¿Qué es la felicidad? Es una nube negra que se poza sobre mi cabeza y no me deja ver. Por ese mismo motivo me la paso ahuyentándola torpemente con las manos. No es para mi, ciertamente. Esclaviza a las emociones y las vuelve sumisas a algo indescifrable, por eso no la quiero en mi vida. La felicidad es mala, turba a la razón y nos desorienta. Yo me encargo dedicadamente de alejarla de mi lo más que pueda cuando se presenta (no la felicidad en sí, si no una breve y jovial alegría color amarillo fuerte). La sonrisa en el rostro ya cuenta los minutos para desvanecerse, la metodología para conseguir ese objetivo nunca falla. Tardé en descubrir que forma era la más eficiente para librarme de ese calvario pero agradezco poder decir que hoy en día tengo un método muy efectivo con poco margen de error. Hasta ahora ninguna 'felicidad' ha podido más que él. Muchos, en tanto, me han dicho que la felicidad es buena, pero bastaron sus intentos en explicarme este concepto al notar mi cara de incomprensión, ¿qué mundo es aquel en el cual la felicidad hace bien y la gente se permite disfrutarla? Los compadezco. Sonreír entumece a los cachetes, pensar en alguien abate a la mente, y no quiero ni imaginar el gasto físico que implica ser feliz todo el tiempo. Yo no me permito ser así. Estar sencillamente postrada es mucho más fácil y reconfortante.
Reconozco cierto orgullo narcisista de mi parte al demostrar la utilidad de mi método para desvanecer la felicidad, pero es que al sentir a mi corazón inflarse de emoción y jolgorio y consecuentemente desvanecerse en el olvido, la negatividad y el dolor nuevamente me es inevitable sentir un profundo afecto por este, el mismo que yo inventé y que me aplico a diario. Bendito antídoto contra lo desconocido, no he sabido más de aquellos quienes decían ser felices y temo por su destino. Se ha vuelto parte de mi día a día, ser mi propia heroína, salvándome de ser feliz.
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