viernes

Aroma carmesí


Posee una mirada excepcional y analizable. Se la pasa construyendo murallas que nos obsesionamos en desmoronar. Está ciego de dolor pero nadie lo sabe. 

Viene y va sin rumbo. Lo observo en su inquietud desde mi lugar, siempre el mismo lugar. Ya es rutina. Prende un cigarrillo tras otro, pregunto que música escucha, hacemos comentarios aislados y nos callamos. Y valoramos los silencios. Y cuando alguno tiene algo interesante que decir lo comparte, y el otro se ríe tontamente. Y nos callamos otra vez. Y lo abrazo, tal vez.  Que sensación más extraña de sentir. Que cuerpo más cálido en una coraza tan fría. 

Una vez lo escuché, me anonadó tanta comunicación junta. Hablaba sumido en una vorágine de palabras que le dolían como astillas clavadas, yo notaba y hasta entendía el dolor con solo oírlas. Fue como una olla a presión a la cual de repente le levantan la tapa, liberando al vapor indomable. De golpe se calló. Quizás se sintió absurdo, quizás pensó que no me interesaba, quizás se avergonzó de la liberación. 

Camina a un ritmo lento y constante. Paso firme y seguro. Tiene una sonrisa tan transparente como brumosa. Sé que esconde algo pero no consigo saber qué. Es un metal muy duro al que hay que roer de a poco. Tiene un aire inconfundible. Es lindo respirar hondo al tenerlo cerca. 

Me cuentan que amó, y que ama. Y si lo pienso es verdad, se nota. Alma lastimada si las hay. Mal destino eligió. 

Me identifico absurdamente con él, tal vez por eso lo aprecio como lo hago. Raro en mi esto de apreciar tan rápido.

Recluido siempre ahí, donde todos sabemos que está, probablemente sepa mucho más de vivir que nosotros. Es profundo y lo esconde bien tras un armazón irrompible. Chistoso, básico, uno más, siempre aparentó ser eso.

Me pregunto si alguien se lo cree. Me pregunto si él se lo cree.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario