sábado

Sinceridad

Mismos lugares, mismos caminos. Tan cerca y tan lejos. Una voz susurrando casi al oído, pero hablándole a otra persona. Sentimientos que eran nuestros y hoy le corresponden a alguien más. Un abrazo que no suena igual, ni mejor ni peor, simplemente diferente. Una cadena de recuerdos estalló y me desordenó el interior de una manera pocas veces antes vista. Yo ya no sé si es la resignación que estoy buscando la que me lleva a sentirme así, pero las cosas colisionan y yo estoy en el medio de ellas. Al presentarse simultáneamente esta serie de factores me siento confundida, dispersa, buscando una salida que no me sirve ni me conviene, pero que es la única factible. En realidad no lo es, pero así lo veo yo. No, no es la salida, aunque me esté presionando infinitamente para que lo sea, no lo es. Pero creo que estoy cayendo tarde a estas conclusiones, la voz que sonó, la luz que iluminó, los caminos, las fotos, todo me trajo a lo mismo y ahora ya no sé ni que sentir.

jueves

Títulos


Palabras que salieron de una boca extraña y ajena, se clavaron agobiando a las ganas de respirar. Forzando las manos trató de liberar al pecho que se sentía preso de una emoción fugaz y nociva pero no lo consiguió. Una leve brisa entró por el amplio ventanal entreabierto. La luz de la sala, opaca y tenue, apenas le dejó distinguir los lomos de los empolvados libros que se acomodaban en el estante. Mientras las voces lo seguían rodeando, el ya no estaba. Sus oídos oían pero su mente divagaba por los títulos que leía. Cien años de soledad, Cuentos para Verónica, Bestiario, y más. Él se distraía pensando en el contenido de dichos libros, cuál sería su trama, cuántos personajes habría, cómo se relacionarían, pero las palabras no se cansaban y seguían volando y llenando el ambiente. ¿Me estás escuchando? Podría decirse que se colmó, alcanzó un punto de saturación tal que el dolor pudo más. Las lágrimas cesaron y su mente encontró una única escapatoria a tantos ataques: irse. Físicamente estaba, veía, escuchaba, pero algo adentro suyo había cambiado, la resignación había llegado a medidas inimaginables, no encontraba ya forma de soportar el sufrimiento. Había sido abandonado, olvidado, maltratado, denigrado, intencional o no intencionalmente le habían dicho cosas que lo habían destruido internamente y ya no podía más, por eso había decidido recurrir a la única escapatoria factible. Ahora, en lugar de seguir llorando y sufriendo como hasta segundos atrás, estaba navegando en las páginas de un libro que nunca había siquiera tocado; charlaba con personajes fascinantes que lo colmaban de alegría y jolgorio. Sus manos que hace instantes estaban oprimiendo al pecho, tratando de calmar el ardor que lo recorría, ahora se encontraban felices estrechando manos nuevas, conociendo las sensaciones que mundos irreales le ofrecían. 
 Viajó así por los 7 mares y dejó a su alma sonreír un rato, como hacía mucho no hacía. La realidad le perturbaba. Necesitaba un escondite de la misma y teniendo una imaginación tal, ¿por qué no aprovecharla?

martes

Sólo el viento

Yo estoy lejos del sol, pero me quemo igual. No encuentro explicaciones. Por primera vez, tampoco las estoy buscando tanto. Las cosas son así hoy y serán así mañana, y lo sé, es una característica que ya asumí. El ardor convive conmigo, amenazando con su presencia a cada palabra. Pero es una amenaza que se cumple y creo que eso sí me perturba. Se cumple y se sostiene. Es una situación nueva que me descoloca, yo nunca me sentí así. El ardor está hoy y ya me tiene acostumbrada, pero nunca estuvo, nunca ardí como hoy lo hago. No tiene explicación aparente, simplemente quema. La mano fría trata de neutralizar al calor pero no lo consigue, el choque de temperaturas estremece. He tratado de deslindar el camino ya recorrido e incluso analizar cada situación que desencadena al ardor, pero sigue sonandome absurda la idea. Tiemblo en este preciso momento a causa del frío que tan cálida me mantiene. Compleja paradoja la que me distrae de las verdaderas causas. Algo turbó la estabilidad que siempre necesité, una pequeña piedrita bastó para demoler al gigante monumento edificado sobre escombros vibrantes y todo se vino abajo. Yo me encuentro tratando de reacomodar nuevamente los restos de la estructura demolida cuidandome a la vez del sol que me perturba con sus rayos acrecentando al dolor. Con brío emprendo el camino nuevamente hasta que aquel se anima a patear audazmente todo mi convencimiento dejándome en la nada, ardiendo, una vez más.

sábado

¿Etapa?

Qué absurda necesidad tienen todos de rotular lo que nos pasa. Parecen no resignarse a que pase y listo.  Sí, hoy hiciste esto, sí, hoy dejaste de hacer aquello, ¿y? ¿a alguien realmente le interesa? Es un gasto innecesario de energía el tratar de sumergirse en una vida a la que no se pretender entender. Con preguntas burdas y consejos baratos no se soluciona nada. La presión no cede. Las voces no se callan. La disconformidad no se va. Todo sigue igual pero a nadie le importa, porque todos se encuentran más preocupados por indagar o atosigar con comentarios vanos que por fijarse la realidad del asunto, ¿qué te pasa? ¿cómo estás? ¿por qué estás así?, pero no, siempre va a ser más fácil prejuzgar o encasillar cada cosa que sucede en la vida de los demás porque desde afuera todo se ve simple. Y ahí es cuando, desde esa percepción errónea que tenemos, tengamos o no intención real por ayudar, sencillamente empeoramos las cosas. Sin saber es mucho más probable hacer una acotación que hiera y así, tan inocentemente, agravar la situación que aún seguimos sin querer realmente entender.

miércoles

Tortura


Empezó como un leve tintineo. Lo escuchaba lejano, se perdía el sonido en el aire y al rato se calmaba. Pero luego fue empeorando, la sonoridad se fue convirtiendo progresivamente en un chirrido y luego en un crujido hasta convertirse en el desgarrador gruñido que es hoy. Se oye como el quejido de algún extraño ser que está sufriendo. Cada día empeora más, cada vez es más estrepitoso. Sin embargo, nadie excepto yo parece escucharlo. En los momentos en los que, cansados ya mis tímpanos de tal suplicio, presiono fuertemente mis oídos con la palma de mi mano y echo un vistazo al salón, nadie se ve siquiera alborotado. Al principio admiré la capacidad de quienes me rodeaban de ignorar la tortura auditiva, pero luego llegué a la conclusión de que nadie podía oirlo. Los envidio profundamente. 
Me sigo alterando, quizás un tanto avergonzada, cada vez que se presenta el cuasi ladrido que me estremece entera, mas he aprendido a controlar mis impulsos de salir corriendo, resignada a que no puedo huir de él, y mientras la gente no lo note, no ha de ser tan grave, ¿o sí? 

lunes

Seguir o parar

Complicado momento en el cual se nota hasta donde se llegó. Freno en seco, vuelta. Se mira el camino recorrido, quizás con sorpresa o con decepción, y se escoge entre seguir caminando o detenernos de una vez. Se analiza el cansancio, lo conseguido, lo que queda por conseguir, quién sigue aún caminando, quienes se detuvieron. La salida se ve lejana pero la meta aún más. Es una situación compuesta por cientos de factores que condicionarán nuestra acción: seguir o parar. Punto de inflexión. La decisión es nuestra y sea lo que sea que elijamos va a cambiar drásticamente lo antes conocido.
Ahora, ¿qué vas a hacer?

jueves

Humo

La sentí con lentitud, hace mucho no la abrazaba. Su cuerpo era diferente ahora. Pareciera no tener huesos dentro sino una pasta endeble que se amoldaba a mis brazos. Todo su ser se acomodaba a mi forma. Se desplomó sutilmente en mi. Era frágil y maleable. Creí que podía llegar a escurrirseme y romperse en mil pedazos si tan solo aflojaba levemente la presión, pero también pensé que de abrazarla muy fuerte habría de estallar o quebrarse y temí. Entonces respiré hondo y la sentí respirar. Cientos de esos huesos de plastilina se me incrustaron en el antebrazo con que la rodeaba y me estremecí por un segundo, pero no podía mostrarme débil ante ella. Me recompuse y continué la acción, sosteniéndola con firmeza, haciéndole sentir la contención que creía necesitar. Supuse que todo habría de salir bien, aún cuando su estructura seguía variando, blanda y delicada como era, pero repentinamente me sentí desvanecer en el aire. Me volví una mezcla gaseosa de moléculas negras y dispersas, me evaporé en forma del humo más espeso y traicionero que jamás podría haber imaginado. Fluí desde mi lugar hacia cada rincón del ambiente, y mientras el viento me echaba del cuarto por la ventana entreabierta, la vi desmoronarse abruptamente contra el suelo, rompiéndose así sus millones de huesos tiernos y dejándome sin saber el final de la historia que había comenzado un abrazo atrás.

miércoles

Parece un hombre feliz, sonríe, se entusiasma, propone, hace, pero en realidad solo anhela volar lejos. Sus ojos exigen al azul de un mar calmo y sus pies una arena suave y tibia bajo ellos. Es un sueño por cumplir el de vivir en la simplicidad de un pueblo colmado por el aire fresco con olor a más allá. Él lo deseó incontables veces, quizás hasta dudó llevar a cabo ese sueño que tanto le sosegaba al alma, pero el destino no lo dejó, y ahora así se encuentra, sonriendo con el cuerpo pero con la mente nadando entre las aguas de quién sabe donde, buscando cumplir su sueño lejos de este espantoso conglomerado de personas confundidas.

martes

Diario de Felipe día 2

Es como... cómo una puntada pero no. Es como una presión descabelladamete fuerte en el pecho. Me imposibilita respirar, incluso. Es en extremo exagerado; si supieras, Querido Diario, lo absurdo de las causas de esta presión, sé que te enojarías mucho conmigo. Aveces pienso que no nací para vivir en esta sociedad tan interconectada, todos saben todo de todos y yo mismo sé muchas cosas que preferiría desconocer. Yo, por menos que quiera, formo parte de esta red intrínseca de comunicación y eso me está jugando en contra. Veo cosas que no quiero ver, leo de más, me afecta de más. Pero sigo. Eso es lo que tiene este sistema, que por el simple hecho de poder saber más de los otros, uno lo hace, a pesar de todo -quiera o no, le incumba o no, sufra o no...- y acá me tenés, viejo amigo, buscando la forma de liberar a mi pecho sin alejarme de las causas. 
 No sabés como me duele esto, en serio no podés siquiera suponerlo. Me destruye, es algo que me carcome desde adentro, como si todo mi costillar colapsara por sobre los órganos y estos reventasen. Me duele y no encuentro ayuda. Me duele tanto saber, me duele haber descubierto aquellos ínfimos detalles que ahora me están haciendo explotar, pero no querer dejar de hacerlo.
Me duele, amigo, pero disfruto el dolor sin más. Lo disfruto y lo he de seguir buscando, al parecer.
Quizás no vuelva a escribirte, Diario, porque puede que este sufrimiento me consuma. 

Sin embargo no olvides que fue lo que yo busqué a la hora de acordarte de esta triste alma que padeció intencionalmente el dolor.