martes

V

Extrema injuria acometida contra mi orgullo. He visto desplomarse, deseoso de dolor, a todo mi ego. Intrépidos han huido los culpables, ya hace tanto. Los rebeldes que se han reunido a despilfarrar rencor contra los escombros, sin embargo, son numerosos. Mis defensas están bajas y ya no tengo protección. Expuesta y débil me encuentro, vulnerable, profanable. En tiempos azules supe ser el ejemplo de fortaleza y valentía llevando mi suficiencia como estandarte. Mas hoy me encuentro aquí tan destrozada en lo más bajo del terreno, siendo abatida constantemente por las luchas de aquellos que se mofan de la intención que, tímida y dubitativa, ha intentando alzarse contra ellos. También he visto a los examines resurgir de entre los restos de su integridad para atentar contra la voluntad ajena; duele decir que en esta ocasión fue la mía. Cuentan que solía yo ser aquel guerrero que desplegaba todas sus fuerzas contra los inválidos y hoy, amarga ironía, heme aquí destruída. Pero no he de estremecerme de animadversión por mis contrincantes pues sé que mi entendimiento desde aquí es más claro, y que ellos, quienes con tanto coraje hoy se encaraman en la lucha, mañana sabrán surcar el suelo con sus lágrimas de angustia y decepción buscando la compañía y la comprensión de quien, como yo, resurja de entre la tierra para allanar su desarmada petulancia.

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