No puedo seguir hundida en la banalidad, negando que vos, Flor de mi vida, te estás marchitando. Me rehúso a la inconsistencia que te acoge hace ya tanto. No quiero verlo, y cuando por un desliz del destino esa verdad se choca contra mi, entonces lloro.
Un olor sube por la escalera impregnándose en las paredes y en mi. Veo que todo se vuelve el túnel oscuro del que me has hablado en numerosas conversaciones. Nadie sabe lo que pasa. Yo estaba tan segura y tratando de regarte, plantita, me ahogué. No te seques, marchita flor mía, tu belleza debe de embellecer mi hogar. ¿Por qué tus petálos descoloridos no quieren dejarse teñir de los tonos más vivos y frescos para alegrarme el alma? ¿Por qué tus hojas se han dejado plagar así? ¿Es que acaso fui yo la que desatendió tu cuidado? Mis porqués ya no te convencen. Te hablo y te hablo, hermosa, pero ya no oyes (y por consecuente, ya no eres) Reviví, despertá, resurguí, te ofrezco toda mi agua, tenés toda la tierra nutrida que quieras, el mundo en un inmenso jardín en donde podés dejarte crecer a rienda suelta y florecer espléndida. Yo tengo fe en que podrías, pero vos no querés verlo. Querés rendirte por culpa de los osados insectos que han carcomido tus hojas tímidas. No te dejes morir, florcita, que yo te quiero. Quiero que brilles para mi, que ilumines estas paredes, que decores este cuarto tan triste, que te vuelvas miles y alegres todo lo que toques. Quiero que brilles para vos, querida, que te dejes florecer al fin.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario