Un pasado poderoso y un futuro prometedor opacan a la mentira del presente. La ilusión conjunta se desilacha. Y es entonces mirar en unos ojos que no reflejan nada, y extrañar algo que nunca fue. Tanto desperdiciado por la sombra de lo que fue o será. El tiempo murió arrastrando consigo a chances superfluas y malgastadas. Noches enteras en vilo a la espera de nada. La imposibilidad absoluta y nunca tan exacta. Ni un mínimo mérito, y qué se va a hacer. Por algo dicen que estas cosas siempre resultan así. Atormentándose bajo la realidad que tan poco tiene para ofrecer, pero no todos los notan. Algunos, más fácilmente que otros, se dejan engañar por la banalidad. Ese lapsus atemporal de la risa compartida que, a fin de cuentas, no vale nada pero consume verdades que van a quedar escondidas y lastimando eternamente.
(Inconcluso)
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