jueves

El alma en carne viva

"¿Te hace sentir poderoso que otro se enamore de vos? ¿Te gusta, te sube el autoestima saber que hay alguien que te otorga su cariño? " 
Que palabras más exactas para la ocasión. Resumen en dos simples preguntas lo que me tomo años entender. La respuesta es sí. Consecuentemente uno se formula una nueva pregunta, "¿por qué?"
Y les aseguro que el día que logre responderla se va a solucionar gran parte de mi vida, ¿por qué el hecho de que alguien sienta o no cariño, se enamore o no de nosotros, nos hace (me hace) sentir así?
Francamente ya no puedo ni confiar en mis emociones; puedo creer que quiero incondicionalmente, que amo con locura, pero en determinado momento todo eso que creía sentir se desvanece dejándome varada en el vacío mismo. En momentos previos puedo, también, sufrir horrorosamente anhelando que me quieran, que me necesiten, que me den afecto, que se enamoren de mi. Pero cuando finalmente consigo lo que busco, (si es que lo consigo) me harto. Esa es la palabra. Casi tan de repente como comencé a desear ser querida, dejo de hacerlo. Algo brusco y radical, casi violento. Otro de los asuntos que complican la cuestión es el hecho de que confundo esas ganas de ser querida con cualquier cosa. Aveces creo que es amor, aveces creo que es odio, aveces creo que es lástima, aveces creo que "nací para tal o cual persona", "que tenemos que ser mejores amigos por la eternidad" cuando no, sinceramente ninguna semejanza con la realidad.  No voy a negar que les tengo aprecio a las personas que deseo que me quieran, pero es irracional llegar a pensar que siento cosas tan extremas. No es lógico lo que sufro por el hecho de que no devuelven lo que creo que les estoy dando, cuando en realidad no les doy nada, y si se los doy termina no siendo sincero, porque de serlo les aseguro que el sentimiento no moriría tan rápido. Debe ser algo psicológico, no sé. Algo muy muy reprimido en el rincón más apartado de mi cabeza, o de mi alma. Esa desgarradora necesidad de que se me aferren. No que se aferren a mi, que se me aferren. Que estrujen mis costillas, que me aprieten con el corazón latiendo rápido, meciéndonos y rogando que no me aleje más. Sólo para que cuando lo hagan tenga el poder de destruir sus emociones, como quizás alguna vez destruyeron las mías. Que asquerosidad sentir eso. Cuánta inmundicia tengo adentro. Espero nunca haber conseguido mi objetivo, y nunca hacerlo. Porque aunque ahora me frustre, putee, me paralice, desee intensamente, sufra, me desgarre, me desarme, (¿a qué iba?) aunque ahora todo eso, me lo tengo merecido. Yo sola, un pie primero y el otro lo sigue, me meto en esto. Me lo busco, porque me encanta. Me encanta sufrir por la leve posibilidad de algún día devolver ese sufrimiento. Casi poderosa. Casi, porque no me sale. Al final la que termina sufriendo soy yo, aunque ni siquiera quiera de verdad. Entonces, recapitulando, sufro porque soy lo suficientemente estúpida para (inconscientemente, lo juro) querer que sufran por mi. Debo reconocer que el karma hace bien su trabajo, 

Y bueno, no sé, sigamos, haganme sufrir, que al parecer me encanta.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario