Querido Diario:
Me están volviendo los síntomas, como los de hace un tiempo, ¿te acordás?
Como ya sin hambre, se me cansa la mandíbula de tanto masticar, sonrío ya sin ganas, una débil mueca se esfuma por el horizonte de mi boca, escribo sin motivación, mis brazos prefieren la rigidez antes que el movimiento sobre el teclado. Mis ojos, que antes tanto gustaban de pasearse activamente, ahora no ven la hora de cerrarse, los agota el parpadeo y les pesan las ojeras por no dormir. Observo marcas traslúcidas al sol envejecer hasta desaparecer, reaparecer, y desaparecer de vuelta. Me refugio en lo conocido, aunque paradojicamente sea lo que más me lastime. Mal gasto tiempo que podría pasar encerrado saliendo, porque encerrado pasaría tiempo conmigo pero soy mi peor compañía y no me soporto. Pero tampoco los soporto. Todo me lastima, mi piel es de papel y se resquebraja, mis ojos son transparentes y arden con el día, mis huesos son de vidrio y se van rompiendo de a uno. Soy tan vulnerable, estoy tan expuesto. Me abro y me cierro como una flor, como una de esas que se abren y se cierran, no sé, se entiende. Me adjudican calificativos que no me corresponden, me quedan gigantes, me asustan, y se olvidan de lo que sí soy, me pregunto si se habrán dado cuenta.
¿Qué tengo en la cabeza? Siento como mil arañas entretejiendo constantemente una por sobre la otra. Necesito abrirme el cráneo con algo y matarlas a todas, no me importa si me quedo vacío, es preferible.
¿Qué tengo en la cabeza? Siento como mil arañas entretejiendo constantemente una por sobre la otra. Necesito abrirme el cráneo con algo y matarlas a todas, no me importa si me quedo vacío, es preferible.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario