jueves

(C)Analizando


Alguna vez habrán sentido una fuerte presión en el pecho. Como si tuvieras un ladrillo de 200 kilos oprimiéndote las clavículas y el tórax. Se te imposibilita respirar hondo sin que se te mojen los ojos. Exactamente así se siente la angustia. Puede ser acompañada también por un leve temblequeo que surge desde las muñecas hasta las extremidades de los dedos. El cuerpo baja varios grados la temperatura para acompañar al ánimo. Los ojos inquietos que miran sin ver.
 Otras veces tal vez sintieron brotar del interior de la garganta algo que se sentía como un fervoroso humo. Quizás no se detuvieron a analizarlo, pero surge en el estómago. Luego sube lentamente por el esófago. Finalmente, pasando primero por la faringe, lo sentimos en la boca desbaratando todo. Eso es el odio. Se acelera, junto con este sentimiento, la circulación de sangre y un poco también la respiración -en condiciones normales. Nos sentimos incómodos en todos lados. Queremos estar solos, pero sufrimos la soledad.
 El rencor, por su parte, surge mucho más paulatinamente. Es como un virus que se instaura en el sistema linfático y nos va recorriendo poco a poco, hasta llegar a cada extremo del ser y corrompernos por completo. Tendremos, durante la permanencia de este virus, múltiples golpes de euforia no necesariamente positivos para aquellos que nos rodean ya que probablemente se manifiesten de forma violenta.
 También está la ansiedad, la cual es mucho más identificable. Genera una hiperactividad efervescente que se transmite hasta los dedos de los pies, pasando por cada extremidad del cuerpo produciendo un típico bailoteo arrítmico en las mismas. La sangre se siente color amarillo intenso y en los oídos se escucha un permanente zumbido casi imperceptible ante el oyente inexperto.
 La felicidad -la felicidad de verdad, no esa humilde alegría que trata de inculcarnos un bienestar sin fundamentos aparentes- se caracteriza con unas cosquillas en cada rincón del cuerpo. Estas surgen desde el interior de cada órgano pero se sienten más intensamente en el vientre. Moviliza a los brazos, las piernas y los cachetes. Las cuerdas vocales también se predisponen a resonar lo más frecuentemente que puedan. El corazón rebosa de sangre y latidos y el cerebro se siente despierto y espléndido.
 Cuánto diagnóstico para algo tan cotidiano como sentir, ¿no?

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