viernes

Pasaje literario

Te oscureces enroscado en esa aureola fantasmal que desde hoy te caracteriza. Mirás de lejos con aires ajenos y tus ojos pasan por arriba de todos nosotros. Aquel rostro ya no es si no sombras de lo que era y un escurridizo recuerdo se posa en la punta de tu esencia. De golpe se te escapa un suspiro y hasta una risa si el día está soleado; venís como si la vida fuera hermosa y te vas con ambas manos por detrás, sin poder aceptar la resignación de tener eso que tanto buscaste. El más victorioso perdedor que jamás haya competido. Unos pasos atrás dejaste a tu corazón acomodado sobre el banco. Entonces, mientras perdías lo poco de tus restos que todavía querías conservar en un abrazo, tus manos se mofaron de la inutilidad de tus actos que no expresaban más que lo realmente tu interior pedía a gritos. Gritos que entre otras cosas nunca oíste porque la sordera se amolda perfecto a personas así. 
Estás rodeado de espectros como vos, porque los haces de luz que te circundaban se perdieron uno a uno en tus penumbras. Sin embargo se te ve bien, aunque puede que ahora esté consiguiendo ver solamente aquello que siempre quisiste mostrar. Los colores se disipan cerca tuyo, y la alegría se vuelve falaz y pasajera. Pareciera que te encantase absorber a la gente en tu oscuridad cuando una mueca de simpatía se escapa de tu vivacidad cotidiana. 
Me pregunto si la parsimonia frenética que te acompaña será solo una manifestación del caos al que querés hacer pasar por orden, o si ingenuamente gasto mis ojos tratando de mirar más allá de una pared que nada tiene detrás.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario