Quiero caer tan profundo dentro de mi misma que mis huesos colisionen y se quiebren del golpe contra el fondo. Quiero estar en aquel lugar de mi que necesito alcanzar para dejar de quererte y empezar a quererme, para que entonces vos me quieras y el ciclo se repita. Porque solo habrás de quererme en esa breve transición, cuando a vos ya no te quiero y aún tampoco a mi. Ha de ser un arduo proceso por unos pocos instantes de aprehensión, pero la mente ya no distingue qué vale la pena y qué no, por eso anhelo así que ocurra. Caerme, para que me notes en el piso y poder rechazarte cuando te acerques a ayudarme, mientras me desempolvo las rodillas y consigo darme cuenta de que pude ponerme en pie sola. No le temo al dolor de chocar contra la superficie firme al final de la caída, porque sé que es el precio que tengo que pagar por eso que necesito conseguir antes de darme a mi misma todo el cariño que desperdicio en los demás. Yo te quiero, vos te querés. Yo no me quiero, vos no me querés. Algo tiene que cambiar.
¿Hasta dónde tengo que llegar para que se dé ese punto de inflexión insosteniblemente necesario?
¿Hasta dónde llegaré?
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