miércoles

-Tengo tanta hambre.
-Sí, yo también.
Ambos saben que mienten, la complicidad está implícita en esa duda que por temor a volverse certeza, se refleja en lo que creen más socialmente adecuado.
Unas pocas frases desacertadas e incómodas merodean a las preguntas que no se animan a ser, porque ellos no las dejan. Comparten tanto, saben tan poco. Rumores nada más, palabras desoídas que se fueron acompañadas por muchos "pobre, qué lástima, no se lo merece" y volvieron en forma de la cordialidad más o menos fingida que los acompaña hoy en su presente. Ambos saben tanto más de lo que dicen, de ellos y de los demás. Pero qué harán, confiarle sus secretos a un extraño definitivamente no. Parecen tan iguales por momentos, y de hecho la vida los llevó por un camino perturbadoramente similar. Casi despierta compasión la forma en que ambos han sabido tropezar con la misma piedra y caer sin apoyar ninguna mano. Hoy uno se alza victorioso mientras el otro aún recorre ese sendero, deseoso de preguntarle a su par la forma de salir adelante. "Y decime, vos que ya lo viviste, ¿cómo se hace?" pero no se lo puede permitir, no puede romper esa complicidad pactada sin previo aviso que los lleva a manejarse con total soltura escondiendo eso que conocen desconociendo, su error en común.

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