más lo hace, de ser esa palabra de consuelo cuando ya están tan hundidos que ni siquiera pueden clamar por ayuda, de ser incluso el silencio que los calme cuando más aturdidos estén. Trato, pero nunca alcanza. Incluso yo me saturo de tratar constantemente de ser aquello que andan buscando en cualquier contexto. Mi búsqueda implica ser el resultado de las suyas, pero nunca de la mía propia.
Paréntesis: repentinamente todo lo malo se proyecta. La culpa ya no es mía, son ustedes con los demás. No soy solo yo, no fui solo yo. No. El mundo pedía todo lo que hoy yo ofrezco, ¿lo sabrá? Cierro paréntesis.
 Me canso y así no funciona.
Buscaban algo y (espero) lo encontraron (en mi). Al menos lo intenté.

sábado

Criatura

La criatura está envuelta en sí misma, lágrimas caen por su rostro. Se ve tan indefensa, tan despreciable,  se ve tan como no debería verse. Yo me armo de coraje y la enfrento. Las lecciones de moral son en vano en situaciones así pero es peor quedarse callada. Repetís palabras que ya dijiste pero la criatura sigue sin entenderlas, mirándote con perplejidad. Pequeña, si pudiera quitar toda la confusión de tu mente lo haría sin dar vueltas. Estamos aquí, sufriendo las mismas catástrofes; hay quienes pueden más con la realidad que los rodea, ciertamente vos no sos uno de esos casos. No puedo más que aconsejarte con torpeza, trastabillando entre las palabras. Las lágrimas también caen de mi rostro pero no encuentro forma de quejarme viéndote así. Dejá, quedate esta noche conmigo, te voy a cuidar como pueda y como me dejes. Voy a devolverte débilmente todo el amor que me diste, todos los cuidados, las noches en vilo. Voy a desenredar cable por cable toda tu cabeza, aunque dudo que eso aclare tu pensar. La criatura ahora se yergue sobre un humo opaco y nocivo que circunda su presencia. Solloza con la convicción destruida y una fragilidad innata. Sigue haciendo oídos sordos a todos mis consejos, lo que no dista de la costumbre. La criatura no puede consigo y menos con alguien más. La criatura llegó al final.

jueves


Te gusta, te molesta, te decepciona, te llena, te desahucia, te lástima, te gusta otra vez. La simpleza en el desencuentro con lo esperado se vuelve marginal. A mi me estoy esperando, a mi y a todo eso que me falta y que no consigo junto a nadie. Extrañarse a sí mismo es mucho peor que extrañar a cualquier ajeno pero la mente tan básica siempre busca traspasarle la culpa a alguien más. Pasan las horas y la realidad se asienta cada vez con más firmeza. Las cosas cambiaron y esos cambios no tiene retorno. Olvidate de lo que fuiste; murió. Tus necesidades, tus sueños, tus deseos, todo cambió y aquello a lo que estabas tan bien acostumbrada no es si no una sombra que no te permite disfrutar el presente, sabiendo que lo mal que se sentía en el pasado no es nada en comparación con el malestar actual. Las preocupaciones cambiaron también, subyaciendo las banalidades más despreciadas con anterioridad. Te convertiste en todo eso que nunca quisiste ser, y estás sufriendo las consecuencias.

Insomnio


Estás por ceder ante el sueño, consumida por un cansancio insolente, y un aventurado pensamiento se acomoda dentro de tu cabeza y comienza a crecer desmesuradamente trayendo consigo a ideas atrapantes, recuerdos casi obsoletos, pensamientos sin razón de ser y otros tantos factores que te mantienen en vilo la noche entera. Sólo el sol trae calma, y aveces ni siquiera. El silencio es una ilusión porque el mayor ruido está adentro tuyo.

Ya ni en sueños se consigue la paz, todo aquellos te persigue estés donde estés, incluso dormida. Soñar no implica descansar y esto es el ejemplo más claro. Te despertás extenuado, como si el día estuviera por terminar. Te invade un desgano que va a convivir con vos por el resto de la jornada, y así diariamente. 

Vivís casi por costumbre, fingiendo el día a día y respirando inertemente. Te motivas anhelando deseos irreales que al caer la noche desarman su posibilidad y te dejan así, tan sola y desconsolada como la noche anterior (y todas las anteriores también).

