domingo

Ana

Ana es un muchacha hiperactiva y llena de vida. Si la ven, seguro está saltando, riendo o haciendo reír. Nunca subió a un colectivo, los detesta. Dice que no hay nada mejor que su bicicleta, o caminar. Viajar en tren, en cambio, sí le gusta, pero no a un lugar determinado. Cada tanto se sube a un tren, al primero que venga, y viaja. Mira por la ventana todo el camino, mientras escucha música y piensa. Cuando llega a destino da un paseo por el lugar y vuelve a subir. Sonríe siempre que puede, dice que las sonrisas curan al alma. Es el ser más risueño que puedan llegar a conocer. Es generosa y considerada. Es rebelde y soñadora. Es ansiosa como pocas. Y eso me lleva a la otra parte de Ana. Ana no duerme. Con sus 17 años, se pasa la noche pensando en crecer. Tiene miles de ideas en la cabeza, y se dedica a acomodarlas cada noche. Café tras café, un cigarrillo cada tanto, prefiere adelantarse a lo que está por venir que dormir. Ana está siempre esperando, espera ser amada, espera un poco de amistad, de contención. Quiere salir de ese mundo vulgar de niña y convertirse en mujer. Mientras toda la familia está acostada en sus camas,  ella se la pasa escribiendo, cantando, bailando, jugando. Ansía explorar ese mundo que desde su ventana se ve tan pacífico, pero sabe que está lleno de maravillas que la sorprenderán. Y todo esto no la deja dormir, la impaciencia del mañana que no llega. Se las rebusca para soñar despierta noche tras noche. Sus ideas revolucionaras prometen llevarla lejos, pero cada tanto, también, se apabulla y atenta contra su propio futuro. Es un ser transparente y lleno de luz, pero como cualquiera tiene esa contracara gris y triste que tira y tira para abajo. Después de horas y horas de fantasear con el porvenir, ella misma se sabotea y decae. Deja de bailar, cambia la música, se tira al piso y llora. Tal vez por miedo, quién sabe. Y luego de llorar, al llegar la mañana a iluminar la intricada y magnífica ciudad, las esperanzas de Ana se renuevan y retorna su sonrisa. Y la historia recomienza.

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