El cuerpo resulta una jaula imponente. Encierra sensaciones y pensamientos. Cada hueso asemeja un barrote y el interior es la celda más oscura jamás habitada. Una mente prisionera de las inseguridades de un cascarón tosco y desaliñado Sólo se consigue la paz por unos breves instantes, tras horas de vigilia y desazón. Acostumbrarse a la idea de un calvario voluntario contra la plenitud culposa se vuelve parte del día a día y así se ataca a sí misma la persona en cuestión, que espejo mediante se descubre minuto a minuto. Analiza su jaula; la toca, la siente, la recorre.
¿Cómo encontrar la libertad estando tan encerrada dentro de su propio cuerpo?
La inestabilidad y las dudas la corroen y los 'sí' tambalean tornándose en 'no'. Todo se acumula, aunque lo nieguen. Las decisiones ayer tomadas mañana teñirán el cielo de rojo y a la piel de gris, por eso aveces la valentía no se refleja en lo que hacemos si no en lo que dejamos de hacer. Diariamente te desconoces y tu reflejo ya no refleja nada que quieras ver. Encerrada de por vida, buscando amoldar esa prisión permanente a las ambiciones ajenas (y, hoy por hoy, propias)
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