jueves
Humo
La sentí con lentitud, hace mucho no la abrazaba. Su cuerpo era diferente ahora. Pareciera no tener huesos dentro sino una pasta endeble que se amoldaba a mis brazos. Todo su ser se acomodaba a mi forma. Se desplomó sutilmente en mi. Era frágil y maleable. Creí que podía llegar a escurrirseme y romperse en mil pedazos si tan solo aflojaba levemente la presión, pero también pensé que de abrazarla muy fuerte habría de estallar o quebrarse y temí. Entonces respiré hondo y la sentí respirar. Cientos de esos huesos de plastilina se me incrustaron en el antebrazo con que la rodeaba y me estremecí por un segundo, pero no podía mostrarme débil ante ella. Me recompuse y continué la acción, sosteniéndola con firmeza, haciéndole sentir la contención que creía necesitar. Supuse que todo habría de salir bien, aún cuando su estructura seguía variando, blanda y delicada como era, pero repentinamente me sentí desvanecer en el aire. Me volví una mezcla gaseosa de moléculas negras y dispersas, me evaporé en forma del humo más espeso y traicionero que jamás podría haber imaginado. Fluí desde mi lugar hacia cada rincón del ambiente, y mientras el viento me echaba del cuarto por la ventana entreabierta, la vi desmoronarse abruptamente contra el suelo, rompiéndose así sus millones de huesos tiernos y dejándome sin saber el final de la historia que había comenzado un abrazo atrás.
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