lunes

Inconcluso


Aveces lo miraba, juro que lo hacía, yo la vi mirarlo. Lo miraba y pensaba. No sé que pensaba, pero sus ojos brillaban, lo miraba con ternura. Rápidamente volteaba la vista cuando él la notaba de reojo. Una mirada entre tímida y audaz. Aveces, también, lo abrazaba. Le gustaba sentirlo respirar en sus brazos. Poco a poco ella empezó a dejar caer sus paredes. Encontró en quien confiar, quizás por exceso. Él se deshacía y la inundaba de palabras bonitas. Y así empezó. Saturaron los momentos. Los minutos parecían hacerse tediosamente eternos. Ella hablaba desganadamente, pretendiendo la frescura de la que el se había enamorado. Él se había enamorado, ella también, pero a destiempo. Ella ya no lo miraba; sus ojos ya no huían vergonzosamente ante el encuentro. Ya no quería sentirlo respirar entre sus brazos. Y paradojicamente él, al menos eso me contaron, cada día la quería más. Yo no puedo entenderlo, ¿cómo quererla? Una mujer sin sonrisas, fría, cerrada. Se mueve sin gracia, lo aleja, mejor dicho: a todos aleja. No sabe responder a los cumplidos, no reacciona cuando le muestran sus sentimientos; evade constantemente. Pero qué sé yo, el amor es así, dicen. Aunque evidentemente no era amor. Hoy en día todavía la veo caminar, pero él ya no la espera como solía hacerlo. Ella ya no se apura para verlo. Ya no se despiden en esa esquina. Ya no caminan mirando atrás. 
Hay un impás. Quietud de sentimientos. Pausa.
Frustración. Ira. Enojo. Desesperación. Compasión. Disimulan sonrisas. Pronuncian leves palabras de contención vacías. Ella lo escucha, como él tantas veces lo hizo. Ella parece no poder hablar más. Ambos están siendo lastimados. Él la busca, ella huye. Les duele, se nota, aunque se necesitan. Pero, ¡ah!, el enojo y la frustración reaparecen. Se llenan las cabezas de interrogantes. Tienen mil preguntas que hacerse, pero no pueden formularlas. Murió la confianza. Ya no están dentro de la cabeza del otro como solían hacerlo. Y yo contemplo toda esta historia desde acá, de mi lugar ajeno. Presencio cada detalle, casi huelo las emociones. Son seres humanos tan predecibles. 
Y así murieron las miradas, como luego fue muriendo todo el resto de las cosas que compartían. Simplemente dejaron de sentir... ¿los dos?

viernes

Aire en la inmensidad


Respirá hondo y sacá todo lo que tengas adentro. Llenate del aire puro hasta que no quede espacio para nada más. Hasta que ni las lágrimas entren, que los malos recuerdos no puedan hacerse lugar entre tanto oxígeno. Es lo más parecido a la libertad que puedo ofrecerte por ahora. Aunque no te des cuenta, durante una milésima de segundo vas a estar en paz. No vas a tener ninguna preocupación más que respirar lento y profundo. Va a ser una sensación imperceptible de plenitud, de superación. Va a durar un segundo, sí, pero probablemente sea el mejor segundo de tu vida. Imaginá que todo lo que te atormenta, lo que te acompleja, lo que te persigue, se borre de tu vida de repente. Ahora decime, por más que dure poco, ¿no vale la pena? ¡y tan solo con respirar! 

Los ojos se empañan y la vista se nubla. Los oídos se tapan y las extremidades se adormecen, todo durante un breve instante nada más. Sólo un respiro hace falta, y te cambia la percepción de la vida. Quizás después de ese mecanismo tan básico ya no te compliques tanto con todo, quién te dice. Pero no vas a conseguir nada si no parás un segundo a respirar. Si en la vorágine en la que te encontrás no te podés hacer un momentito para dejarte ser, inhalando y exhalando, simplemente. Los seres humanos somos tan complejos. Nos encanta complicarnos más de lo que la vida de por sí nos complica. Todo es difícil en su estado mismo y nosotros, encima, lo complejizamos más. Somos tan, tan extraños. Nos quejamos de eso mismo que provocamos, todo el tiempo. Nos rehusamos a entender como son las cosas al natural: siempre intentamos modificar a nuestro antojo, y para variar, siempre nos sale mal. Y así terminamos, sin un mínimo minuto para parar a respirar, ¿tanto cuesta? ¡Lo vale! Es tiempo que no vas a desperdiciar. Te vas a limpiar de todo, al menos por un rato. No más nada en tu vida, nada. Solo aire en la inmensidad del ser.

