viernes
Falaz
Buscamos desentendernos de las personas como si sus acciones no fueran martillos volando violentamente hacia nuestra cabeza. Sentimos al paso del tiempo doler bien adentro nuestro. Buscamos reemplazos y sustituciones para llenar nuestros vacíos con alguien más. Estamos tan inquietos en el medio de la ola que suponemos que la mano extraña podrá darnos la calma que necesitamos para vernos ya fuera del peligro del mar. Una suerte de salvavidas existencial que acaba por ahogarnos definitivamente. La mano no ayuda si no que empuja. Una risa y un suspiro que acaban en su ausencia. [Tengo esto y quiero esto otro, esto que me falta, que siempre me faltó; quiero tener esto y no puedo, no puedo porque soy incapaz, ser incapaz es algo malo, algo malo que sólo tengo yo, la única persona incapaz de tener eso que quiere y no puede.] Y entonces la vida se achica y la razón se vuelve oscura. Algo oprime al pecho con fuerza [y debajo estoy yo queriendo lo que no necesito porque no puedo tenerlo. Buscando llenar casilleros al azar con complementos inútiles que parecen adecuarse a la vigilia eterna de esperar eso que creo que me falta porque todos los tienen y yo también lo quiero]. De golpe el caos se interioriza, ¿y qué me falta? ¿cuánto lo necesito? Querer no es necesitar y necesitar no es querer. El cable que me conectaba al resto se rompió mientras miles de cientos de cables más trazan el camino que me condena. Un día abriste los ojos reconociendo que todo había cambiado, y entonces no los cerraste nunca más. El desazón impetuoso atormenta a la masa de agua tan agitada. Córtame el cuello. Castíguenme como quieran. De repente la lluvia cae otra vez sobre las aguas. Cada gota se pierde y se mimetiza con el azul oprimido y el pequeño ser ahogado se zambulle en la profundidad de sí mismo buscando una sola certeza en tan exorbitante mar de dudas.
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