Atemporalidad

Un pasado poderoso y un futuro prometedor opacan a la mentira del presente. La ilusión conjunta se desilacha. Y es entonces mirar en unos ojos que no reflejan nada, y extrañar algo que nunca fue. Tanto desperdiciado por la sombra de lo que fue o será. El tiempo murió arrastrando consigo a chances superfluas y malgastadas. Noches enteras en vilo a la espera de nada. La imposibilidad absoluta y nunca tan exacta. Ni un mínimo mérito, y qué se va a hacer. Por algo dicen que estas cosas siempre resultan así. Atormentándose bajo la realidad que tan poco tiene para ofrecer, pero no todos los notan. Algunos, más fácilmente que otros, se dejan engañar por la banalidad. Ese lapsus atemporal de la risa compartida que, a fin de cuentas, no vale nada pero consume verdades que van a quedar escondidas y lastimando eternamente.

(Inconcluso)

domingo

Cómo vas a pretender encontrar la respuesta a una pregunta que jamás tuviste el coraje de formular. El dolor y la angustia ya te cegaron por completo y las posibilidades se achican. La realidad cada vez te golpea más y más fuerte porque tras cada golpe te seguís levantando aún más ingenua que antes (siendo eso posible). No te das cuenta que todo es un ciclo y nunca nada va a cambiar, ni que ya no depende de vos. Es ese entorno que te rodea el culpable. Pensandolo mejor, 'que te rodea' es un frase muy desafortunada tratandose de esto. Ni tu entorno te rodea ya, querida mía. Te han dejado sola, por mal que te pese. Vos lo buscaste en parte, el destino hizo el resto. Te cruzaste con los equivocados en el momento más inoportuno. Jugando como una niña fuiste girando, enroscándote en la tela infame de la soledad. Tu pasado va a vivir siempre con vos, te vas a encargar de eso. Tu futuro ya está manchado de la misma porquería que tanto trataste de evitar, inútilmente. Los miedos forjados crecieron volviéndose indestructibles; te dominan, te consumen. Nadie los ve pero están, y luchan con afán dentro de tu cabeza., hasta que acaban por controlarte. Agotada te rendís y tras un arduo proceso interno, te levantas y la esperanza vuelve a reinar. Pero poco ha de durar, los ciclos no tardan en recomenzar. 

martes

El gigante

Ínfimas verdades recubren al gigante. Empapelan su peluda y robusta complexión. Mientras lo atosigan incansablemente, él solo quiere yacer, sosegado, y descansar; descansar en el infinito de una realidad semejante pero diferente a aquella que lo azuza. Imagina escenarios alternos que lo conforman, por un instante al menos. Consumido y dudoso se altera con facilidad, pero la parsimonia ya se adueña de el y un temblequeo de sus pesadas patas se vuelve costumbre. Toma todo lo que le molesta y lo arroja a la basura. Ingenuo. Se entretiene consigo mismo pues no tiene con quién más jugar, ya que todos aquellos que lo rodean no son más que inmiscuidos que buscar perturbar su frágil estado. Su pelaje es cálido y emana un perfume ancestral. Sus movimientos o demasiado lentos o exageradamente bruscos. Las verdades que lo recubren brotan a borbotones, lo asustan, lo ahogan, lo matan. Quién diría que un gigante de tal magnitud aplacaría toda su grandeza ante unas simples certezas.
Aturdido y machucado se echa al piso causando enormes estruendos en los alrededores. El pobre coloso vencido pierde toda su majestuosidad, rendido sobre el suelo y lastimado quizás incurablemente. Todo aquel que lo seguía molestamente se ríe por última vez de la desgracia ajena y vuelve a su desinterés habitual. Por fin el gigante consigue la paz que tanto buscaba pero, ¿a costa de qué?

domingo

Encierro


El cuerpo resulta una jaula imponente. Encierra sensaciones y pensamientos. Cada hueso asemeja un barrote y el interior es la celda más oscura jamás habitada. Una mente prisionera de las inseguridades de un cascarón tosco y desaliñado  Sólo se consigue la paz por unos breves instantes, tras horas de vigilia y desazón. Acostumbrarse a la idea de un calvario voluntario contra la plenitud culposa se vuelve parte del día a día y así se ataca a sí misma la persona en cuestión, que espejo mediante se descubre minuto a minuto. Analiza su jaula; la toca, la siente, la recorre.

¿Cómo encontrar la libertad estando tan encerrada dentro de su propio cuerpo? 