domingo

Llorar

Gotitas de agua con sales, eso es todo. Las lágrimas no son nada más que eso, una función biológica mediante la cual el organismo limpia el globo ocular ¡tan simple! Entonces, si es así, ¿por qué los seres humanos las complejizamos tanto? La acción de llorar nos crea fantasmas, nos significa algo. Por motivos que desconozco, el llanto y la liberación de lágrimas se vincula con las emociones, qué gran inutilidad. Sólo por eso la gente se cree capaz de analizar nuestros estados de ánimo, sólo por unas simples lágrimas... Todos lloramos, tarde o temprano, en menor o mayor medida, por tales o cuales motivos, pero a todos nos pasa. Porque lo que nos hace humanos es tener sentimientos, emociones, las cuales suelen producir esas gotas tan perturbadoras. Están quienes lloran solos, y quienes lo hacen en compañía. Están los que lloran "por todo" y a los que las lágrimas se les presentan raramente. Están los que lloran cuando están tristes, dolidos, deprimidos o perturbados, y los que lloran de felicidad, de exceso de alegría, de amor, de euforia. Están todos esos y tantos otros más, pero todos lloramos a fin de cuentas. A todos nos salen los mismos llantos, a todos nos perturba la vista de la misma forma, a todos nos interrumpe las acciones y nos desconcentra igual. Entonces ¿por qué algunos son más escépticos respecto a llorar que otros? ¿Por qué algunos (me incluyo) rehúsan las lágrimas como si fueran monstruos horrendos que vinieran a destruir vidas, cuando en realidad solo llegan para ayudarnos a sacar esa cantidad sobrante de emoción que tenemos?

sábado

Laberinto


Y vas corriendo, te vas enredando, te vas perdiendo. Ni aunque consigas mantenerte quieto podes escapar de la realidad del laberinto, todos los que están alrededor tuyo corren, se pierden, se marean, se confunden…
El laberinto te va atrapando y te vas quedando sin opciones. 
Poco a poco tus afectos van cediendo. Van cayendo uno por uno y no podes hacer nada para salvarlos ya que no podes ni salvarte a vos mismo.
¿Qué hacer al verlos así?
Asquerosa paradoja la de estar tan solo en un mundo tan lleno de gente. De estar tan perdida en este infinito laberinto, en el que si bien sabés que están todos aquellos a los que aprecias, no podes encontrar a nadie de la manera en que querés. Todas las caras se hacen desconocidas en la desesperación del laberinto. Pero ¡no desesperes! Todos estamos igual. 
Lo malo, lo punzante del laberinto, es que algunos consiguen manejarlo mejor que otros y ahí es cuando te encontrás vos sola perdida, sin reconocer esas caras tan habituales. 
¿Por qué te toca justo a vos la desgracia de seguir corriendo perdidamente mientras todos esos desconocidos (tal vez) se liberan de la presión del laberinto y aceptan su realidad?
No puedo definir si es mejor para mi perderlos o encontrarlos, porque al verlos perdidos sufro por no poder ayudarlos, pero al verlos encontrarse, sin mi, sufro dándome cuenta cuán poco me necesitaban para sobrevivir en este encierro.
Absurda paradoja la del laberinto, ¿no?
Escribo, como se irán dando cuenta. Puedo escribir mejor o peor, pero poco me importa. Escribo porque no sé, a todos nos gusta escribir. Algunos pueden más que otros, pero cuando se dan cuenta de que mediante palabras pueden largar todo lo que tienen en las cabeza, a todos nos compra. Escribir es hermoso, empezas con un confusísimo pack de ideas, inconclusas y entremezcladas, que solamente podés concebir como letras aisladas; las pensas a la velocidad de la luz, sentís una revolución de sentimientos colisionando adentro tuyo, y ante la impotencia del “no me va a salir, no estoy inspirada" vas cediendo, y de a poco las letras se van organizando solas. Y así terminás, mirando que lindas suenan las palabras, leyendo y releyendo eso casi poético que salió de la maraña de pensamientos que tenés en la cabeza, y vos todavía no entendés como. Te vas dejando llevar, una palabra te conduce a la otra y así infinitamente, cuando le agarrás la mano sentís que escribirías lo que sea. Lógicamente no es así, hay que ir palabra por palabra. Pero bueno, así empieza este blog.