Surgió efervescentemente de entre un pecho y otro. Comenzó a crecer a pasos agigantados, mordiendo la carne y la piel, llevándose todo puesto. De golpe asomó un calor incipiente, que como una llama que crece fue enardeciendo a los sentidos. Y yo sólo era de estar ahí, acostada mirando, pensando y respirando, buscando la forma de hacer todo eso a la vez, controlando que no se me escape el último suspiro que iba a llevarte tan lejos. Crecía pero creo que no lo viste ni sentiste crecer, ¿crecería sólo en mi, tal vez? Crecía y ¡cuánta confianza te agobia! por eso digo que te vas, y que cuando te vas, yo no quiero que vuelvas. Yo no quiero que vuelvas, porque cuando volvés todo hierve de nuevo y la desmesura de esto entre vos y yo ya se pierde mi vista, de tal magnitud. Hablo como si existiera, como si fuera casi un <algo> que tiene vida y siente, como siento yo, como dejás de sentir vos (¿me creerías si te dijera que antes de poner yo, puse vos? Iluso acto fallido, como si fueras capaz de sentir vos primero...o sentir y punto). Un día abrí los ojos y ahí estabas, pero parpadeé y ya te habías ido. Fantasma, sombra, ilusión, ¿qué sos? No te veo con los ojos, no te siente mi piel, mis oídos no te oyen, te aseguro que mi boca no te sabe y ojalá pudiera olerte. Pero puedo jurar que todos mis otros sentidos están hartos de vos, que vivís todo el tiempo acá, cuidando que esto que crece siga y siga creciendo.
Cuánto brilla el sol ésta noche, tanto que me he de recostar sobre las nubes para que el viento lo tiente y consiga que saque de mí todo este calor que se generó tan de a poco y que hoy quema tan fuerte.
Y he de seguir, tal vez, tendida sobre los restos de un aroma que ya no huelo, rendida al lado de un cuerpo frío que me incinera y me hace reír llorando. Expectante, como un niño a la hora de jugar, de que eso que mis sueños contemplan mi ser también lo viva. El goce desdibujado y reconstruido sobre las ruinas de un cariño opaco y una costumbre inexacta (¿acostumbrada a qué?) será mi compañero mientras tu vaivén tan característico invada mi vida. Hasta entonces he de seguir llorando tras la puerta, rogando porque ese adiós haya sido falso, porque eso que crece entre vos y yo, efectivamente exista, porque cuando acabás de irte, vuelvas, porque digas todo lo que espero quieras decir y no te animes, porque seas todo lo que deseo que seas, pero no sos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario