No deja de asombrarme la inconsistencia feroz que nos aqueja hoy en día y desde tiempos inmemorables. ¿Es que debo ceder ante la banalidad de lo inexacto? Estupefacta me yergo actualmente y miro alto por sobre hombros ajenos encima de los cuales se posa esa disconformidad tan característica. Impresiona la claridad con la que se presentan los hechos y sin embargo lo turbado de las acciones a los que estos conllevan. Profano lo profundo de mi ego buscando soluciones complacientes ante la altanería de mis semejantes pero estas parecieran no existir... Agh, la resignación inmediata.
El altruismo se queja, por contradictorio que parezca, y en una batalla con el egocentrismo incipiente, termino vuelta añicos.
Qué irónico se ha vuelto este círculo vicioso del cual ya ni sé si busco (conseguiré) huir.
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