La inestabilidad y las dudas la corroen y los 'sí' tambalean tornándose en 'no'. Todo se acumula, aunque lo nieguen. Las decisiones ayer tomadas mañana teñirán el cielo de rojo y a la piel de gris, por eso aveces la valentía no se refleja en lo que hacemos si no en lo que dejamos de hacer. Diariamente te desconoces y tu reflejo ya no refleja nada que quieras ver. Encerrada de por vida, buscando amoldar esa prisión permanente a las ambiciones ajenas (y, hoy por hoy, propias)

martes

Diáfanas

Transparencia. Intangibles, invisibles. Están pero nadie las ve, nadie las siente, nadie nota su presencia, excepto yo. Su imperceptible forma de estar no es más que un recuerdo de la oscuridad corrosiva. Expuestas parecen camuflarse aún más con la vida misma. Las miro, yo que soy la única que consigue verlas. Las analizo. Etéreas, delicadas, mías. Son el poder y el control. Son el poder controlar. Son historias que probablemente nunca cuente, ya que a nadie le interesa escucharlas. Son y serán, porque hasta cuando ni yo las veo, las siento presentes. Probablemente no pueda olvidarlas nunca, puede que mis ojos proyecten su existencia eterna, puede que realmente existan eternamente. Pero no puedo confirmar nada de eso ahora, no son más que una incógnita. Una incógnita que nadie ve.

viernes

Sensación

Los pedales sueltos, los pies sobre el travesaño. La rueda girando a toda velocidad, los autos viniendo de frente. Carrera en bajada. Esa sensación de que todo puede terminar en cualquier momento que da plenitud y adrenalina. La vista gira sin parar, no hay puntos fijos. El cuerpo se tambalea a la par del mundo. El ser se siente desvanecer constantemente pero sigue en movimiento. Ágil, trastabilla y sigue. El viento contrario despeina a su antojo. La gente pasa y sigue sin mirar. ¡Quieta! Mira para los costados y no se ve nada. Las aguas calmas, las caras felices, concentradas, nerviosas. Cuerpos inertes movidos sin gracia por el destino. De repente todo se vuelve negro y gira sin parar. Pero ella sigue, confiada, rebelde, temerosa. Sólo el ruido de la rueda contra el asfalto puede sonar más fuerte que su cabeza. Cae al piso con fuerza, aprieta inquietamente las sienes con las manos. Junta las rodillas y las abraza. Se acomoda las mangas, se remanga solo una. Se para y sigue. Bocinas lejanas, luces que encandilan. El mundo gira cada vez más rápido, ¿o será ella quien lo hace? De ser así, no se quiere detener. (...)



jueves

Dual

 Sos luz y oscuridad. Sos lo bueno y lo malo. Sos el protector y la amenaza. Inspiras (miedo). Te amo y te odio. Me duele que no estés y que estés. Te extraño tanto que no quiero verte. Me ves y te ves, eso es lo que te asusta. Porque sabés bien que vos mismo sos el único capaz de ganarte y, al igual que yo, no querés que te ganen. Gritas para acallar a las voces en tu cabeza, ¿hablan tan fuerte como las mías? Vos encerrado ahí y yo encerrada acá, es todo lo mismo. Pero nunca juntos, no, nunca juntos.
 Mis lágrimas son tuyas, absolutamente todas. Te las regalo para que las guardes y hagas con ellas lo que quieras. Acomodalas en una repisa y dejalas empolvarse. Ordenalas de mayor a menor, de más a menos brillante. Bebelas. Tiralas. Hacé lo que quieras, son tuyas, yo ya no tengo el control sobre ellas.
 Te empeñas en demostrar vulnerabilidad y producir compasión y haciendo eso solo conseguís que te teman y te repudien. En cambio, cuando la ferocidad se apodera de tu ser, yo puedo ver como brillan tus ojos. Yo veo a ese nene maltratado pidiendo reconocimiento. Pero lo siento, yo no puedo ayudarlo. Ni ayudarte. Vos sos vos y tus complejos me exceden (los míos me exceden). Clamas ayuda que yo no puedo otorgarte pero tu cabeza, indefensa, no lo comprende.
¿Cómo que no puedo ayudarte? Será que no quiero ayudarte. No, perdón, no puedo, ya es tarde para mi.
 No me des nada, no puedo retribuirtelo, ¿entendés? No tengo nada para darte. No quiero darte nada. Aprender de tus errores es de sabio, aprender de los ajenos aún más. Acá estoy yo, aprendiendo de tus errores, deberías estar orgulloso, pero no lo podés ver porque las lágrimas también cegaron tu visión.