Sus gritos quieren salir pero se chocan con los labios. Aprieta los dientes como si no hubiera un mañana, muerde su propio brazo con tal de acallar esas ideas que exigen salir. Sabe que un feroz tumulto de verdades pueden salir disparadas en cualquier momento y teme de lo que puedan causar. No quiere hacerse responsable, pero su alma ya no resiste más. Golpea la pared, una vez más. Sus puños ya están marcados, y los nudillos lastimados. Respira hondo tratando calmarse. Se para nuevamente, mira atónito el reflejo otra vez. Sigue sin saber qué responder. La decepción y el desconsuelo inundan el cuarto, tanto como a él.
Ondas negras, tumultos confusos. Ideas, pensamientos, recuerdos. Sentimientos; dolor, impotencia, confusión. Extrañar. No extrañar. Querer. No querer, ¡arriesgar! No. Debilidad, otra vez. Ardor, sufrimiento. Todo es oscuro acá, ¿y allá?
"¿Por qué? Por esto" Respuesta casi inmediata.
Las manos frías recorren la pierna por sobre el pantalón. Siente cada yema en el roce. Se aprieta los ojos fuertemente, restregándolos. Está cansado. Resopla. No hay nadie en la habitación pero se siente muy observado.
Incansables ganas de tirar algo contra la pared y verlo destruirse en millones de partículas diminutas. Está quieto pero mareado, los ojos se bambolean. Lee algo, se mueve, el espejo lo mira. Se relojea en el mismo, vuelve a leer. Escribe un poco, se cansa. Quita minuciosamente cada imperfección de su ropa. Bebe un sorbo de café mientras calienta sus manos apretando la taza. El espejo continúa mirándolo como deseando que él voltee. Tararea una melodía, mira para los costados ansioso. Los pulmones se inflan y se pichan. Lo está llamando, -no lo escuches.
Viento afuera de la ventana. Árboles que se mueven al compás de la vida. Un aire a comida casera llega desde la escalera y se escabulle por la puerta entreabierta. Pero a él nada lo distrae porque sigue sin saber que responder.
¿Responder a qué? Nadie le preguntó nada. A él mismo tiene que responderse.
Ella. Él. Eso tan suyo.
-Esto tan mío-
Toca y suelta. Lo llama otra vez. Mira y vuelve, veloz.
Toca -Mi culpa. Tú culpa- Suelta. Recuerdo. Mano suave, se mueve con delicadeza por sobre la piel que se eriza. La perdió, pero no a su memoria. -Tú culpa- Toca y suelta. No resiste y mira. Se detiene largo rato. Inquietud, desesperación. Se voltea, ¿y la solución?
- Yo tan... y él tan. Ella tan.- El puño va contra la pared y vuelve. Lágrimas incontenibles. Toca y suelta. Golpea y se arrepiente. No, no se arrepiente. Golpea. Voltea, se para, se mira, toca y suelta, golpeado. Agarra fuerte. Valiente y cobarde.
-Mi culpa, tú culpa. Y hasta acá- Lágrima. Golpea fuerte. Agente extraño. Estruendo. Un grito que se aleja cada vez más, pasos veloces. Ahora nada. La nada misma, negro y profundo. Ya no hay recuerdos. Ya no toca, ya no suelta. Nunca más.