Qué reconfortante es la oscuridad, ¿no se sienten más seguros, más confiados, más libres, cuando la luz no está presente? Es como estar en un vacío lleno; lleno de contornos, de figuras inentendibles, de siluetas que se camuflan entre las sombras. Uno siente que puede hacer (y ser) casi cualquier cosa, como si la oscuridad diera impunidad.
Y tal vez sea cierto, tal vez sí la da. Cuando no están los ojos para ayudarnos se tiene que aprender a mirar con otros sentidos, y ahí es cuando la cosa se vuelve linda. Se mira con las manos, con los oídos, con el alma. A oscuras, ya sea sólo o acompañado, uno descubre un lado de la vida que hasta entonces la luz tapó. No nos ciega una encandilante luminiscencia, finalmente podemos solamente ver lo que queremos y hacer solamente lo que sentimos.
Los ojos en muchos casos solamente sirven para confundir. Ver puede doler. En tantos casos hemos visto cosas que nos destruyeron, piensen que si en esas oportunidades hubiesen estado a oscuras quizás se hubieran ahorrado muchos sufrimientos.
¡Ay bendita oscuridad! Me gusta sentirme abrazada por vos, me proteges. Estás siempre conmigo cuando te necesito, es sólo cuestión de apagar el interruptor.
Sos como una hermosa mentira que no miente, simplemente no cuenta, esconde tras las luces que se fueron lo que no queremos ver.
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