miércoles

Ensimismada


Abre las puertas, finalmente, dejando entrar a todo aquél que tanto asilo reclamó. Y se encuentra con un vacío absoluto; de repente todos los que insistían ya no están. Desconcertada, espera -'quizás sea cuestión de tiempo'. Y espera, con las puertas abiertas y el ambiente llenándose del aire frío de la calle. Se siente desprotegida, y lo está. Las puertas abiertas y la vulnerabilidad expuesta. Comienza a sentir temor, pero no quiere volver al hermetismo que tanto la caracterizó, y que tanto le criticaron. Entonces sigue esperando, ansiosa. No comprende lo absurdo que suena que cuando por fin cedió y permitió la entrada, aquellos que se oían tan expectantes por pasar se esfumaron.

Extraños entes se le acercan, repentinamente. La circundan a ella y a sus puertas. Parecen danzar ante aquella que se yergue cada vez más débilmente, la desprotección no es para cualquiera.

Cercanía, movimientos tribales, temor, debilidad.

Toda intención de conformar a los demás se ve opacada por un miedo arrasante. Las paredes se impregnan de esos inmiscuidos que la atemorizan con infamia. Se hace pequeña a medida que ellos crecen. Las puertas siguen abiertas de par en par y a través de ella no dejan de ingresar más y más seres, acompañados por el frío. Se consuela pensando que alguien no tardará en llegar a su rescate, pues sigue sosteniendo que todos aquellos que tan pendientes estaban de la abertura, no podrán andar muy lejos (¿no?-ingenua, crédula.

Pero, tarde que temprano, el avance se hace incontenible, y ella, que ya está reducida en una minúscula bola en la más remota esquina de la casa, se deja ganar, lamentándose el haber hecho caso a las súplicas, y prometiéndose que, de salir de esa, nunca más dejará entrar a nadie. 

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