Es como... cómo una puntada pero no. Es como una presión descabelladamete fuerte en el pecho. Me imposibilita respirar, incluso. Es en extremo exagerado; si supieras, Querido Diario, lo absurdo de las causas de esta presión, sé que te enojarías mucho conmigo. Aveces pienso que no nací para vivir en esta sociedad tan interconectada, todos saben todo de todos y yo mismo sé muchas cosas que preferiría desconocer. Yo, por menos que quiera, formo parte de esta red intrínseca de comunicación y eso me está jugando en contra. Veo cosas que no quiero ver, leo de más, me afecta de más. Pero sigo. Eso es lo que tiene este sistema, que por el simple hecho de poder saber más de los otros, uno lo hace, a pesar de todo -quiera o no, le incumba o no, sufra o no...- y acá me tenés, viejo amigo, buscando la forma de liberar a mi pecho sin alejarme de las causas.
No sabés como me duele esto, en serio no podés siquiera suponerlo. Me destruye, es algo que me carcome desde adentro, como si todo mi costillar colapsara por sobre los órganos y estos reventasen. Me duele y no encuentro ayuda. Me duele tanto saber, me duele haber descubierto aquellos ínfimos detalles que ahora me están haciendo explotar, pero no querer dejar de hacerlo.
Me duele, amigo, pero disfruto el dolor sin más. Lo disfruto y lo he de seguir buscando, al parecer.
Quizás no vuelva a escribirte, Diario, porque puede que este sufrimiento me consuma.
Sin embargo no olvides que fue lo que yo busqué a la hora de acordarte de esta triste alma que padeció intencionalmente el dolor.
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