Voy escondiéndome tras mis pasos
emborrachándome del sol
que derrama su huella sobre mis poros.
Suspiro desde el recuerdo,
expectante de la utopía.
La vacuidad inexacta
del momento que no fue,
de aquella risa sorda,
de la caricia inerte
cuyo frío quema
cuyo aire agobia.
Respiro al sentimiento más puro
que se aventura allí, en mi pecho,
que se mofa de mi simpleza
exorbitante y compleja.
Y toda exhausta emoción,
calada ya en el olvido,
hoy se alza entre mis penumbras
desganada, quieta.
El calor ya no la calienta
el ardor ya no le quema.
La incipiente mentira
del truncado beso que no fue
se vuelve ya certeza
entre las quimeras del ensueño.
Y es la esencia de la ausencia
quien ilumina con hastío
la umbría de mi alma.
viernes
Pasaje literario
Te oscureces enroscado en esa aureola fantasmal que desde hoy te caracteriza. Mirás de lejos con aires ajenos y tus ojos pasan por arriba de todos nosotros. Aquel rostro ya no es si no sombras de lo que era y un escurridizo recuerdo se posa en la punta de tu esencia. De golpe se te escapa un suspiro y hasta una risa si el día está soleado; venís como si la vida fuera hermosa y te vas con ambas manos por detrás, sin poder aceptar la resignación de tener eso que tanto buscaste. El más victorioso perdedor que jamás haya competido. Unos pasos atrás dejaste a tu corazón acomodado sobre el banco. Entonces, mientras perdías lo poco de tus restos que todavía querías conservar en un abrazo, tus manos se mofaron de la inutilidad de tus actos que no expresaban más que lo realmente tu interior pedía a gritos. Gritos que entre otras cosas nunca oíste porque la sordera se amolda perfecto a personas así.
Estás rodeado de espectros como vos, porque los haces de luz que te circundaban se perdieron uno a uno en tus penumbras. Sin embargo se te ve bien, aunque puede que ahora esté consiguiendo ver solamente aquello que siempre quisiste mostrar. Los colores se disipan cerca tuyo, y la alegría se vuelve falaz y pasajera. Pareciera que te encantase absorber a la gente en tu oscuridad cuando una mueca de simpatía se escapa de tu vivacidad cotidiana.
Me pregunto si la parsimonia frenética que te acompaña será solo una manifestación del caos al que querés hacer pasar por orden, o si ingenuamente gasto mis ojos tratando de mirar más allá de una pared que nada tiene detrás.
martes
Pueblerinas- 15/7/13
Eternas calles rebosantes de luz son recorridas constantemente por centenares de personas en apuros. Entre toda esa ansiedad y ese sin fin de despropósitos, 6 muchachas matan el tiempo caminando, charlando, mirando. Se sienten pequeñitas entre las paredes de la gran ciudad. Pero recorren; recorren y ríen. Se olvidan por momentos de todo lo que las atormenta. Mientras hablan todas al mismo tiempo, se escuchan. Están fascinadas con los detalles. Encuentran calles que simulan pasadizos, espléndidos y llenos de color. Juegan como nenas, corren, tropiezan, ríen otra vez. La ciudad las rodea con sus paisajes, y el entusiasmo poco a poco se deja ver en sus ojos. Entre todos los que, cansados ya de la rutina, buscan incesantemente salir de ese laberinto, ellas alegres de estar donde están, sintiéndose extranjeras en su propia ciudad. Y así se distraen, unas a las otras. Así se hacen saber que están, y que van a seguir estando. Así se hacen querer, perdidas en la ciudad.
domingo
Pero
PRIMERA PARTE.
Frío aplacador y viento. Estoy fría. Soy frío.
Se acerca y me toca. No siento nada. ¿Habré perdido la capacidad de sentir? No respondo. No quiero ver, por eso aprieto tanto los ojos. Un sentimiento me recuerda a otro, y así sucesivamente hasta que se desata la cadena de malestar de la que tanto huía.
¿Qué hago acá, donde no quiero estar? No le debo nada a nadie más que a mi pero...
¿Quién soy yo? Ser yo con los demás, ser yo para los demás o simplemente no ser yo.
Me quedo sin palabras, mis cuerdas vocales se secan y se acongojan. Me invade el desgano y la parsimonia de escuchar palabras que, repentinamente, no quiero oír. Camino, camino, camino, y llego al inframundo. El diablo me espera con las palmas abiertas para amansar a mi frío.
SEGUNDA PARTE.
Una fuerte presión en el pecho sobrevalora a cualquier sentimiento. Me escondo y esquivo a toda realidad que se quiera hacer pasar por inminente. Huyo, siempre huyo, del calor que sonroja a las mejillas. Hago lo que no quiero y rehúso mis deseos, perdiendo el último rastro de espontaneidad que me quedaba.
Quiero pero...
Me encuentro yaciendo alto estando aquí tan abajo. Se escapa una muestra de emoción que no sabe de ser. Más mentiras que bajan y bajan y bajan
y bajan
y se pierden.
TERCERA PARTE.
Mi temperatura desciende rotundamente entre tanto fuego. Me hielo. Tirito sin pensar, mi corazón galopa. Mis oídos se ciegan al entorno y sólo escucho una respiración agitada.
Un reloj retumba, ¿o soy yo? ¿o sos vos?
Cierro los ojos, los abro, los cierro.
Giro y giro, oscilando entre el calor y el frío. Acá, conmigo. Cercanía y lejanía entre las llamas heladas.
Vuelvo a perder la apuesta contra mí misma y un extraño se me ríe en la cara mientras tantos otros me miran con recelo. Todos ellos son yo mientras se mofan a su manera de mi.
Y la huelga emocional se agota y todo vuelve a funcionar. Otra vez me muevo a la par de lo que vivo y el mundo se mueve conmigo. Parpadeo a la velocidad pensada; respiro y lato casi al mismo tiempo sin el frenesí ni la quietud anteriores. Vuelvo a ser.
Entonces es cuando el campo se amplía y ya no distingo horizontes. Toda la nubosidad que había se disipó pero desde esta meta no se distingue la llegada.
Yo no puedo comenzar una carrera así.
Hielo y ardo simutáneamente otra vez. Me golpean las ideas una vez más. El infierno se congela; ya tan sola.
Quiero ser para y por mi, pero.
Etiquetas:
calor,
esconder,
frio,
fuego,
hielo,
ignorancia,
miedo,
respiracion,
silencio
Suscribirse a:
Entradas (Atom)