domingo

Pero

PRIMERA PARTE.
Frío aplacador y viento. Estoy fría. Soy frío.

Se acerca y me toca. No siento nada. ¿Habré perdido la capacidad de sentir? No respondo. No quiero ver, por eso aprieto tanto los ojos. Un sentimiento me recuerda a otro, y así sucesivamente hasta que se desata la cadena de malestar de la que tanto huía.

¿Qué hago acá, donde no quiero estar? No le debo nada a nadie más que a mi pero...

¿Quién soy yo? Ser yo con los demás, ser yo para los demás o simplemente no ser yo.

Me quedo sin palabras, mis cuerdas vocales se secan y se acongojan. Me invade el desgano y la parsimonia de escuchar palabras que, repentinamente, no quiero oír. Camino, camino, camino, y llego al inframundo. El diablo me espera con las palmas abiertas para amansar a mi frío. 

SEGUNDA PARTE.
Una fuerte presión en el pecho sobrevalora a cualquier sentimiento. Me escondo y esquivo a toda realidad que se quiera hacer pasar por inminente. Huyo, siempre huyo, del calor que sonroja a las mejillas. Hago lo que no quiero y rehúso mis deseos, perdiendo el último rastro de espontaneidad que me quedaba.

Quiero pero...  

Me encuentro yaciendo alto estando aquí tan abajo. Se escapa una muestra de emoción que no sabe de ser. Más mentiras que bajan y bajan y bajan

y bajan

y se pierden.

TERCERA PARTE.
Mi temperatura desciende rotundamente entre tanto fuego. Me hielo. Tirito sin pensar, mi corazón galopa. Mis oídos se ciegan al entorno y sólo escucho una respiración agitada. 

Un reloj retumba, ¿o soy yo? ¿o sos vos?

Cierro los ojos, los abro, los cierro.

Giro y giro, oscilando entre el calor y el frío. Acá, conmigo. Cercanía y lejanía entre las llamas heladas.
Vuelvo a perder la apuesta contra mí misma y un extraño se me ríe en la cara mientras tantos otros me miran con recelo. Todos ellos son yo mientras se mofan a su manera de mi.

Y la huelga emocional se agota y todo vuelve a funcionar. Otra vez me muevo a la par de lo que vivo y el mundo se mueve conmigo. Parpadeo a la velocidad pensada; respiro y lato casi al mismo tiempo sin el frenesí ni la quietud anteriores. Vuelvo a ser.
Entonces es cuando el campo se amplía y ya no distingo horizontes. Toda la nubosidad que había se disipó pero desde esta meta no se distingue la llegada.
Yo no puedo comenzar una carrera así.

Hielo y ardo simutáneamente otra vez. Me golpean las ideas una vez más. El infierno se congela; ya tan sola.

Quiero ser para y por mi, pero.

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