domingo

Año nuevo

En todo momento supe que el 2026 iba a ser un desafío. Los astros y el tarot no tardaron en avisarme que movimiento de tablero iba a venir por el lado de los vínculos, y dos meses del año alcanzaron para darme cuenta que en el corto plazo, todo el mundo que conocía se me iba a poner en jaque. El año comenzó con viejas amistades reapareciendo, y otras desapareciendo. Con vínculos tirantes queriendo romperse y con personas distantes acompañando la distancia que yo misma estaba manifestando. La necesidad de volverme mi propia compañía y adaptarme a eso, como si se estuviera por volver mi próxima realidad, fue inminente. 
Pude estar tiempo sola, y si bien la adaptación es lenta, aún siento que no es del todo lo que quiero. Hay tanto conflicto adentro mío en este momento que las incontables guerras que se están sucediendo afuera se sienten irrelevantes -no lo son-. 
Comencé sintiendo que algo se apagaba adentro mío, que todo mi cuarto se enfriaba, que nada captaba mi atención, y hoy me encuentro sobreestimulada, sintiendo que todo arde dentro y fuera, mirando hacia todos lados alterada sin que saber qué foco del incendio abarcar primero. Creo que voy a tener que acostumbrarme a estos cambios.
Quizás la época de mi cumpleaños no ayuda, todo me sensibiliza, todo me hace sentir insignificante e invisble en un mes en el que sólo quiero ser cuidada y querida en voz alta. Todo se está rompiendo y un momento de tanta vulnerabilidad personal no hace más que dejar expuesto esa realidad abrumadora de que ya nada va a ser lo que nunca fue, lo que siempre quise que sea. 
Me río mientras lloro y tiemblo y es ridículo contar que no es la primera vez que esas emociones me atrapan en simultáneo en esta última semana. Oscilar entre la extrema apatía y la posibilidad de sentir todo al mismo tiempo es repugnante y doloroso. 
Estoy muy cansada. 
No sé cuales son los pasos que siguen, no sé qué se espera que haga, ni si hay alguien esperando algo de mi porque ya no entiendo cuál es mi rol en este mundo, en mis vínculos, en mi familia, en la sociedad, ni en prácticamente nada de esta realidad.
Quizás pueda abrazar esa presunta invisibilidad y volverla mi identidad, quizás encuentre goce en tener entre mis manos la posibilidad de borrar todo y empezar de nuevo porque nadie me necesita demasiado, nadie está pendiente de mi y todo aquel a quien podía decepcionar, ya fue decepcionado. No soy muy buena en nada. Es anecdótico pensar que siempre creí que lo único en lo que era buena era en lo interpersonal y este año me trajo la certeza de que no entiendo nada de relaciones, ni de los demás, ni de mi misma. Quizás no estoy lista para encontrar todo lo sano que la vida me depara o puede que la vida no me depare nada en particular, porque tal vez esa fuerza omnisciente que creo que maneja todo y tiene un plan perfecto para que yo sea feliz algún día, no existe.
Y eso no tiene que significar mi fin, si no, quizás, mi nuevo comienzo. 

jueves

Todoporlamitad

Una intrépida agonía me sofoca, 
inconmensurable, muda. 
Desconocida pero sagaz, se vale de mi verdad
así como de mi duda.

Me consume y me atrapa
me gusta, me mata.
El desasosiego reina 
y el vacío ataca. 

Tanto deseé sentirme en calma
sin sospechar que el anhelo
por pretencioso acarrea 
siempre tormentos al alma.

Hoy retracto mis palabras,
sueño mis dolorosos recuerdos
que ante tal vacuidad vigente
simulan excelsas fábulas. 

Qué será de mi ser en pena
cargando con las cadenas
de haber conseguido perder
todas mis cargas innatas.

sábado

A título informativo: desplume literario.

