Cuántas cosas ve derrumbarse con la simple concepción de una idea. Una leve sugerencia que se plantó en el borde de su oído y se fue escurriendo hasta adentrarse por su cerebro en el medio de su mente y ahí se instaló. Mordió, gruñó y luchó con capa y espada para defender su lugar. Peleó arduamente contra los deseos más intrínsecos y produjo las lágrimas más sentidas. Habría de volverse una realidad en el corto plazo mas quién podría haber imaginado la cantidad de destrozos que le implicaban al indefenso ser. Sueños, ilusiones e incluso una realidad destartalada se destruyeron con el simple contacto con aquello que había empezado como una posibilidad y ahora era una inminente verdad. No había margen de error, ya ni siquiera había vuelta posible que darle, eso planteaba y así habría de ser tarde o temprano. El hecho de que fuera tarde más que temprano sólo indicaba el nivel de ingenuidad y hasta una reconocida estupidez por parte de la persona que no podía desprenderse de su cotidianidad tan desdibujada. Ya ni le costaba reconocer que eso que vivía en el medio de sus pensamientos era lo más conveniente pero sencillamente no era lo que quería. Está más que claro que quería lo peor, y lo sabía. Por qué, no es concebible entenderlo. Pero así es, era, es.
Comienza ahora el levantamiento, el débil sacando fuerzas de donde no le quedan para alzarse contra la realidad que viene directo a aplastar. Ha de luchar en soledad para defender eso que es de varios, mas una sola persona parece querer plantarse para pedir que se quede esa mentira que tan mal acostumbrados nos tiene a todos.
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