miércoles

15/01/10 15 pm


Subió llorando al colectivo. Los quince minutos que estuve en su presencia, desde Juramento hasta Libertador, fueron los más gloriosos que jamás viví.
Un rostro tan angelado...
Se sentó justo enfrente de donde estaba yo, pero en ningún momento levantó la vista. Las lágrimas de cocodrilo le caían por la cara corriéndole el maquillaje y llegando hasta el peculiar dije que colgaba de su cuello. Me llamó la atención la poca importancia que le dieron los demás pasajeros. Era muy hermosa. En sus ojos verdes no se veía más que decepción. Al menos eso veía yo, por ahí es que yo siempre veo lo que quiero ver o aveces ni siquiera veo. Pero a ella la vi, la contemplé con todos mis sentidos. Desolación, temor y juventud en una misma persona. Había caído del cielo. Miraba por la ventana como buscando en las calles el consuelo a su drama. Ignorando completamente cualquier norma ética, prendió en pleno colectivo un cigarrillo. Philip Morris mentolados. Sacó la mano por la ventana y al aproximarse a la segunda pitada, varias señoras indignadísimas obligaron al chofer a pedirle cordialmente (o no tanto) que se baje. Chistó rezongonamente mientras tiraba el cigarrillo entero por la ventana y se abalanzaba sobre la puerta. Pasó por delante de mi asiento chocandome sin pedir perdón, pero a mi solo me importó el perfume que emanaba su castaño cabello enrulado. Se limpió la cara de lágrimas, echó una mirada de odio profundo hacia todos los pasajeros que alcanzó su vista, y bajó brutalmente. Me quedé observando por la ventana su destino ya en la calle, mientras el colectivo esperaba, detenido por un semáforo. La joven miraba para ambos lados de la vereda como buscando. Las personas la chocaban como si no existiera mientras ella rompía a llorar otra vez.
Ya pasaron 3 años y 7 meses desde ese viaje en colectivo y aún hoy sigo preguntándome quién o qué hizo llorar así a un ser tan magnífico, preguntándome si seguirá fumando Philip mentolados y viajando en el 130 a las 15 de la tarde, si la seguirán echando por romper reglas, si seguirá mirando con odio indiscriminadamente, con esos ojos color esmeralda tan bellos, si seguirá colgando ese dije de su cuello.
¿Cuántas personas nos habremos cruzado, con el corazón destrozado y los ojos húmedos, y ni siquiera lo notamos? ¿Cuántos hay que hacen llorar a los ojos más hermosos sin un mínimo de compasión? ¿Cuántos a los que una vez que los lastiman deja de importarles todo?

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