Qué incongruente esa necesidad de dejar de leer para comenzar a escribir. Es ridículo tener que admitirnos igual a todos aquellos que ingenuamente creen que la literatura los inspira. Es como decir que la comida les da ganas de cocinar. Causalidad, supongo. No estoy segura de mis palabras, no importa. La cuestión importante es el ahora. Iba a preguntarle a algún lector imaginario si estaba en lo cierto pero para qué, si quizás ni existís, y si lo hicieras no podrías comunicarme tu respuesta de todas formas. Entonces sigo, el ahora. No hablo de este ahora inmediato, que vendría a ser el verdadero ahora. Este "06:17 am" de un sábado. No, tampoco exageremos. Hablo de un ahora más "este último tiempo", "hace un par de meses", el ahora, bah. Entonces, mi ahora vendría a ser algo tan irrelevantemente interesante que se los paso a contar. Estoy como en ese limbo de haberme vaciado de palabras lindas, de esas palabras lindas que te salen sólo cuando ya estás por tirar la toalla. Esas que encontras en partes recónditas del diccionario y que se te pegan por semanas sólo porque aprendiste una palabra nueva. Bueno, de esas yo conozco muchas, lo cual no indica que yo sé mucho, si no que me rodeo de gente que sabe menos. Cuestión, las sé, y abuso de ellas en reiteradas ocasiones. Este no es el caso; esto no es una poesía, no es la descripción romántica de un suceso, no es el simple y precioso plasme de mis porquerías, ni nada de todo eso a lo que tengo mal acostumbrados a mis lectores imaginarios. No, esto es una simple transmisión de ideas que se tenía que dar, porque por si no lo sabían ya no soy esa aficionada obsesiva de la escritura, que día por medio vomitaba palabras a las que el mundo parecía encontrar con un sentido ameno. Extraño ser esa, de todas formas. Era divertido jugar a buscarme una habilidad inexistente.
Pero volviendo al presente, es tristísimo que no haya nada para contar. No hay bronca, no hay rencor, no hay dolor, no hay basura. Lo más patético de todo es que seguramente todo eso sigue estando pero se calló, rotundamente se calló todo. Una noche de cada mil invierto ahora en pensamientos nocivos. Ya no es que no duermo porque no puedo, si no porque no quiero (y si no me creen léanme ahora). Es como que me sacaron un pedacito de mi al que estaba re contra mal acostumbrada. Y digo mal, porque ahora estoy bien, pero extraño eso otro, eso que no sé bien qué era pero vacío definitivamente no. 
Claramente puteaba y lloraba como una malnacida pidiendo que por favor pare el destino de odiarme así (a ver si de paso podía parar yo de hacerlo), reprochándole a seres invisibles que dejen de hacerme lo que me hacían, porque no lo merecía. Qué falaz... qué sé yo qué merezco y qué no. Puteaba y lloraba, pero ahora que pasó todo eso que me desvivía en conseguir, me siento totalmente banal y aburrida. 'Y cómo estás?' Yo qué sé, tranquila. Qué feo, tranquila. No bien, no para el orto. Tranquila. Parece que me olvidara que soy una persona que vive y siente y me confundiera con el agua del mar.
El tema es que yo venía a plasmar que así como antes pedía que me saquen del cuerpo a la sanguijuela llamada infelicidad, ahora imploro que llegue para completarme algo, no sé, lo que sea, una aventura, un dolor, un riesgo, ya en este punto no importa mucho qué, inclusive no importa si quiere volver todo lo de antes a mancharme los colores de nuevo, pero qué pase algo. Ya.

miércoles

Prioridad asegurada

Tuve que recapacitar un minuto: frenar y visualizar a aquel que no tenía enfrente. Aunque no tenerlo enfrente no cambia mucho la realidad de que, enfrente de uno y todo, no se deja ver. Creo ya haber mencionado esto con anterioridad pero es que no deja de sorprenderme, y quizás un tanto ofenderme, la voluntad ajena para esconder misterios.
¿Sabrá él qué es lo que esconde o seré yo la ingenua que asume que esconde algo?
Escuché una vez que una mirada dice más que mil palabras, y ésta habla un idioma ancestral que nadie pudo aún decodificar. Pero es que las risas se pueden corromper, sus silencios no.
Transitamos caminos similares y eso es lo absurdo. Ahora y antes, sinceros o falsos, profundos o banales, a la par.
A veces creo soñarlo, pero tan inocentemente que se me hace imposible.
Odiado por pocos y admirado por muchos, supo ser siempre la alegría más necesaria.
Es esa clase de compañía que uno aprecia en demasía, siendo uno todos y yo. Lo hace cómo y cuándo quiere, pero siempre que va, viene. Y esa es su magia, esa incertidumbre adivinada que atrapa y desarma. Más o menos que lo esperado, les aseguro que no solamente es lo que se ve a simple vista. ¿Estaremos frente a un lobo o frente a un cordero? Con él nunca sabrán si protegerse o protegerlo.
Sería un gran negociante; tiene mucho que ofrecer aunque no lo note (o aunque exagere su capacidad para notarlo). Tentadora parsimonia confundida con inquietud. Esa vergüenza mimetizada con seguridad. Creen conocerlo, creen poder predecirlo... espero no perderme el impacto de tal meteoro contra el piso.

lunes

Y lo que aburre hace mal.

Hubo miel, limón y sal. Dulzura, bondad, confusión, impás, dolor, agobio, rencor. Momentos tiernamente interminables. Y yo deseaba que terminen. Quería volver a sentir mi aire puro, pero el vicio me circundaba y hasta el día de hoy no me abandona. Y digo quería, porque ya me acostumbré a mi realidad entumecedora. Me acostumbre a las ausencias, incluso me acostumbré a las prescencias. Me resigné a adoptar esa forma de ver la vida que todo lo acepta como viene y nada te retruca. Yo, la pequeñita embustera a la que nada le viene bien.
Es como si mi vida tuviera persianas y cada tanto yo las entreabriera y mirara al mundo a través de esa rendija, pero súbitamente alguien se acercara y las cerrara pellizcándome los dedos. Así repetitivamente, cada vez que mi necia persona intenta entender la realidad que hay afuera.
De golpe siento, otra vez. Revivo todo absolutamente todo aquello que me hizo tan
Señor, cómo te quise. Quise como nadie quiere, te di lo que nadie (te) da.
Señor, cómo te odié. Caprichosa imparable malcriada, te odié. La manzana en el árbol muy alta como para ser alcanzada. Y una verdad abasallante que me vendo y me compro yo misma. Y la duda de una respuesta a la pregunta que nunca se hizo.Tengo todo para contestarte, dispará.
Caminan con el arma ellos, solemnes e inconclusos, siguen siendo sombras entre las sombras que me oscurecieron. Caminan y se alejan, no me sorprende, se alejan. Los miro, los analizo, los entiendo, los dudo. Y se alejan. Hablo, converso conmigo misma. Converso conmigo misma porque yo necesito esas respuestas que ellos nunca me dieron, antes de irse. Antes de volver.
Yo tiendo a aferrarme a ilusiones cuando la vida me muestra un perfil que no elijo. Es que, vamos, de entre todas las caras que tiene a mi siempre elige darme la espalda. Y yo ya expliqué que soy todo aquello que no me gusta ser. (¿Expliqué?). Entonces, no me quiero, no te quiero, a vos tampoco, a vos menos, y vuelvo a no quererme a mi. Todo me sale mal porque todo siempre me ha salido mal y el día que erré el camino lo suficiente como para meterme en esta rotonda de malestares ya me lo lamenté bastante. Aún no sé cuándo fue, pero me lamenté por las dudas. Las muchas muchísimas dudas que tengo.
Odio no tener respuestas, no me importa (tanto) que me vengan contestaciones adversas, verdades dolorosas y esas demás aberraciones que lo suelen dejar a uno como desecho de bestias antiguas por el piso arrastrándose, clamando eutanasia. No, no me importa, pero que vengan, que venga algo. No me dejes acá esperándote sola. Dejame, no me importa, pero dejame con tus verdades o tus mentiras.
No entendés, nadie entiende, que no es amor, no es vida, no es cariño, envidia ni odio. Es que ustedes, traicioneros ustedes me despojan de todas mis armas y se van. No sé cómo hacen ni donde aprendieron a hacerlo, asumo que vinieron fallados de fábrica. La cuestión es que quiero que me cacheteen y salgan corriendo, así entiendo algo, porque responderme a mi misma, por más que esas respuestas me encajen perfecto, aunque sea por un rato, hasta que otra me encaja mejor, ya es aburrido. Y lo aburrido es



Aburrido.

sábado


No puedo seguir hundida en la banalidad, negando que vos, Flor de mi vida, te estás marchitando. Me rehúso a la inconsistencia que te acoge hace ya tanto. No quiero verlo, y cuando por un desliz del destino esa verdad se choca contra mi, entonces lloro.
Un olor sube por la escalera impregnándose en las paredes y en mi. Veo que todo se vuelve el túnel oscuro del que me has hablado en numerosas conversaciones. Nadie sabe lo que pasa. Yo estaba tan segura y tratando de regarte, plantita, me ahogué. No te seques, marchita flor mía, tu belleza debe de embellecer mi hogar. ¿Por qué tus petálos descoloridos no quieren dejarse teñir de los tonos más vivos y frescos para alegrarme el alma? ¿Por qué tus hojas se han dejado plagar así? ¿Es que acaso fui yo la que desatendió tu cuidado? Mis porqués ya no te convencen. Te hablo y te hablo, hermosa, pero ya no oyes (y por consecuente, ya no eres) Reviví, despertá, resurguí, te ofrezco toda mi agua, tenés toda la tierra nutrida que quieras, el mundo en un inmenso jardín en donde podés dejarte crecer a rienda suelta y florecer espléndida. Yo tengo fe en que podrías, pero vos no querés verlo. Querés rendirte por culpa de los osados insectos que han carcomido tus hojas tímidas. No te dejes morir, florcita, que yo te quiero. Quiero que brilles para mi, que ilumines estas paredes, que decores este cuarto tan triste, que te vuelvas miles y alegres todo lo que toques. Quiero que brilles para vos, querida, que te dejes florecer al fin.

jueves

Confesiones de verano

   Sentada queriendo escribir estas líneas, siento una mano tersa que juega entre mi pelo. Acostada llorando las penas ahogadas, huelo un perfume cargado de sensaciones. Oyendo las palabras ajenas, escucho los elogios más entorpecidos. Escribiéndole a quien siento que no debería, busco en mi memoria los recuerdos tapados por el tiempo que no deja de pasar confirmando todos mis miedos.
   Escurro una vez más esa lágrima idiota que se escapa sin mi consentimiento y recaigo en lo absurdo del acto de llorar. Veo también todas las debilidades humanas plasmadas en mi y me asqueo. Voy arrepintiéndome letra tras letra que va saliendo de mis dedos. Ésta no es la que quiero ser. Y las metáforas murieron junto a tantas otras cosas que intenté revivir y no pude. Contraigo la cara gesticulando torpemente, mostrando todas esas facciones horripilantes que deja ver al ser humano esplendorosamente vulnerable. Busco inefablemente el vestigio de lo poco que me conformaba pero no lo encuentro. Creo que te lo llevaste vos, o vos, hace mucho ya. Rehuso cada nota que retumba en mi cabeza por el miedo a dónde pueda transportarme esa música, como sólo la música sabe transportarnos a los recuerdos más recónditos que hemos buscado tapar con las banalidades del día a día y un sinfín de mediocridades que no nos terminan de agradar. Es entonces cuando giro la cabeza y te veo. En todos lados te veo, te busco, te encuentro. Cambio incansablemente de parecer y una vez más no hay palabras complejas en las cuales plasmar lo que siento. Envidio a aquellos autores que saben enroscarnos en sus frases haciendo que nos perdamos hasta encontrarnos de verdad. Yo no puedo, no soy así, y si lo era, repito, se fue con vos y me enoja. Vos, que no sabés ni quién sos ni quién quiero que seas, podés ser todo lo que quieras. Si estás en todos lados y generás todo esto, entonces querido mío, el mundo es tuyo. Vuelvo a escurrir una lágrima, pobre boba, quién sabe porqué. La inexpresable saturación alcanzada ya sabe de ser mejor que lo que yo he sabido nunca. No puedo ni siquiera devolverle la fe al destino, que a mi para qué me sirve. 
   Extraño todo eso que nunca viví. Extraño, entonces, una fantasía que me mantenía expectante y traía consigo un suspicaz entusiasmo de saber si con el día que llegaba, llegaría también aquello que andaba buscando sin animarme a admitirlo. El absurdo se entiende al saber que con el tiempo la espera se consumía y se reemplazaba por la desilusión y entonces me enojo. Quiero saber perder, resignarme, respirar hondo y dejar que sea (o que no sea) pero no puedo y es entonces cuando lloro, consumida por la impotencia de aún no poder entender que quizás deba acostumbrarme a que alguien pueda más que yo.