viernes

Aire en la inmensidad


Respirá hondo y sacá todo lo que tengas adentro. Llenate del aire puro hasta que no quede espacio para nada más. Hasta que ni las lágrimas entren, que los malos recuerdos no puedan hacerse lugar entre tanto oxígeno. Es lo más parecido a la libertad que puedo ofrecerte por ahora. Aunque no te des cuenta, durante una milésima de segundo vas a estar en paz. No vas a tener ninguna preocupación más que respirar lento y profundo. Va a ser una sensación imperceptible de plenitud, de superación. Va a durar un segundo, sí, pero probablemente sea el mejor segundo de tu vida. Imaginá que todo lo que te atormenta, lo que te acompleja, lo que te persigue, se borre de tu vida de repente. Ahora decime, por más que dure poco, ¿no vale la pena? ¡y tan solo con respirar! 

Los ojos se empañan y la vista se nubla. Los oídos se tapan y las extremidades se adormecen, todo durante un breve instante nada más. Sólo un respiro hace falta, y te cambia la percepción de la vida. Quizás después de ese mecanismo tan básico ya no te compliques tanto con todo, quién te dice. Pero no vas a conseguir nada si no parás un segundo a respirar. Si en la vorágine en la que te encontrás no te podés hacer un momentito para dejarte ser, inhalando y exhalando, simplemente. Los seres humanos somos tan complejos. Nos encanta complicarnos más de lo que la vida de por sí nos complica. Todo es difícil en su estado mismo y nosotros, encima, lo complejizamos más. Somos tan, tan extraños. Nos quejamos de eso mismo que provocamos, todo el tiempo. Nos rehusamos a entender como son las cosas al natural: siempre intentamos modificar a nuestro antojo, y para variar, siempre nos sale mal. Y así terminamos, sin un mínimo minuto para parar a respirar, ¿tanto cuesta? ¡Lo vale! Es tiempo que no vas a desperdiciar. Te vas a limpiar de todo, al menos por un rato. No más nada en tu vida, nada. Solo aire en la inmensidad del ser.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario